¿Por qué abandono las cosas tan fácilmente?

Mujeres que no tiran la toalla así nomás

¿Por qué abandono las cosas tan fácilmente?

 Quizá sea una pregunta que te haces demasiado a menudo. Es hora de cambiar y permanecer firme hasta la meta.

Sé que vivimos en un mundo que predica que debemos seguir nuestra intuición, nuestro instinto y especialmente nuestros sentimientos. Pero, pareciera que muchas de nosotras nunca estamos totalmente comprometidas. Es como si tuviéramos un pie adentro y otro afuera de los compromisos; y si mezclamos nuestra fórmula para renunciar con los sentimientos de incertidumbre, terminaremos abandonando esos compromisos.

De alguna manera, debemos aprender a sobrellevar las cosas a pesar de nuestros sentimientos; y es que los sentimientos momentáneos intentarán siempre convencernos de abandonar nuestra fidelidad.

¿Siente usted que ha perdido el amor a sus compromisos? Yo también. Es menester que decidamos que el compromiso no tiene nada que ver con nuestros sentimientos.

Me ha tomado tiempo entender a la ogra incumplidora que vive dentro de mí. ¿Por qué ella renuncia tan fácilmente? ¿Cuáles son los motivos que la llevan a desistir? ¿Cuáles han sido sus patrones de abandono? ¿En qué momento sus sentimientos la desvían del camino?

Permítase luchar con estas preguntas. El cambio es posible, pero se facilita cuando ponemos nuestros sentimientos a prueba.

Dejemos de culparnos

Yo solía culpar por mis patrones de derrota a aquellos que me decían que no podía lograr nada. Si sentía el menor matiz de incredulidad en alguien cuando compartía una esperanza, un sueño o un plan, simplemente renunciaba.

También sentía el impulso de renunciar cada vez que alguien podía hace algo mejor que yo, y muy adentro de mí, culpaba a esa persona por mi renuncia. En resumen, tenía pensamientos extraños, ¿no es así? Mis sentimientos muchas veces me alejaban de mis compromisos.

Pero algo cambió en mí cuando acepté el hecho de que la culpa de mis derrotas la tenían mis pensamientos y mis reacciones. Por lo general, lo que otros dicen o hacen no hace que fracasemos, sino en todo caso lo que hacemos y decimos nosotros mismos. Yo permití durante mucho tiempo que mis compromisos y mis decisiones estuvieran impulsadas por lo que sentía.

La ogra incumplidora que hay en mí me había convencido de hacer las cosas según cómo me sintiera.

Cuando sientas que algo es difícil, renuncia.

Cuando sientas que no entienden bien algo, renuncia.

Cuando sientas que las cosas no van como esperas, renuncia.

Cuando sientas que algo no va a salir bien, renuncia.

En cada una de nosotras hay una ogra incumplidora. Hoy puede estar dormida, pero con un poco de presión, sin duda saldrá a relucir. Las emociones, las circunstancias y los sentimientos siempre intentarán dictaminar nuestro nivel de compromiso con las tareas que tenemos por delante.

También he visto que muchas ogras incumplidoras tienen heridas profundas producto de fracasos pasados. Han intentado y fracasado repetidamente. Toda ogra incumplidora oye una voz de duda que siempre está compitiendo con la voz de la verdad. Y siempre siente que algo trata de desviarla de su camino.

Podemos dejar a un lado a la ogra incumplidora y comenzar a restaurar lo que ella nos ha arrebatado.

Uno de mis versículos favoritos de la Biblia es Joel 2:25: Yo les compensaré a ustedes por los años en que todo lo devoró ese granejército de langostas que envié contra ustedes: las grandes, las pequeñas, las larvas y las orugas”.

Esta promesa de restauración para el pueblo arrepentido apunta a la gracia de Dios, que es la misma ayer, hoy y siempre. Nunca es demasiado tarde para que Dios cambie y restaure aquello en nosotras que afecta a quienes nos rodean, independientemente de lo difícil que parezca.

Tenemos un enemigo cuyo objetivo es matar, robar y destruir. Satanás sería feliz si desistiéramos y nos hiciera creer que nunca llegaremos a ser como esperamos. Él puede ser el que coloca en nosotras el deseo de renunciar, pero nosotras contribuimos a ellos cuando permitimos que nuestros sentimientos controlen nuestras acciones.

Es de admirar la mujer que sigue adelante con sus compromisos a pesar de sus sentimientos.

Hay fuerza, honra y gloria de lo alto reservadas para quien permanece firme.

Ella solo está molesta

Noemí no parecía tener ninguna esperanza en el futuro. La mujer estaba harta. Digo, para haber decidido cambiarse el nombre a “amarga”, era porque estaba bien molesta.

Noemí y Rut finalmente llegan a Belén, y todos están emocionados de ver a Noemí. Pero lo primero que ella les dice es que la llamen mara, que significa amarga (Rut 1:20-21).

No es mi intención minimizar lo que le sucedió a Noemí. Aunque personalmente nunca he pasado por algo así, conozco a mujer que han perdido a sus hijos y esposos, y sé lo que terrible que es. Pero de ahí a cambiarse el nombre…

Es muy fácil sentarse detrás de la computadora y escribir: “Todos deberíamos ser como Rut, y estar llenas de esperanza”. Pero mi temor es este: creo que si yo pasada por una situación así, finalmente reaccionaría como Noemí y no como Rut.

