Nuestro hogar es Jesús

La seguridad que tenemos en Él

Por Brennan Manning

En la incomparablenovelaLos hermanos Karamazov, de Dostoyevsky,la acusación de la Iglesia—representadapor el Gran Inquisidor—en contrade Jesús que ha regresadoa latierra es: «¿Por qué has venido a molestarnos?».

Despuésde mil quinientos años la Iglesia institucionalen lugar de proclamar a Jesús le ha suplantado. Las tradiciones eclesiásticas y las leyes hechas por los hombresle han usurpadoa Jesús su lugar, y la Iglesia vivía el éxito de su ingeniosidad.

Había demasiada luz y verdad en Jesús. Su palabra: «Conocerán la verdad, y la verdad les hará libres», era intolerable.Los ancianos decidieronquelos hombresy las mujeresnoerancapaces deser libres, y por lo tantola Iglesia se arrogóla protección de las almas que se le confiaban, solo para dispensarla cuando fuera absolutamente necesario. La gente comúnno podría soportarel peso de la libertad, por lo cual la Iglesia se apropióde ella, por el bien de la gente.Porque,sostuvieron,las personas solo podríanhacer mal uso de la libertad, abusandode ella. Librados de la ansiedad y el tormentode la decisión personaly la responsabilidad,la gentese sentiría feliz y segura en la obedienciaa la autoridad.

«“Sesorprenderán antenosotros”, diceel GranInquisidor a Jesús, “y pensarán que somos dioses porquenosotros,que los guiamos, estamos dispuestos a soportar la libertad, esta libertad de la que huyenhorrorizados; y comoestamospreparadospara gobernarles, les parecerá muy terrible ser finalmente libres. Pero diremos que te estamos obedeciendo y que gobernamos únicamenteen tu nombre. Nuevamente, les estaremostraicionandoporqueno dejaremosque tengas nada que ver con nosotros”. Por cierto: “¿Por qué has venido a molestarnos?”. El Gran Inquisidor quiere tomar a este Jesús que havuelto,trayendo nuevamentela libertad,paraquemarleenla hogueraen nombrede la Iglesia».

Lapreguntanoes:«¿QuédiceJesús?», sino: «¿Quédicela Iglesia?». Aun hoy, muchas personas se preguntan esto.

Es triste, pero cierto: algunos cristianos quieren ser esclavos. Es más fácil dejar que otros tomendecisiones, o apoyarse en la letra de la ley.

Resucitado de entre los muertos,Jesús sigue presente en la comunidad de discípulos como el camino a la libertad.El Reino de Dios es un reinode libertad.Jesús nos invita y desafía a entraren este Reino, a andarel caminoreal dela libertad,a ser libres por medio del amor del Padre.

Jesús llama a los andrajosos (los que dependen enteramente de la misericordia de Dios y aceptan el Evangelio de la gracia, los pobres de espíritu) de todas partes a librarse del miedo a la muerte, a librarse del miedoa la vida, a librarse de la ansiedad por nuestra salvación.

Unadelaslíneasmásbellasquehayaleídoperteneceal HermanoRoger,elpriordelosmonjesprotestantesdeTaize, Francia.«Aseguradatusalvaciónporlagraciaúnicadenuestro Señor Jesucristo». Aún encuentro difícil leer esto sin lágrimas en los ojos.Esmaravilloso.Cristotomómispecados,tomómilugar, muriópor mí, me libró del miedoa andar por el senderode la paz que lleva a las Doce Puertas.

Tristemente, muchos hoy no sienten lo que Pablo llama «la gloriosa libertad de los hijos de Dios» en Romanos8:21.He aquí el problema básico: aceptamosla gracia en teoría,pero no en la práctica. Vivir por gracia, y no por ley, nos hace salir de la casa del miedo para entrar en la del amor: «En el amor no hay temor,sino que el perfectoamor echa fuera el temor;porqueel temorlleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionadoen el amor» (1 Juan 4:18).

Aunque profesamos nuestra fe en el amor incondicional de Dios, muchos de nosotros seguimos viviendo en el miedo. En su libro Signos de vida, intimidad, fecundidad y Éxtasis desde la perspectiva cristiana, el autor Henri J.M. Nouwen observa: «Vemos la cantidad de“si”que enunciamos en nuestra vida: ¿Qué haré si no encuentro marido,casa, trabajo,amigos,ayuda? ¿Qué haré si me despiden,si me enfermo,si tengo un accidente,si pierdo mis amigos,si mi matrimonio no funciona,si hay guerra? ¿Qué pasará si mañana es un día feo, si hay huelga de trenes o si hay un terremoto? ¿Qué ocurrirá si alguien me roba mi dinero,viola a mi hija, saquea mi casa o me mata?».

Cuando estas preguntasguían nuestravida, estamos hipotecando la casa del miedo.

Jesús dice simplemente: «Permaneceden mí, y yo en vosotros» (Juan 15:4).Es decir, que hagamos nuestra casa en Él, así como Él hace de nosotrossu casa. Nuestrohogar no es una mansión celestial en el más allá, sino un lugar seguro en medio de nuestromundo ansioso: «Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremosa él, y haremos morada con él» (Juan 14:23).

Nuestrohogareseselugarsagrado —externoointerno—donde no precisamos sentir miedo; donde estamos confiados de la hospitalidady el amor. En nuestra sociedad hay muchas personas sin hogar que viven no solo en las calles, en refugios o en pensiones brindadasporel Estado,sino quehay vagabundosquehuyen,que jamás encuentran hogar dentrode sí mismos. Buscan un lugar seguro en el alcohol o las drogas, en la seguridaddel éxito, la competencia, los amigos, el placer, la notoriedad, el conocimiento y hasta enunareligiónpequeña.Se hanvueltoextrañosa ellos mismos, gentecon domicilio pero sin hogar,genteque jamás oye la voz del amor, que nunca siente la libertad de los hijos de Dios.

A quienes viven huyendo,que tienen miedo de dar la vuelta por temoraencontrarseasímismos,Jesúslesdice:«Tienenun hogar…Yo soy vuestro hogar…clamen a mi como su hogar… encontrarán queese lugaríntimoendondeyo vivo…estájusto dondeestán ustedes, en la intimidadde su ser… en su corazón».

 

Por Brennan Manning
Tomado del libro: El evangelio de los andrajosos
Casa Creación

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