Gracia puesta en marcha

Tenemos la responsabilidad de hacerlo real

Por Philip Yancey

Algunos de ustedes conocen mi labor con el Dr. Paul Brand, quien dio clases en la Universidad Cristiana de Medicina en Vellore y fundó el hospital de lepra. A través de él aprendí que el dolor es un unificador del cuerpo. El Dr. Brand me contó una vez sobre un anciano con lepra en Nueva Guinea quien podía poner las manos sobre el carbón encendido para dar vuelta una papa. Tras observar escenas como esas, el Dr. Brand descubrió que prácticamente toda la desfiguración que hace a la lepra una enfermedad tan temida, resulta de una solo causa: la persona con lepra no puede sentir dolor. El anciano no trataba a sus dedos como algo digno de cuidar, como parte de sí mismo, porque sus dedos no sentían dolor alguno.

El Dr. Brand hizo un comentario que quedó en mí: “Un cuerpo sano asiste al dolor de la parte más débil”.

El mundo nos muestra que no funciona a través de la regla de gracia. En cambio, funciona a través de algo parecido a la tercera ley de Newton: con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria.

Si me golpeas, te golpeo. Si bombardeas mi país, bombardeo el tuyo. Sin duda esa fue la respuesta de mi país tras el 9/11 y unos siete años más tarde todavía tratamos con las consecuencias en lugares remotos como Afganistán e Irak.

El mundo funciona a través de un conjunto de reglas. Los políticos hablan de justicia, de los derechos de las personas y de loscriminales recibiendo lo que se merecen. Los bancos operan deesa manera: te darán un préstamo para comprar una motocicletao hasta una casa, pero si te atrasas con los pagos te la embargan.Los imperios funcionan de esa manera. Por otra parte, las religiones funcionan a través de reglas similares.

¿Hace falta mencionar esto a la tierra que nos dio el gran términokarma? Aunque nos tome seis o siete millones de reencarnaciones, dicen los maestros hindúes, en algún momento cadapersona de la Tierra recibe exactamente lo que se merece.

Sobre ese tema Jesús dio un mensaje radicalmente distinto. Norecibimos lo que nos merecemos sino lo opuesto. Nos merecemos elcastigo y recibimos el perdón; merecemos la vara de Dios y recibimossu amor. En un mundo dividido por la raza, la cultura, la clasesocial, el idioma y la religiónJesús soltó la fuerza más poderosa deluniverso, la fuerza de la gracia. Esa contrafuerza trae un nuevo mensajede esperanza a un mundo marcado por la violencia y la división.

No se requiere de gracia cuando alguien se parece a ti y está deacuerdo contigo en todo. La gracia se pone a prueba en el contextode las diferencias: un abortistau homosexual activista que cree que eres un intolerante de menteestrecha. Siendo realista, ¿cómopuede la gracia trabajar en ese entorno? En busca de una respuesta,me dirijo a las escenas de la vida de Jesús, quien suelta estainaprensible contrafuerza.

En su debut públicoJesús fue a una sinagoga de su ciudad y leyó en voz alta este pasaje del profeta Isaías:El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me haungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivosy libertad a los prisioneros, a pregonar el año del favor del Señor…” (Isaías 61:1).

Con los ojos de todos fijos en Él, hizo un anuncio drástico:“Hoy se cumple esta Escritura en presencia de ustedes” (Lucas 4:21).La congregación hubiese reconocido al pasaje como uno de los cánticos de Isaías que predecían al Mesías, y sin embargo Lucas nota que nadie se ofendió ante tal afirmación de Jesús. “Todos dieronsu aprobación impresionados por las hermosas palabras que salíande su boca…” (v.22).

Sin embargo, unos minutos más tarde, la apacible multitud se convirtió en una muchedumbre enfurecida que intentó empujara Jesús por un precipicio. ¿Por qué? Porque Él tenía la audacia deplantear hechos del antiguo testamento en los que Dios mostró gracia para con dos enemigos de Israel, una hambrienta viuda feniciay un general sirio con lepra. Al hacerlo, expuso la tendenciahumana de clasificar un grupo por encima de otro. La audiencia judíaa aprobaba las palabras de Jesús siempre y cuando se dirigierana ellos como los cautivos y oprimidos que necesitaban libertad deldominio romano. Se aferraron a su estado privilegiado como elpueblo escogido por Dios y se ofendían ante cualquier implicación que otros puedan deducir. De hecho, querían que Juan 3:16 dijera: “De tal manera amó Dios a los judíos…” y no “Dios al mundo”. En la época de Jesús todos conocían la clasificación de personas: un judío piadoso agradecía todos los días por no haber nacido esclavo, gentil o niña.

