La lección de las jirafas

Rendirse no debe ser una opción posible

El nacimiento de una jirafa es un acontecimiento singular. Al nacer, la jirafa cae a unos tres metros del vientre de su madre y por lo general cae de espalda. En unos segundos, se da vuelta y coloca las patas debajo del cuerpo. De esta posición se ve al mundo por primera vez y se sacude los últimos vestigios de fluido amniótico de los ojos y las orejas. A continuación la mamá jirafa con rudeza presenta a su hijo a la realidad de la vida.

En su libro titulado A viewfrom de zoo [Una mirada desde el zoológico], Gary Richmond describe cómo una jirafa recién nacida aprende su primera lección.

La mamá jirafa baja la cabeza lo suficiente como para dar una rápida mirada. A continuación se coloca directamente sobre su hijo. Espera cerca de un minuto y luego hace la cosa más irracional: mueve su larga pata como si fuera un péndulo y patea a su bebé, haciéndolo caer de cabeza hacia delante.

Si la jirafa no se levanta, el violento proceso es repetido una y otra vez. La lucha por levantarse es trascendental. A medida que la jirafa se cansa, la madre la patea de nuevo para estimularla a que continúe esforzándose. Finalmente, la jirafa se levanta apoyada en sus temblorosas patas.

Luego, la mamá jirafa hace algo notable. Patea al recién nacido otra vez, y este cae. ¿Por qué? Ella quiere que él recuerde cómo se levantó. En la selva, las jirafas pequeñas deben poder levantarse lo más rápidamente posible para permanecer con el rebaño, donde hay seguridad. A los leones, las hienas, los leopardos y los perros de caza les gustan mucho las jirafas jóvenes (y que están solas); si la madre no le enseñara a su hijo a levantarse con rapidez y a moverse, sería una fácil presa.

Hay una característica común que se ve en las vidas de las personas excepcionales. Reciben golpes, caen, son insultadas y durante años no llegan a ningún lado. Pero cada vez que caen, se levantan. Es imposible destruir a esas personas. “El mundo siempre le dará una oportunidad para desistir, pero solo el mundo diría que desistir es una oportunidad”, afirmó Clint Brown.

Como autor, tengo el privilegio de autografiar muchos libros. Me gusta escribir palabras de aliento en cada uno antes de firmar mi nombre. Una de las cosas que escribo con más frecuencia es: ¡Nunca desista! Esta simple declaración es uno de los principios del éxito más poderosos que jamás hayan sido predicados.

Joel Budd observó: “No es el final de un asunto hasta que usted no acepta que lo es”. Richard Nixon comentó: “Un hombre no está acabado cuando es derrotado. Está acabado cuando desiste”.

Nada ni nadie puede derrotarlo a menos que usted decida no levantarse otra vez. H. E. Jansen dijo: “Al hombre que gana, tal vez el árbitro le contó varias veces, pero él no lo escuchó”. Encuentre la forma de hacer una cosa, no la de no hacerla.

El hombre perezoso siempre es juzgado por lo que no hace. La elección de desistir o de continuar adelante es un momento que define su vida. No es posible hacer correr el reloj hacia atrás. Pero usted puede darle cuerda de nuevo.

Hace unos dos años tuve el privilegio de conocer a Peter Lowe, el fundador de la exitosa organización que da seminarios para enseñar a tener éxito llamada SuccessSeminars[Seminarios exitosos]. Mientras hablábamos, él comentó: “La característica más común que he encontrado en las personas que tienen éxito es que han conquistado la tentación de desistir, de abandonar”. Una de las mejores formas de tratar de hacer lo mejor posible es levantarse cuando lo derriban.

En tiempos difíciles, no deje de hacer cosas difíciles. En lugar de detenerse, siga este proverbio inglés: “No caiga antes que lo empujen”. Margaret Thatcher entendió el principio de la persistencia: “Para ganar la batalla, tal vez la tenga que pelear más de una vez”.

David Zucker añadió: “Desista ahora y nunca va a allegar a ningún lado. Si usted rechaza este consejo yaestá a mitad de camino”.

“¡No puedo!”, es la conclusión a que llegan los necios. Escuche las palabras de Clare Booth Luce: “No hay situaciones sin esperanza; solamente hay personas que sienten desesperanza en cuanto a ellas”.

El almirante Chester Nimitz oró: “Señor, concédeme el valor para no abandonar lo que considero justo aun cuando piense que no hay esperanza de lograrlo”. La tragedia más grande es desistir. El famoso boxeador Archie Moore observó: “Si no salgo del piso, voy a perder la pelea”.

La elección es simple: usted puede ponerse de pie y ser contado o puede continuar sobre el piso y ser no contado. La derrota solo llega a las personas cuando la admiten. Su éxito va a ser medido por su disposición de seguir tratando. Cualquiera puede abandonar. Tenga el valor de vivir.

Por John Mason
Tomado del libro: La imitación es limitación
Grupo Nelson

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