Nuestra relación con la política

¿Cuál debe ser la postura de la Iglesia en relación a la política? ¿Deben las iglesias involucrarse en la política? ¿Debe haber partidos netamente cristianos? Y si los hay, ¿deberá haber partidos netamente ateos? ¿Deben las iglesias promover candidatos o partidos?

Jesús vivió en un mundo complicado, político hasta la médula. Israel estaba dominado políticamente por el imperio romano. Cuando Jesús nació, el rey Herodes controlaba la escena política, los hebreos eran maltratados por los romanos y tenían que pagar impuestos a Roma.

Había otro imperio que en parte también influía sobre Israel a través de su cultura y lenguaje, el griego.

No hay evidencia de que Jesús se haya involucrado en la política, creo que hay más evidencia sobre que se mantuvo al margen de ella, pero no hay duda de que su vida y su mensaje tienen implicaciones políticas y sociales muy fuertes.

Nosotros, de la misma manera, vivimos en un mundo candentemente político.

Hoy más que nunca, con la explosión de las redes sociales y el acceso a la información, la política se ha convertido en el pan de cada día.

Ahora todos somos expertos en el tema.

La gente lincha cibernéticamente a presidentes, gobernadores, alcaldes y cualquier otra persona que incursiona en el mundo de la política y no hace las cosas correctamente, o de acuerdo a sus expectativas.

A la vez vivimos tiempos confusos, contradictorios.

El enfoque de Jesús era Dios, su relación con Él, el amor de Dios por Israel y por el mundo entero.

Seguramente, más que a ningún político de antes o de ahora, a Jesús le interesaba la gente, su forma de vivir y la necesidad de un cambio, pero entendía que ese cambio solo puede darse abrazando los principios del Reino de Dios. Jamás se le hubiera ocurrido legislar ese Reino.

Eso ya había sucedido a través de la ley de Moisés, pero no funcionó. El enfoque de Jesús es distinto.

La mejor manera de influir en el mundo y la política, si vemos a Jesús como ejemplo, es realzando la condición humana, algo que los religiosos se olvidaban de hacer.

Jesús se pronunció en contra de la hipocresía y la ignorancia de aquellos que se auto referenciaban como modelos de piedad, mientras violaban los requerimientos centrales de la ley; como no olvidarse de las viudas, los extranjeros y los huérfanos.

Hoy como ayer, hay mucho interés por legislar moralidad, pero poco interés en demostrarla con el ejemplo.

El acto político más poderoso que podemos llevar a cabo será uno de acciones concretas que reflejen a Jesús, esto provocará más impacto que cualquier protesta.

Jesús parecía no tener en su agenda el reformar el mundo de arriba hacia abajo, como se hace en la política.

Más bien, se enfocaba en la raíz, en el pueblo, en la gente común, pescadores, personas del vulgo.

Siguiendo a Jesús como ejemplo, el cristianismo no debería identificarse con una ideología o partido político.

Si Jesús caminara entre nosotros hoy, no podría estar de acuerdo en subordinar el cristianismo al partidismo. Él no tomó el lado de ningún partido.

La historia nos ha enseñado que la política pervierte el cristianismo y viceversa.

Cuando la Iglesia se vuelve a la política, la gracia, la reconciliación y el perdón, se pierden, convirtiendo la fe en amargura, pleitos y división. Hay temas que dejaron de ser sagrados y se convirtieron en armas políticas.

Eso se nota de manera muy obvia en muchos países, donde los cristianos marchan a favor de la vida y en contra del aborto, en contra de los homosexuales y el matrimonio gay; pero se olvidan de la vida de todos los días, del amor al prójimo en la cotidianidad. Así de manera indirecta o directa promueven las guerras, fomentan el racismo y provocan más y más la marginación de los menos afortunados. ¿No es esta una contradicción?

Si el diablo fuera candidato y dijera que está en contra del aborto y el matrimonio gay, muchos evangélicos votarían por él.

Si los creyentes representáramos mejor a nuestro Maestro en un mundo caído, tal vez muchos de los problemas que tenemos desaparecerían.

  1. S. Lewis dijo: “Apunta al cielo y recibirás la tierra por defecto, apunta a la tierra y no recibirás ninguno de los dos”.

Entiendo esto como decir, enfócate en el Reino de los cielos, no es la política y ganarás la tierra. Enfócate en la política y perderás ambos.
Jesús tenía la perspectiva del Reino de Dios en los cielos. “Mi reino no es uno terrenal”.

Si se hubiera involucrado en política, habría sacrificado su lealtad al gobierno del Padre. Parte de la tentación del diablo en el desierto tiene que ver con poder ser político. Satanás le mostró todos los reinos del mundo y le dijo: “Todo esto te dará si te postras y me adoras”.

Pero Jesús tenía puesta su lealtad en un Reino que no es terrenal. Eso no quiere decir que Jesús quería que sus discípulos no tuvieran la obligación en la tierra.

Él nos enseño a tener equilibrio adecuado entre los dos sistemas, pagando impuestos y cumpliendo con nuestra responsabilidad ante el gobierno, y a la vez, dándole al Reino de Dios nuestra lealtad siguiendo su ejemplo.

La realidad es que Jesús no llena las expectativas políticas que tenemos de Él. Por otra parte, el Señor no es el Che Guevara, que la teología de la liberación en Latinoamérica buscaba, pero tampoco es el Cristo anglosajón, capitalista y beligerante que los evangélicos estadounidenses proponen.

Por Jesús Adrián Romero
Tomado del libro: Adornando tumbas
Kate & Cumen

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