Por desgracia, nosotros en la iglesia a menudo perpetuamosesta tendencia a clasificar, a veces al imitar los prejuicios de lasociedad y a veces al agregar los nuestros propios. Un reciente informedice que hay treinta y ocho mil denominaciones cristianas en el mundo. Solía haber 37.999 hasta que una persona decidió que tenía una verdad que hacía a su iglesia más pura que todas las demás y formó una nueva denominación. Tengo un amigo que,incapaz de encontrar una iglesia lo suficientemente pura en losEstados Unidos, se mudó a Australia en donde aún no ha podidoencontrar una iglesia con la teología correcta. Por lo que comenzó su propia iglesia. La última vez que supe de él, quedaban tres personasen la iglesia: un anciano con la enfermedad de Parkinson,mi amigo y su esposa. Los dos hombres se turnaban predicándose entre ellos (no se les permitía predicar a las mujeres en esa iglesia).

Jesús vino a nosotros “lleno de gracia y de verdad”, escribió Juanen la introducción de su evangelio. La existencia de treinta y ochomil denominaciones, sin mencionar la historia de credos, consejos,guerras religiosas, demuestran la longitud que recorren las iglesiaspara competir por la verdad. Solo deseo que las iglesias dediquen lamisma cantidad de energía compitiendo para repartir gracia.

Incluso la iglesia novedosa que trata de incluir gente de diferentesrazas y clases sociales podría crear una nueva clasificación basada en la espiritualidad. Aquellos con formaciónteológica miran con arrogancia a los que no la tienen. Los dones espiritualesy las disciplinas saludables tales como la oración y el estudio bíblico caen en una especie de competencia. El legalismo se infiltra,lo que permite que los más “espirituales” vean a los otroscon un leve desprecio.

La oración final de Jesús con sus discípulos pide por unidad:“… para que sean uno, lo mismo que nosotros” (Juan 17:11). Hastael momento la oración lamentablemente no ha sido contestada.

Hace algunos añosaccedí. a dar una charla en una conferenciaen Birmania. “Debes saber que la mayoría de los pastores que asistirán han estadopresos debido a su fe —me dijo el hombre que me invitó—. Estees un régimen muy opresivo”. “¿Entonces debería hablar sobre eldolor y el sufrimiento?”, pregunté. “No, no, ellos no esperan eso¾respondiórápidamente—. Están acostumbrados. Nos gustaría que hables sobre la gracia. Aquí los diversos grupos cristianos no se llevan entre sí”.

La unidad de la Iglesia, la últimapetición de Jesús, es un milagro que el mundo aún espera. Unavez escuché a un líder cristiano indio decir que en la India otras religionespueden replicar cada milagro cristiano narrado excepto uno.Los cristianos testifican milagros de sanidad física, los hindúes ymusulmanes también. Los cristianos testifican vidas transformadas,los budistas también. El único milagro en los cristianos queprovoca que los indios se maravillen es cuando gente de géneros,razas, castas y clases sociales distintas se juntan en un verdadero espíritu de unidad.

Pablo, un buen judío que la había agradecido a Dios todo los días por no ser esclavo, gentil o mujer, cambió su oracióndespués de experimentar el poder liberador de la gracia. En un girorotundo le dijo a los rebeldes gálatas: “Ya no hay judío ni griego,esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno soloen Cristo Jesús” (Gálatas 3:28). Ustedes podrían tomar la iniciativaen al fin mostrarle al mundo dividido el poder de la gracia paraterminar con el instinto humano de clasificar y desunir.Los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos, son grupos mencionados en el primer sermón de Jesús, lo que da un fuerteindicio de su modo inverso de ver el mundo. Los pobres sonbendecidos, dijo en las bienaventuranzas, y también los mansos,los perseguidos y los que lloran. Muchas de las historias de Jesús mostraron ala persona menos pensada como el héroe. Jesús habló de dos hombres, uno rico y exitoso, y otro unmendigo cubierto de heridas. Lázaro el mendigo se destaca comoel héroe evidente; Jesús no se molesta en darle al hombre rico unnombre. En otra historia, dos profesionales de la religión ignorana una víctima de un crimen; un hereje de raza mixta, el buensamaritano surge como héroe. En tal vez su historia más famosa, Jesús no recompensa al hermano obediente, responsable, respetuosode su padre sino al rebelde, al hijo pródigo.