La amargura tiene el poder de hacernos pensar que como la vida no salió como esperábamos, ya no tenemos esperanza de una buena vida futura. Y si vivimos con amargura, definitivamente no tendremos deseos de continuar con nuestros compromisos.

¿Imagina lo que esto significó para Rut? Ella había hecho un largo viaje con una mujer deprimida. Luego llegan a esta ciudad, y las primeras palabras que salen de la boca de Noemí están llenas de desesperación y amargura. Me sorprende que Rut haya continuado con su compromiso, pues esto a mí me habría hecho querer abandonarlo.

De alguna manera, la perspectiva de Rut estaba por encima de sus sentimientos. Ella también estaba herida, también lo había perdido todo. Pero no permitía que sus sentimientos modificaran su compromiso.

La incumplidora amargada

La amargura reprimida hace salir a la ogra incumplidora más rápido que cualquier otro de los síntomas de la renuncia, porque tiene un desbordamiento de efectos. Hice algunas investigaciones sobre los efectos que la amargura puede tener en nuestro organismo, especialmente en nuestros sentimientos, y descubrí que la amargura reprimida puede hacernos sentir físicamente enfermos.

De hecho, hay un término científico para la amargura reprimida: trastorno postraumático por amargura (TPTA). Quienes lo sufren experimentan síntomas de ansiedad, depresión y rabia. Incluso, he oído que también se puede ver afectado u sistema inmunológico y la función de sus órganos.

Esto es serio. Puede ser la razón por la que Dios no dejó este consejo en Efesios 4:26: “Si se enojan, no pequen». No permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol”.

Muchas veces, nuestras emociones nos hacen creer que nuestra única opción es la amargura o la renuncia. Desafortunadamente, estas opciones no nos animan a seguir adelante.

Tal vez Noemí quería asegurarse de que todos supieran lo que había pasado y lo horrible que había sido. Y de verdad fue horrible en extremo, espantoso. ¿Pero iba a permitir que la amargura le arruinara la vida para siempre?

¿Qué es lo que le hace sentir tan amargada y la lleva a renunciar? No permita que la amargura dañe este proceso de su vida. Pídale al Señor que lo haga relucir en este momento, ahora mismo.

No sé exactamente lo que le ocurrió a usted, pero hay un Dios en el cielo que todo lo ve. Él sabe lo injusta que la vida ha sido, lo mal que esa persona le hizo sentir, y lo mal que usted se siente por su situación.

Y ya que Dios lo ha visto todo, Él honra el proceso de ayudarnos a soltar nuestra amargura. Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo” (Efesios 4:31-32).

La vida nos ha hecho muchas jugadas injustas, y cuando sentimos que hemos sido tratadas injustamente, las raíces de la amargura se propagan. Tal vez no tengamos TPTA, pero si hay un aguijón en el alma, existe la probabilidad de que crezca en nosotras la amargura.

Si queremos ser mujeres que siguen adelante a pesar de sus sentimientos, debemos entregarle estos lugares frágiles de nuestro ser a Dios. Él sabe. Él oye. Él ve. El desea acompañarnos mientras esos lugares, experiencias o personas están presentes, para que podamos sanar. El proceso de no permitir que la amargura entre y nos arruine la vida será distinto en cada una de nosotras.

Algunas quizá necesitaremos conversar con alguien para darle un cierre a algún conflicto. Tal vez necesitamos disculparnos por algo que hemos hecho. Debemos dejar de recrear y analizar en nuestra mente lo ocurrido.

Según la Clínica Mayo, soltar la amargura puede conducirnos a:

  • Tener relaciones más sanas.
  • Un mayor bienestar psicológico.
  • Menos ansiedad, estrés y hostilidad.
  • Presión sanguínea baja.
  • Disminución de los síntomas de depresión.
  • Un sistema inmunológico más fuerte.
  • Una mejor salud cardiovascular.
  • Una mayor autoestima.

Todo esto sin duda nos ayudará a sentirnos mejor. ¡Me encanta cuando la medicina moderna demuestra lo que nos dicen las Escrituras!
En este punto, Rut y Noemí tenían una perspectiva diferente de su historia. Sus sentimientos las llevaron a diferentes procesos. Y aunque la amarga Noemí no puedo verlo, Rut estaba en busca de un tesoro en medio de la prueba.

No puedo

Si queremos convertirnos en mujeres que mantienen sus compromisos a pesar de los sentimientos, tendremos que eliminar dos palabras de nuestro vocabulario: “No puedo”. En el momento en que estas dos palabras salen de nuestra lengua, la derrota se hace presente. Cuando decimos estas dos palabras, lo que realmente estamos diciendo es que no nos sentimos capaces de hacerlo.

Entramos en territorio nuevo. No es común encontrar personas que recorren todo el camino a pesar de cómo se sienten. Podríamos incluso sentirnos extrañas cuando nuestros sentimientos cambien y en vez de inducirnos a renunciar, nos insten a quedarnos. Así que sigamos adelante y desechemos todos estos “no puedo”.

Perdemos mucho tiempo convenciéndonos de lo que no podemos hacer. Pero la Palabra de Dios invierte mucho tiempo para decirnos que (con Él) no solo podemos hacer muchas cosas, sino todas las cosas.

¿De qué la han convencido sus sentimientos que no puede hacer?

Ni una sola vez vemos a Rut con una excusa o con un “no puedo”. Ella sabía que debía permanecer firme, aunque no conocía el final de su historia.

Por Nicki Koziarz
Tomado del libro: 5 hábitos de las mujeres que no se rinden
Casa Creación

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