Recuperemos la honra

Exaltemos la honra así como nuestro Rey nos manda

Mi familia materna es de ascendencia española, y pasé mucho tiempo con ellos es mis años de crecimiento. La honra era una parte integral de nuestra cultura. Mi abuelo y mi abuela eran los miembros más ancianos de la familia. Eran las personas más respetadas en cualquier reunión que los incluía, y los mejores asientos de la casa estaban siempre reservados para ellos. Si uno de los niños se sentaba en una de esas sillas, el resto dela familia simplemente lo miraba como diciendo: “¡No puedes ser tan maleducado!”.Permitíamos que se les sirva primero a los ancianos y siempre les hablábamos con respeto, ya sea estuviéramos de acuerdo con ellos o no.También siempre les abríamos la puerta a las mujeres y les dábamos nuestros asientos. No puedo recordar que alguien alguna vez me haya dicho que honre a la gente, pero nací en una cultura que modeló eso.

La honra es una virtud perdida en nuestra nación. Entendí esta realidaden un retiro de Ministerio Sobrenatural de la Escuela Betel. Había aproximadamenteciento veinte estudiantes presentes ese fin de semana. Algunosvinieron a mi mesa tarde en la noche y comenzaron a hacerme preguntas.En pocos minutos, alrededor de treinta estudiantes estaban amontonadosalrededor de la mesa, mientras les contaba “historias de guerra”. Todos intentabanparticipar en una conversación muy ruidosa. Un joven estaba sentadoen el banco junto a mí. Posteriormente en la conversación, llegó unamujer de mediana edad. No habiendo encontrado asiento, se paró detrás demí, así podía escuchar la conversación.

Le dije al joven que estaba sentado a mi lado:

Por favor, ponte de pie y deja que Julia se siente acá.

Él contestó bruscamente:

¡Yo estuve acá primero!

Le dije:

Ella es mujer. Quiero que le des tu asiento.

La tensión se elevó por un momento, pero finalmente él se levantó y le dio su asiento. Este joven era uno de nuestros mejores estudiantes y tiene un gran corazón,pero se le enseñó lo siguiente: “Si quieres un buen asiento, ¡necesitas estar ahí temprano!”. Fue criado con un paradigma que valoraba el preocuparse por sí mismo en vez de honrar a los demás. Pensar en honrar a alguien por encima de sí mismo no había entrado en su ecuación. Él no captaba lo que le estaba diciendo.

Ese joven no está solo. La honra ha sido casi completamente quitadade nuestra cultura. Es posible que muchos de ustedes que lean esto luchen por la misma razón que el joven no quiso ceder suasiento. Toda la idea de que algunas personas merecen más honra que otrasparece injusta. Sin embargo, el modo de pensar del Reino es completamentediferente a eso. Es difícil leer La Biblia sin ser expuesto a una cultura desumisión con niveles de honra y autoridad.

La honra expresa valor en el prójimo

La honra es uno de los atributos más grandes de la nobleza en toda La Biblia. Cuando el Reino está presente en nuestro interior, el comportamientohonorable se manifiesta en nosotros naturalmente. Damos honraa todos los hombres no simplemente porque se la merecen, sino porquetambién nosotros somos ciudadanos honorables del Rey. Cuando caminamosen nuestro llamado real, nuestro comportamiento no está determinadopor nuestro entorno temporal, sino por el entorno eterno que seencuentra en nuestro interior.

Cuando tratamos a la gente honorablemente, incluso si se niega ahonrarnos, demostramos que tenemos un criterio dentro de nosotros queno está determinado por quienes nos rodean. No honramos simplementea la gente porque es honorable; honramos a la gente porque nosotros somoshonorables. Para el cristiano, la honra es una condición del corazón,no solamente el producto de un buen entorno. La honra no significa queestamos de acuerdo con la gente que honramos; simplemente significaque la valoramos como personas que han sido creadas a la imagen y semejanzade Dios.¡Incluso, deberíamos pelear con nuestro enemigo de un modo honorable!

Podemos ver este principio en el libro de Judas:“Ni siquiera el arcángel Miguel, cuando argumentaba con el diablo disputándoleel cuerpo de Moisés, se atrevió a pronunciar contra él un juiciode maldición, sino que dijo: ‘¡Que el Señor te reprenda!’. Éstos, encambio, maldicen todo lo que no entienden; y como animales irracionales,lo que entienden por instinto es precisamente lo que los corrompe”(Judas 9-10).

Si alguien merece la deshonra, ese es el diablo. Pero Miguel no trató asu enemigo principal con falta de respeto cuando peleó con él. Este principiomodela cómo deberíamos tratar a nuestros enemigos, ya sean físicos o espirituales. Queremos tratar a nuestros enemigos con honra noporque ellos la merecen, sino porque nosotros la merecemos. Esto es lo quequiere decir ser gente honorable.

Cambiar el corazón

En vez de cambiar el sistema, Jesús nos enseñó a cambiar nuestro corazón.En una cena donde la gente peleaba por sus asientos de honra, Él hizo uncontraste marcado entre el corazón de la gente y un corazón de honra yhumildad que refleja a Dios.

La honra es la humildad en acción. Es una cuestión del corazón y requiereuna evaluación honesta del valor de otras personas y una elecciónde centrarnos en eso por encima de nosotros mismos. Como señaló unamigo mío: “La arrogancia no es pensar demasiado de nosotros mismos,sino pensar muy poco de los demás”. Si queremos la gracia que Dios daa los humildes, debemos poner la sabiduría de Dios en práctica. “Si algunoquiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”(Marcos 9:35).

Este principio es fundamental en el Reino de Dios. Dios es un Dios dehonra, y el único modo en que opera la honra es si hay niveles de honra.Nos permite honrar a los demás por encima de nosotros mismos, y al hacerlo,le permitimos a Dios que nos honre. Jesús desea que tengamos honra,por eso, nos enseña a cómo humillarnos y mostrar honra a los demás.

Por Kris Vallotton & Bill Johnson
Tomado del libro: De mendigo a príncipe
Peniel

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