No solo las historias de Jesús, sus contactos personales muestranel mismo patrón de enfoque en reversa. Recorrí los evangeliosy puse todos los contactos de Jesús en un gráfico hecho encasa. Con algunas excepciones, cuanto más recta, aplicada y hastajusta es una persona, Jesús más la intimida. Cuanto más inmoral,irresponsable, y marginada socialmente es una persona (en otras palabras, cuanto más diferente al mismo Jesús), Él más la atrae (¿cómo puede ser que los seguidores de Jesús generalmente hacen lo contrario a Él?). El gratuito don de gracia desciende sobrecualquiera que quiera recibirla, y a veces aquellos que no tienen a dónde ir son los que estánmás dispuestos a abrir sus manos.

Sin duda Jesúsnos dio estas historias y abrazó a los marginados para cortar con lo que Él sabía que era nuestra tendencia humana de clasificar y dividir. Tal como el sermón del monte aclara,las personas en mayor peligro son aquellas que piensan quelo tienen todo y al hacerlo pierden la gracia. Solo aquellos queadmiten su sed, piden agua viva.

La gracia, que tiene el poder de superar las diferencias de clase,raza e incluso teología, y el poder para saciar la sed de los excluidosmorales y sociales, ofrece esperanza tanto a los oprimidos como a los opresores.

La Iglesia ha hecho un notable trabajo al seguir el ejemplo de Jesús de extender la gracia a los oprimidos. Donde sea que viajo enel mundo lo veo, desde grupos de iglesia que reconstruyen casas tras huracanes, hasta agencias de amparo quecuidan a los huérfanos del sida y hospitales y escuelasmisioneras en las partes más remotas del mundo.

Pero la historia de Zaqueo demuestra una clave más para lograr aún más justicia: convertir a los opresores.Zaqueo estaba tan conmovido por el gesto de Jesús de hacerlo bajar del árboly perdonarlo que inmediatamentese comprometió a dar la mitad de sus bienes a los pobres y devolverle cuatro veces más a los perjudicados que había estafado.El murmullo de la multitud contra Jesús revela una verdad importante: es mucho más difícil mostrar gracia al opresor que aloprimido.

En un hecho que conmocionó a la India en 1999, un grupode fanáticos hindúes atacó a Graham Staines, un misioneroaustraliano que trabajaba con pacientes leprosos en el estado deOrissa. Quemaron vivos a Graham y a sus dos hijos, de 10 y 8 años, dentro de su camioneta. Todos suponían que su esposaGladys regresaría a Australia, pero en cambio ella se quedó por cinco años más y continuó la labor de su esposo. “He perdonadoa los asesinos”, dijo sobre los atacantes después de apelar a lacorte por clemencia. “No… no tengo amargura porque el perdón trae sanidad, y nuestra Tierra necesita ser sanada del odio y la violencia”. Cuando el mundo ve la gracia puesta en marcha hacia losopresores que no se lo merecen, se queda en silencio.

En su vida y su muerte, Jesús establece otra manera, una deuna gracia de otro mundo, y nosotros sus seguidores estamoscomprometidos a seguir sus pasos. “No te dejes vencer por el mal;al contrario, vence al mal con el bien” (Romanos 12:21), dijo Pablo.El mal es vencido por el bien solo si la parte afectada lo absorbe, e impide así que siga progresando. Y ese es el modelo que Jesús nos mostró en su vida y su muerte.

Nosotros que seguimos a Jesús somos llamados a ser distribuidoresde la gracia de Dios y a soltar esta fuerza poderosa en unplaneta cansado y violento. La Iglesia podría ser conocida comoun lugar donde fluye la gracia: para pecadores, tanto para ricos ypobres, para aquellos que necesitan más luz, para excluidos, paraaquellos que no concuerdan, para los oprimidos y los opresores.

Por Philip Yancey
Tomado del libro: ¿Para qué sirve Dios?
Peniel


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