¿Cómo te llevas con la oposición?

Las consecuencias depende de ti

Tarde o temprano, cada visión grande y valiente se encontrará con una oposición importante. Podemos suponer que la oposición es siempre destructiva, pero puede ser una potente fuerza que materializa nuestra imaginación, enfoca nuestros planes y nos conduce a tener éxito. Un aeroplano usa la oposición del aire para hacerle volar. Millones de nosotros usamos pesas porque la resistencia nos hace ser más fuertes. Los maestros ponen problemas y ejercicios a sus alumnos para obligarles a pensar con más claridad, a entender principios y a descubrir respuestas. Los exámenes no están diseñados para hacer que las personas suspendan, sino para impulsarles a aprender y crecer. Del mismo modo, los líderes excepcionales usan la oposición como exámenes para afilarles y equiparles para llegar incluso más alto.

Me resulta útil distinguir entre resistencia y ridículo. La resistencia es desacuerdo, y a menudo llega en forma de oposición a una idea o un plan, pero el ridículo es un ataque personas. La resistencia podría ser intelectual o de procedimiento, pero el ridículo tiene un fuerte componente emocional. Una persona que se resiste podría preguntar: “No entiendo por qué quieres hacer eso. Para mí no tiene sentido. ¿Podrías explicar por qué quieres hacerlo?”. Pero el ridículo se burla: “¿Qué necio querría hacerlo de esa forma?”. Nuestra respuesta a las personas depende de nuestra interpretación de su oposición: ¿piden más información o intentar hacernos daño?

Cuando las personas hacen retroceder mis ideas, me hace pensar con más claridad y articular mis ideas con más precisión. En el proceso de dar y tomar, descubro quién está abierto a la nueva información y se convierte en socio en el esfuerzo, a quién no le importa cuánto sentido tenga y se convierte en un adversario. Todos podemos manejar la resistencia mucho mejor que lidiar con el ridículo.

Cada personaje heroico de la Biblia experimentó resistencia o ridículo, o ambas. A Jesús, el Rey creador y salvador, quien amó a la gente hasta lo máximo, le abandonaron sus amigos, uno de ellos le traicionó, otro le negó, los que conocían las Escrituras mejor que el resto de las personas le acusaron falsamente, y los soldados, la multitud y los líderes religiosos le azotaron, golpearon y se burlaron. Y después, en el momento supremo de agonía, el Padre le dio la espalda mientras colgaba de la cruz para que pudiera llevar el castigo de los pecados del mundo. Para Jesús, la peor oposición que un hombre haya soportado jamás le llevó a un torrente limpiador de perdón, una gloriosa resurrección y esperanza para la humanidad.
El sufrimiento puede hacer que nos volvamos duros y amargados, pero puede hacernos humildes, tiernos y sabios. Pablo aprendió a contentarse en todo un abanico de situaciones. Su confianza en la soberanía y sabiduría de Dios le dio perspectiva sobre la oposición que enfrentó.

En su segunda carta a los creyentes corintios, Pablo dio un breve catálogo de dolores que podemos suponer que podría haber sido mucho más largo: “…He trabajado más arduamente, he sido encarcelado más veces, he recibido los azotes más severos, he estado en peligro de muerte repetidas veces. Cinco veces recibí de los judíos los treinta y nueve azotes. Tres veces me golpearon con varas, una vez me apedrearon, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche como náufrago en alta mar. Mi vida ha sido un continuo ir y venir de un sitio a otro; en peligros de ríos, peligros de bandidos, peligros de parte de mis compatriotas, peligros a manos de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el campo, peligros en el mar y peligros de parte de falsos hermanos. He pasado muchos trabajos y fatigas, y muchas veces me he quedado sin dormir; he sufrido hambre y sed, y muchas veces me he quedado en ayunas; he sufrido frío y desnudez. Y, como si fuera poco, cada día pesa sobre mí la preocupación por todas las iglesias”(11:23-28).

Pero Pablo entendía que Dios tenía un propósito en su dolor. En la misma carta explicó que el surfrimiento que experimentó a manos de sus oponentes le había dado una mayor compasión por otros que sufren. Explicó: “Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren. Pues, así como participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo, así también por medio de él tenemos abundante consuelo. Si sufrimos, es para que ustedes tengan consuelo y salvación; y, si somos consolados, es para que ustedes tengan el consuelo que los ayude a soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos. Firme es la esperanza que tenemos en cuanto a ustedes, porque sabemos que, así como participan de nuestros sufrimientos, así también participan de nuestro consuelo”(1:3-7).

La angustia de Pablo venía de su experiencia tanto con la resistencia como con el ridículol, y más allá de lo que cualquiera de nosotros soportaría, sufrió tortura física y privación. Al avanzar hacia el tamaño y la velocidad, indudablemente encontraremos oposición en diversas formas. ¿Nos hará ser más humildes, sabios y amables, o nos hará ser rebeldes, rencorosos y endurecidos? La decisión es nuestra.

Por Samuel Chand
Tomado del libro: Liderazgo acelerado
Whitaker

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