Cómo lograr un buen descanso

No tomes ligeramente el descanso nocturno

Chuck tenía problemas para tomar decisiones. Además, era impaciente, negativo y se enfadaba por todo. En el trabajo le costaba concentrarse y en su nada parecía producirle felicidad.

—¿Qué me sucede?— me preguntó.

—Dime cómo duermes— le dije.

—No necesito dormir mucho —dijo Chuck—. Me quedo levantado hasta las dos y casi siempre me quedo dormido en el sofá. Luego, me levanto a eso de las 5 de la mañana. Al principio me siento un poco atontado, pero luego de tomar tres o cuatro tazas de café ya estoy listo para partir.

—Creo que tu problema es la falta de sueño— comenté.

—Pero dormir me parece una pérdida de tiempo —me dijo—. Tengo tanto por hacer que no puedo dormir más que eso.

—Si sigues así, empeorarán tus síntomas.

Chuck no me tomó en serio, pero su esposa sí. Insistió en que se fuera solo a la playa durante un fin de semana largo y aprovechara para dormir bien. Esa noche se acostó a las 19 y no se despertó hasta las 13 de la tarde del siguiente día. Se levantó, comió, caminó por la playa y se volvió a acostar a las 16. A la mañana siguiente, se levantó a las 8 sintiéndose una nueva persona. Estaba con más energía, se sentía más positivo y animado de lo que lo estuvo en los último años. Al regresar a su casa, muchos de sus síntomas habían desaparecido.

El sueño profundo oculta un poder increíble. Es más, no podes funcionar de manera adecuada ni recuperarte de las heridas si no duermes bien. Cuando experimentamos desafíos estresantes, nuestro cuerpo exige más horas de sueño. Si nos sentimos abatidos, golpeados o quebrantados en algún sentido, el sueño es un componente importante para la recuperación. Gran parte de nuestra sanidad física y emocional se favorece con una buena noche de sueño. Sin eso, continuarán los problemas.

En esta sociedad donde te respetan y recompensan por lo que produces, puede resultar demasiado tentador quedarse hasta tarde para terminar una tarea y luego levantarse temprano para empezar bien el día. El problema es que terminarás pagando las consecuencias de esa decisión, sintiéndote estresado y fatigado.

Nuestro estilo de vida acelerado, que promueve que hagas más y estés ocupado las veinticuatro horas del día, parece considerar el sueño como optativo. Nada más alejado de la verdad. La gente suele alardear de su capacidad para funcionar con unas pocas horas de sueño, pero si te has convencido de que puedes andar bien con solo cuatro o cinco horas de sueño nocturno (y a veces menos), reconsidéralo. La investigación demuestra que las personas que duermen menos de lo necesario son más propensas a padecer depresión y problemas de salud, incluso diabetes. Es más probable que pierdan el control emocional y sean mucho más propensas a padecer accidentes. El sueño es una de las principales maneras en que se renuevan el cuerpo y la mente. Un sueño profundo fortalece nuestra actitud, reduce la confusión emocional y nos faculta para que manejemos el estrés de la vida.

Tu cuerpo y tu mente solo pueden funcionar un tiempo sin el necesario sueño reparador. ¿Cómo puedes asegurarte que duermes lo suficiente? Tus respuestas a los siguientes interrogantes pueden ayudarte a que te orientes en la dirección adecuada y pueden protegerte del agotamiento, el estrés y la fatiga.

¿Cuánto?

El sueño es una de tus necesidades físicas diarias más importantes. Más importante que la comida o la actividad física. El alimento es vital, pero puedes sobrevivir sin comida entre treinta y cincuenta días. El ejercicio físico también es valioso, pero las personas pueden vivir muchos años sin hacer demasiado. No obstante, si pasas más de treinta y seis horas sin dormir, perderás tu concentración y te volverás inestable en lo emocional.

El sueño fortalece tu cuerpo, calma tu ansiedad, renueva tu actitud y aumenta tu creatividad. Acomodar tu agenda para poder dormir al menos siete horas cada noche es una de las mejores maneras de combatir el cansancio y la fatiga. No puedes soportar hacer trampas con el sueño. No dormir lo suficiente te producirá más daño del que piensas. Te mereces el descanso. Y lo que es más importante, no puedes funcionar sin él.

No te diseñaron para funcionar durante largos períodos sin descansar. Si tus actividades te impiden que duermas lo necesario, reconsidera lo que has incorporado a tus días. Quizá sea el momento de que establezcas tus prioridades y taches varias cosas de tu lista de tareas pendientes. Si la falta de sueño se vuelve crónica, tu cuerpo y tu espíritu pagarán el precio. Y la ironía es que cuando te “pierdes” alguna actividad por dedicar el tiempo a dormir bien una noche, casi siempre podrás ocuparte de ello otro día, como algo extra en tu agenda, gracias a que has mejorado tu eficiencia y concentración.

¿Cómo?

Si has pasado una noche dando vueltas en la cama o despertándote cada pocas horas, te habrás dado cuenta de que la pregunta de cuán bien duermes es tan importante como cuánto tiempo duermes. Cuando no te levantas como nuevo, muchas veces se debe a ruidos molestos, incomodidad física, cuestiones médicas o preocupaciones.

Cualquier que sea el problema, si te despiertas en medio de la noche y no puedes volver a dormirte en menos de quince minutos, tiene que hacerlo algo. Mientras más tiempo permanezcas despierto, más probable es que te sientas frustrado y esto puede dificultar más todavía que vuelvas a dormirte. Muchas personas han descubierto que las siguientes estrategias les resultan de utilidad cuando se despiertan en medio de la noche:

-Sal de la cama, pero mantén las luces tenues (las luces fuertes tienden a estimular el desvelo).

-Toma una taza de té descafeinado, agua caliente con limón o leche tibia.

-Lee un libro que te relaje o un pasaje de La Biblia que sea tranquilizador.

-Si los problemas y las preocupaciones son los que te mantienen despiertos, anótalos en un diario.

-Ora por amigos o miembros de la familia que te venga a la mente.

-Luego de quince minutos, regresa a la cama.

Antes de irte a dormir o cuando despiertes en medio de la noche, la oración puede ayudarte a calmar tu espíritu y relajar tu cuerpo. Hay algo tranquilizador y reconfortante en el conocimiento de que Dios comprende cada una de tus luchas y desafíos. Si recuerdas que Él tiene el control de todo, en verdad podrás dejar atrás eso, y como dice Salomón: Al acostarte, no tendrás temor alguno; te acostarás y dormirás tranquilo” (Proverbios 3:24).

Por Dr. Steve Stephens
Tomado del libro: El guerrero herido
Unilit

El Guerrero Herido

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