Agarra la oportunidad por la melena

Porque a veces hay que ser menos “prudente”

Por Mark  Batterson

Nuestro destino final es determinado por el hecho de aprovechar o dejar pasar las oportunidades que Dios nos va presentando. Si aprovechamos esas oportunidades, los dominós seguirán cayendo uno tras otro, y crearán una reacción en cadena. Pero si nos perdemos esas oportunidades, estaremos creando un cortocircuito en el plan de Dios para nuestra vida. Eso no significa que debamos vivir temiendo el que de alguna manera nos vayamos a alejar de la voluntad de Dios. Él nos seguirá dando segundas, terceras y cuartas oportunidades.

Cuarenta años después que un crimen convirtió a Moisés en fugitivo, Dios le volvió a abrir las puertas y le dio una segunda oportunidad. La gracia de Dios no tiene fecha de vencimiento. Dios nos seguirá abriendo las puertas de las oportunidades mientras tengamos vida. Pero yo no querría retrasar el proceso cuarenta años; ¿querrías hacerlo tú? La vida es demasiado breve. Yo quiero aprovechar la oportunidad la primera vez que se presente. Ahora, ponte en las sandalias de Benaías, aquel guerrero que aparece en 2 Samuel 23:20: Benaías hijo de Joyadá era un guerrero de Cabsel que realizó muchas hazañas. Derrotó a dos de los mejores hombres de Moab, y en otra ocasión, cuando estaba nevando, se metió en una cisterna y mató un león”.

Esta historia pudo tener un guión muy diferente. Benaías ve un león. Benaías sale huyendo. Benaías suspira de alivio. No hubo daños. No se metió en un enredo.

Huir del león habría sido la actuación más lógica. Hay quieren le habrían calificado de prudente. Pero adivina una cosa. Benaías habría desaparecido en los anales de la historia, y se habría perdido entre tantas almas tímidas que se han encogido de miedo, en lugar de dar un paso de fe.

Por supuesto, hay momentos en que debemos ser prudentes. Sin embargo, también hay momentos en que debemos ser valiente.

Yo conozco una gran cantidad de personas prudentes. Pagan sus impuestos a tiempo. Conducen su auto dentro del límite de velocidad permitido. Y siempre llevan consigo una muda extra de ropa interior. Respeto a esas personas, pero ese nivel de respeto no puede ni comenzar a compararse con el que siento por la gente valiente.

Benaías habría podido actuar con prudencia y huir del león. Estoy seguro de que en el fondo de su mente, una vez le decía que “no sería prudente” perseguir al león. Pero las Escrituras no lo describen como un hombre prudente. El adjetivo que utilizan es valiente.

Los cazadores de leones no son la gente más prudente del planeta. Siempre están a la caza de oportunidades. No se centran en un intento por evitar los problemas. Su modus operandi consiste en aprovechar las oportunidades que Dios les pone enfrente. Y lo típico es que todo comience con oportunidades del tamaño de un grano de mostaza.

Benaías tuvo que demostrar quién era, como todo el mundo. Comenzó como guardaespaldas del rey de Israel. Aquella posición tenía un rango bajo dentro del gobierno, y apenas le pagaban lo suficiente para poner el pan en la mesa. Es probable que se tuviera que buscar un segundo trabajo. Pero evidentemente logró demostrar su valor en ese trabajo, porque fue nombrado comandante del ejército, y se puso bajo su mando una división de veinticuatro mil hombres. Y con seguridad habrá demostrado de nuevo su valía, porque Salomón, el sucesor de David, lo nombró comandante en jefe de todo el ejército de Israel.

¿Cómo cumplió Benaías con su destino y convirtió su sueño en realidad? ¿Cómo fue ascendiendo por la cadena militar de mando hasta llegar a lo más alto de la escalera? ¿Cómo se convirtió en la persona más poderosa de Israel después del propio rey?

Lo hizo a base de aprovechar las oportunidades, una tras otra. Nosotros no nos damos cuenta de que Benaías tuvo una formarse un currículum vitae, presentar referencias, pasar una entrevista y ser autorizado a entrar en los círculos de seguridad antes de conseguir el puesto de guardaespaldas.

Nada ha cambiado en tres mil años. Los sueños se siguen alcanzando de uno en uno.

Así que este es mi consejo. No te contentes con la prudencia. Esfuérzate por ser valiente. Haz la llamada. Solicita entrar al programa. Envía el correo electrónico. Entrega tu renuncia. Consigue la reunión.

La genealogía del éxito siempre se remonta a unas oportunidades pequeñas como granos de mostaza. Sácales el mayor partido posible. Dicho sea de paso, me parece que muchos de nosotros no aprovechamos las oportunidades pequeñas porque estamos buscando las grandes. Sin embargo, las Escrituras hablan de no “menospreciar los días de los modestos comienzos”.

Benaías comenzó como guardaespaldas. Josué fue ayudante personal. Eliseo fue aprendiz. Y Nehemías fue copero.

Tienes que demostrar de lo que eres capaz cuando se te presenten las oportunidades pequeñas. Y cuando lo hagas, Dios pondrá en tu camino oportunidades más grandes y mejores.

En cierto sentido, los actos heroicos de valentía que realizó Benaías no estaban planificados. Pero no pienses que él no estaba preparado. No habría podido predecir cuándo, cómo o dónde tendría lugar su encuentro con el león, pero se había estado preparando para esto desde niño. ¿Te lo imaginas luchando con su pobre gato, que hacía las veces de un león imaginario? También practicaba su destreza con la espada frente a un espejo, hasta que se convirtió en una segunda naturaleza para él. Y organizaba batallas fingidas con sus hermanos. Así que, cuando el león se le cruzó en el camino, no vio aquello como mala suerte. Lo vio tal cual era: una cita divina. Y literalmente, se aferró a la oportunidad. El león no tomó a Benaías por sorpresa. Lo había estado esperando toda su vida.

Por Mark  Batterson
Tomado del libro: Con un león en medio de un foso
Editorial: Vida


Compras


Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*