Alguien se refiere a ti

La invitación de Jesús también es para ti

Por Kyle Idleman

Jesús mantuvo diferentes encuentros con distintas personas durante el tiempo en el que caminó por la tierra. Inevitablemente Jesús los ponía en una situación en la que tenían que definir su relación con él: ¿era algo informal o había compromiso? Muchos de ellos quedaron expuestos como nada más que fans o, en el mejor de los casos, como simples admiradores entusiastas de Jesús. Porque no se trata de que los fans no deseen tener una relación con Jesús; es que quieren que la relación con él se dé en sus propios términos. La pregunta que en verdad nos debemos hacer es esta: ¿qué tipo de relación es la que Jesús desea mantener con nosotros?

Eso es lo que importa. ¿Cuáles son tus términos? Según lo que él dice, ¿qué significa seguirlo?

Es muy posible que si tú has memorizado un versículo de la Biblia este sea Juan 3:16. Es un versículo tremendo que nos habla de una bellísima verdad. Ahora mismo, ¿puedes decirlo de memoria sin mirar el texto?

Existe una razón para que este sea el texto más citado de la Biblia. En ese versículo leemos que Dios nos ama, que Jesús murió por nosotros, y que podemos tener vida eterna a través de Él. No resulta infrecuente ir a un evento deportivo y ver que alguien lleva una camiseta con la leyenda “Juan 3:16”. Pero nunca he visto a nadie llevando una que dijera: “Lucas 9:23”. Veamos, repítelo sin mirarlo. Este es un poco más difícil. Pero Lucas 9:23 también registra palabras de Jesús. De hecho, a diferencia de Juan 3:15, las palabras de Jesús que aparecen en Lucas 9:23 han sido registradas en tres de los cuatro evangelios. Son estas: Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga”.

¿Se dan cuenta por qué ninguno escribe en un cartel ni lo levanta en un partido? No parece ser una publicidad referida al cristianismo que resulte demasiado atractiva. Versículos de esta índole quizás dificulten el reclutamiento de nuevos cristianos. Pero la verdad es que Juan 3:16 y Lucas 9:23 deben ir juntos para que haya una comprensión apropiada de la invitación del Evangelio. Juan 3:16 enfatiza el creer; Lucas 9:23 enfoca el cómo seguir.

Estas dos cosas necesariamente deben ir juntas. No hay un creer sin un seguir. No hay un Juan 3:16 sin un Lucas 9:23. En la primera parte identificamos cómo están las cosas en cuanto a nuestra relación con Jesús. En esta parte descubrimos a dónde quiere llevarnos Él cuando decidimos seguirlo.

 

Alguien es todos

Jesús inicia su llamado a seguirlo con estas dos palabras: “Si alguien…”.

Alguien es una palabra significativa porque deja en claro a quiénes invita. Y Él invita a alguien, a alguno. Alguien es una palabra inclusiva. Alguien quiere decir todos. Jesús no comienza con una lista de prerrequisitos. Su invitación a seguirlo va dirigida a alguien, a alguno a cualquiera. Mucha gente no se da cuenta de que ha sido invitada a seguirlo. Porque piensan: “No puede ser luego de lo que he hecho. Él no querría que yo lo siguiera. Nunca resultaré aceptable”. Suponen que no están calificados y como resultado, nunca toman en serio lo que significa seguir a Jesús. Después de todo, ¿qué sentido tiene llenar una planilla de admisión cuando uno sabe que no resultará aprobado?

Muchos de nosotros ocultamos algunas manchas. Nuestro peor temor es que alguien descubra aquello que intentamos ocultar. Y como Jesús sabe acerca de nuestras manchas, pensamos que eso nos descalifica. Con seguridad nuestras manchas han ocasionado que se tachen nuestros nombres de la lista de invitados a ser seguidores de Cristo. Él no querría que lo fuéramos.

Si alguno de sus seguidores más cercanos alguna vez se sintió así, ese tiene que haber sido Mateo. Cuando Mateo apareció en escena ya hacía mucho tiempo que había dejado de tratar de esconder sus manchas. Estas eran lo bastante significativas como para que su familia y amigos lo hubieran tachado de la lista. Para mencionar algo, él era una gran decepción para sus padres. Ellos tenían planes muy distintos para su hijo. Lo sabemos porque Mateo tenía otro nombre: Leví. El haberle puesto ese nombre significaba que sus padres esperaban que sirviera al Señor como lo hacían los levitas del Antiguo Testamento. Desde su nacimiento había sido apartado para convertirse en un líder espiritual de la nación de Israel. Es probable que el padre, abuelo y bisabuelo de Mateo fueran todos sacerdotes que servían al Señor. A la edad de 12 años, ya Mateo debía haber memorizado los primeros cinco libros de la Biblia. Es posible que Mateo hubiera intentado convertirse en discípulo de algún rabí. Pero si es que alguna vez presentó su solicitud de admisión, esta fue rechazada. No resultó aprobado. Mateo había reprobado el examen en la escuela de lo rabíes. No daba la medida.

Sea lo que sea que sucedió, sabemos que algo salió decididamente mal. En lugar de servir al Señor, él determinó servirse a sí mismo. Le dio la espalda a su propia gente y se convirtió en un recolector de impuestos para los romanos. En esencia, la descripción de la tarea que realizaba era sacarle el dinero injustamente a la gente de su pueblo y entregárselo al gobierno romano. Aun cuando recaudaba los impuestos de una manera justa, trabajaba para el enemigo. Pero en aquellos días no existían los recaudadores de impuestos honestos. Ceremonialmente se los consideraba impuros.

