El pastor ha preparado tus pastos

Despójate de las cargas que no debiste cargar

Por Max Lucado

Yo le diré algunas consecuencias de las cargas, usted adivine la causa:

  • La sufren los adolescentes. Los estudios muestran que el 46% de ellos la culpan por el bajo rendimiento escolar.
  • Los adultos la sufren. Los investigadores dicen que los casos más graves se encuentran entre los 30 y los 40 años.
  • Los adultos mayores se ven afectados por ella. Un estudio sugiere que la condición impacta al 50% de la población superior a los 65 años.
  • El tratamiento incluye desde enjuagues bucales a té de hierbas y medicinas.

¿Tienes idea de lo que se describe en el párrafo anterior? ¿Abuso químico? ¿Divorcio? La respuesta les puede sorprender: el insomnio. No podemos dormir.

Las personas con demasiado trabajo y poco sueño van al lugar de reclamo de equipaje de la vida y recogen el bolso del cansancio. Uno no lo carga. Se lo cuelga al hombro para caminar por la calle. Lo. El tedio cansa.

¿Por qué estamos tan cansados? Ataques al corazón, deslealtades, deudas y batallas por la custodia de los hijos. Puesto que no podemos dormir, tenemos un problema adicional.

Si invitáramos a un extraterrestre a resolver el problema, sugeriría una simple solución: todo el mundo a dormir. Nos reiríamos de él. No entiende nuestro modo de trabajar. Trabajamos arduamente. Hay que ganar dinero. Hay títulos que alcanzar. Hay escaleras que subir. Según nuestra mentalidad, estar bien ocupados es estar a un paso de la santidad.  Tenemos la mente cansada. Tenemos el cuerpo cansado. Pero, lo que es peor, tenemos el alma cansada.

Somos criaturas eternas y nos hacemos preguntas eternas. ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Qué es bueno? ¿Qué es malo? ¿Hay vida más allá de la muere? Estas son preguntas fundamentales para el alma. Si las dejamos sin responder, tales preguntas nos robarán el descanso.

Solo otra criatura viviente tiene tanto problema para descansar como nosotros. No los perros. Estos dormitan. Ni los osos. Estos hibernan. Los gatos inventaron las siestas breves, y las marmotas duermenveinte horas diarias. La mayoría de los animales saben descansar. Hay una excepción. Tales criaturas son lanudas, tienen poca inteligencia y son lentas. ¡Se trata de las ovejas! La oveja no duerme.

Para que la oveja duerma todo tiene que estar bien. Que no haya depredadores. No puede haber tensiones en el ganado ni insectos en el aire. No debe tener sensación de hambre.

Desafortunadamente la oveja no puede hallar lugares de delicados pastos, ni puede rociar insecticida, ni tratar las fricciones personales, ni hallar alimento. Necesita ayuda. Necesitan un pastor que las guíe y las ayude a “descansar en lugares de delicados pastos”. Sin un pastor no pueden descansar.

Nosotros tampoco.

En el versículo 2 del Salmo 23, el poeta David se convierte en David el artista. “En lugares de delicados pastos me hará descansar, junto a aguas de reposo me pastoreará”(Salmo 23:2).

Note los dos pronombres que preceden a los verbos: me hará… me pastoreará.

¿Cuál es el sujeto activo? ¿Quién está a cargo? El pastor. Los pastores eligen el camino y preparan los pastos. La tarea de la oveja (la nuestra) es mirar al pastor. Con los ojos puestos en nuestro Pastor, podemos dormir. Al de carácter firme lo guardarás en perfecta paz, porque en ti confía”(Isaías 26:3).

¿Sabe cuál es nuestro problema? Dejamos que las marcas negras eclipsen nuestro espacio blanco. Vemos nuestras provisiones y no vemos a Aquel que puede alimentar a cinco mil hambrientos. Nos quedamos con los oscuros viernes de la crucifixión y nos perdemos los brillantes domingos de resurrección. Cambie de enfoque y relájese. ¡Y mientras lo hace, cambie de programa y descanse!

La vida puede hacerse tan ruidosa que olvidamos apagarla. Quizá se deba a eso que Dios pone un énfasis tan grande en el reposo en los Diez Mandamientos.

De las diez declaraciones grabadas en las tablas de piedra, ¿cuál ocupa más espacio? ¿El adulterio? ¿El homicidio? ¿El robo? Uno tiende a pensar así. Pero es curioso: estos mandamientos son un tributo a la brevedad. Dios necesitó solo tres palabras para condenar estas cosas.

Pero cuando llegó al tema del reposo, no bastó una oración: “Acuérdate del sábado, para consagrarlo. Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios. No hagas en ese día ningún trabajo, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni tampoco los extranjeros que vivan en tus ciudades. Acuérdate de que en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y que descansó el séptimo día. Por eso el Señor bendijo y consagró el día de reposo”(Éxodo 20:8-11).

Aún objetamos: “Pero… pero… pero… ¿quién se va a encargar del negocio?” “No he alcanzado mi cuota de ventas”. Ofrecemos una razón tras otra, pero Dios las acalla todas con un conmovedor recordatorio: “en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, y que descansó el séptimo día”. El mensaje de Dios es claro: “Si la creación no sucumbió cuando reposé, no sucumbirá cuando reposes”.

Repita conmigo estas palabras: “No es mía la tarea de hacer funcionar al mundo”.

Los pastos verdes no eran el paisaje natural de Judea. Las colinas de Belén donde David cuidaba su rebaño no eran fértiles ni verdes. Aún en la actualidad son casi desérticas. Los pastos verdes de Judea se deben al trabajo de algunos pastores. Han limpiado el terreno áspero y rocoso. Han quitado los tocones y las han quemado junto con la maleza. Riego, cultivo. Ese es el trabajo de un pastor.

Por eso cuando David dice “en lugares de delicados pastos me hará descansar”, en realidad dice: “Mi pastor me hace descansar en su obra terminada”.

Con sus manos horadadas, Jesús creó una pradera para el alma. Arrancó los espinosos arbustos de la condenación. Arrancó los enormes peñascos del pecado. En su lugar puso simiente de gracia y cavó lagunas de misericordia.

Y nos invita a reposar allí. ¿Puede imaginarse la satisfacción en el corazón del pastor cuando, acabado el trabajo, ve a sus ovejas descansando en lugares de delicados pastos?

¿Puede imaginar la satisfacción en el corazón de Dios cuando hacemos lo mismo? Son pastos son su don para nosotros. No son pastos que hemos cultivado. Tampoco son pastos que merecemos. Son un don de Dios.

En un mundo difícil debido al fracaso humano, hay una tierra en que verdea su divina misericordia. Su Pastor le invita a ir allá. Quiere que se recueste, que se hunda hasta quedar oculto en los altos pastos de su amor. Allí encontrará descanso.


Por Max Lucado
Tomado del libro: Aligere su equipaje
Unilit

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