Jesús y solo Jesús

Toda la vida tiene que ver con Él

En toda la historia de la humanidad no existió nadie como Jesús de Nazaret. Él es Dios hecho hombre. Proclamó el Reino de Dios para la salvación de la humanidad. Es la ética divina de Dios que parte del verbo encarnado que vino a la tierra. Así, la palabra ética se divide en dos: el designio de Dios y la prédica del Reino por parte de Jesús.

La historia humana se divide en un antes y un después de su existencia. Él le mostró al hombre cuál es la clave y cuál es el sentido de la vida. Jesús es la más notable y fascinante persona de la historia.Su mensaje ético no se limita a la iglesia, ni a los cristianos; se hunde en lo más profundo del corazón del hombre. Él nos transmitió que el cristianismo es un estilo de vida. Ha inspirado más esperanza, enseñado más compasión y manifestado más amor que cualquier otro hombre que jamás haya existido.

Cuando recibimos a Cristo en nuestro corazón, nos arrepentimos de nuestros pecados y Él nos perdona. Nacemos de nuevo y comenzamos a vivir la vida llena de gozo. Disfrutamos de su protección y de los beneficios de la nueva vida.

La Biblia no deja duda alguna sobre el hecho de que Dios habló a los hombres mediante Jesucristo. Dios se reveló plenamente a través de su Hijo. Él nos amó primero porque es amor. Es su esencia, es su sustancia. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor(1 Juan. 4:8). El amor de Dios no es como el del hombre. Su amor es divino. El amor humano es limitado, imperfecto, egoísta, fluctuante; un amor caído. Nunca podrá ser la base de una relación duradera. En cambio, el amor de Dios es perfecto e incondicional.

El hecho de que el hombre pecó, no alteró el amor de Dios hacia él. Lo que se rompió fue la relación. Dios envió a Jesucristo a morir en la cruz para perdonar todos nuestros pecados.¡El Hijo de Dios murió en nuestro lugar! Ese es el motivo más importante de la adoración. Jesús dio todo de sí para que tuviéramos todo. Murió para que pudiéramos vivir para siempre.

El perdón de nuestros pecados tiene como propósito restaurar nuestra relación con Dios. La obra de Cristo, el perdón de pecados, nos restituye a la posición original, al ambiente espiritual del que gozábamos antes de la caída. Ahora podemos tener comunión con Dios a través de Cristo, y más aún, el libro de Efesios expresa que estamos sentados en lugares celestiales con Cristo Jesús. Todo esto es gracias al amor de Dios hacia nosotros.

Dios nos amó, nos perdonó, sanó nuestras heridas, nos restituyó a la posición original y ahora tenemos comunión con Él. Y esto que hizo con nosotros, ahora nosotros tenemos que brindarlo generosamente a los demás. Jesucristo demostró lo que Dios es realmente en cuanto a su carácter y a su voluntad, siendo la expresión perfecta de lo que Él es.

Cuando aceptamos a Jesús, en nuestro corazón como Señor y Salvador, vemos su grandeza en toda su plenitud. Es necesario tener esa experiencia personal con Jesucristo. Cuando permitimos que Él sane nuestras heridas tenemos una expansión interior, un gozo como nunca antes hemos tenido. Así llegamos a serpersonas totalmente renovadas. Somos totalmente transformados. Dios nunca nos abandonará, aún en las pruebas que debamos enfrentar porque Él es fiel. Ese es el plan de Dios para nuestra vida.

Los que no conocen a Cristo necesitan la justicia de Dios y esta solo se consigue por medio del sacrificio de Jesús. Por eso, como sus siervos, debemos predicar el Evangelio.

Muchas personas viven amargadas, con miedos, presas de diversas fobias, sin embargo, Dios quiere cambiar nuestro lamento en baile, lo amargo en dulce y que nuestra vida tenga otras aspiraciones.La Biblia nos dice: Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!(2 Corintios 5:17).

El amor de Dios es un regalo. Ninguno de nosotros lo merecemos. Jesús murió por nosotros. Dios es esencialmente amor. Por eso, la “columna vertebral” de la Biblia está en Juan 3:16: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.

Dios es infinito y eterno. Excede toda posibilidad humana de encuadrarlo en un concepto o filosofía, ni siquiera en un santuario. Su doctrina es hoy tan actual como hace veinte siglos, sin que haya perdido un ápice de su trascendencia; es universal como la verdad; comprende a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos, sin distinción de raza ni lengua. Dios envió a Jesús con la misión de restaurar la imagen completa que perdimos por causa del pecado.

No hay miseria humana que Él no pueda remediar, no hay herida para la cual no tenga unbálsamo y no hay debilidad que no pueda trocar en fortaleza. Fuimos creados para ser como Jesús.

Cristo vino para salvar a los hombres y no sus almas meramente. Dios no creó almas sino hombres a su imagen y semejanza. Por lo tanto, Cristo no vino simplemente en busca de almas. Su intención siempre fue salvar al hombre íntegramente. Y la única manera de hacerlo era atacar la raíz misma del pecado.La venida de Cristo al mundo prueba que Dios no se encontraba feliz con la desdicha humana. No envió a su Hijo únicamente para que tuviésemos vida perdurable, sino vida abundante y victoriosa aquí en la tierra.Lo peor que puede pasarnos es considerarnos cristianos y ser “muertos espirituales”.

Debemos tener una fe sublime que nos lleve a una estrecha relación con Dios en la persona de Jesús, por medio de la obra del Espíritu Santo. Lo esencial es orar diariamente, aún en los momentos difíciles. La fe nos hace soportar los problemas y ella triunfa gracias a la obra del Espíritu Santo.

Dios mira el corazón. Mi relación con Él tiene que ver con el deseo de mi corazón. Él quiere que le obedezcamos y nosotros debemos interesarnos por hacer su voluntad. Así puede usarnos como instrumento para salvación. El Señor tiene un propósito para cada uno de nosotros. Somos representantes de Cristo aquí en la tierra, y somos llamados a vivir de tal manera que los demás puedan ver a Dios en nuestra vida para que ellos sean atraídos a Él.

Por lo tanto, Dios le da al hombre una nueva vida, la vida de Cristo, que nos libera de las ataduras del pasado, de la esclavitud del pecado y del miedo a la muerte. Esta nueva vida hace que podamos vivir, en cierta medida, como Cristo, en relación con Dios y haciendo el bien a nuestro prójimo. Dios no quiere solo mentes llenas de doctrina, sino vidas que pongan en práctica lo que aprendieron. Su gracia nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio” (Tito 2:12).

Él nos promete en su Palabra: “No te desampararé, jamás te abandonaré” (Hebreos 13:5).

Por Maximiliano Reimondi

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