Tú y yo tenemos mucho en común con Mateo. Tal vez no estés robándole el dinero a tus semejantes, pero todos nos hemos convertido en una gran decepción. No damos la medida; no resultamos aceptables. Hemos dicho cosas que no deberíamos haber dicho. Hemos hecho cosas que desearíamos no haber hecho. Y aunque hemos frotado la mancha con energía, no la hemos podido sacar.

No puedo evitar preguntarme si en un intento por ignorar las manchas de su vida, Mateo había elegido llevar una existencia de recaudador de impuestos. Eso suele suceder cuando hacemos malas elecciones, ¿no es así? Un error va formando una bola de nieve que desemboca en el siguiente error, y al mismo tiempo uno piensa: “¿Qué sentido tiene? Para qué siquiera intentarlo?”. Cualquiera haya sido el pasado de Mateo, él llegó a un punto en el que ni siquiera intentaba esconderlo.

Estoy seguro de que Mateo había oído que un nuevo rabí había aparecido en escena. Su nombre era Jesús y hacía las cosas de un modo diferente. Y luego, un día, cuando Mateo estaba en su cabina de recaudador de impuestos, Jesús se detuvo y le habló. Nadie podía haber predicho lo que Jesús iba a decirle. Solo fue una palabra, pero ella lo cambió todo para Mateo. Jesús le dijo: “Sígueme”. ¿Un rabí judío le pedía a un recaudador de impuestos del opresor gobierno romano que fuera uno de sus seguidores?

 

Todos, sin excepción

¿Saben por qué conocemos el pasado de Mateo como recaudador de impuestos? ¿Saben por qué estamos al tanto de que sus amigos eran borrachos, prostitutas y ladrones? Nos hemos enterado de todo eso porque Mateo nos lo contó. Nos abrió las puertas, nos mostró su mancha y nos relató una historia de amor y gracia.

Cuando Jesús invitó a Mateo a que lo siguiera, estaba dejando en claro que era una invitación que no solo se la extendía a la elite religiosa, o moralmente rectos y a aquellos que tenían la vida bien organizada, sino también a todos aquellos de nosotros que escondemos algunas manchas. Jesús descarta el proceso de selección elitista y hace una invitación abierta.

Cuando leemos la palabra cualquiera en la invitación de Jesús no podemos evitar pensar que debe tener un asterisco al lado. Aun cuando no lo tenía cuando Jesús dijo estas palabras, pareciera que a través de los años la Iglesia ha colocado un asterisco junto a su invitación. El cartel ubicado en el frente de la iglesia dice: “Le damos la bienvenida a cualquier que llegue. Pero si uno mira cuidadosamente, encuentra el asterisco. Resulta que cualquiera quiere decir gente que parece tener su vida ordenada y no presenta luchas perceptibles. Cualquier no incluye a aquellos que luchan con adicciones o que han pasado por un divorcio. Cualquiera implica gente que se viste adecuadamente. Cualquiera significa aquellos que proceden de ciertos trasfondos sociales y económicos.

Eso sucede a veces en nuestras comunidades eclesiales. Decimos que cualquier puede ser un seguidor pero no queremos decir cualquiera en verdad.

Jesús invita a cualquiera, a cada uno, a que los siga; pero cuando esa personallega a la iglesia encuentra un asterisco. El mensaje, no muy sutil, es el siguiente: “Tenemos que permitirte entrar porque Jesús nos ordenó hacerlo, pero vamos a vigilarte”.

Así que allí estaba Mateo, sentado en su cabina de recaudación de impuestos, meditando sobre la oferta de este rabí. No cabe duda de que Mateo estaba al tanto de lo que involucraba esa invitación. Comprendía que significaba abandonarlo todo. Él había recibido una invitación y no había forma de responderla y continuar siendo el mismo. Decir que sí en cuanto a seguir a Jesús implicaba decirle que no a sus negocios lucrativos.

Cualquiera puede seguir a Jesús, pero no sin abandonarlo todo. Jesús dijo: “Sígueme”. Mateo 9:9 simplemente declara: “Mateo se levantó y lo siguió”.

En estos días, la gente no conoce al Mateo del fracaso y la vergüenza, que vendió su alma a los romanos por un trabajo. Conocemos a Mateo como seguidor de Jesús que escribió el primer libro del Nuevo Testamento.

Resulta importante comprender que la gracia de Dios no nos invita a simplemente seguirlo; nos enseña cómo seguirlo. El solo hecho de que Mateo hubiera decidido dejar atrás su pasado y comenzar a seguir al Señor no lo hacía perfecto. Lejos de ello. Aun después de que decidimos seguir a Jesús, continuamos necesitando su gracia para el camino.

Me pregunto si habrás pasado un momento en que la mancha quedó expuesta. En que se vio que eras culpable. Y tú sabes lo que mereces. Sabes lo que se te viene. Pero las palabras de Jesús son palabras llenas de gracia. Él dice: “Sígueme”. Tú piensas: “Debe haber un error. ¿No sabe quién soy? ¿No sabe lo que he hecho?”. Sí, Él sabe lo de las manchas. De hecho, Él murió en la cruz para que ellas pudieran ser lavada completamente y quedaran más blancas que la nieve. Y a causa de su gracia, nos encontramos en la misma encrucijada que Mateo.

La invitación de Jesús a seguirlo comienza con un: “Si alguien….”.

Y resulta que alguien significa alguien.

Alguien se refiere a mí. Alguien se refiere a ti.


Por Kyle Idleman
Tomado del libro: 
Vida

 Image size: 94x150, 24.902Kb Image type: png

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*