Todavía hay algo que festejar

Porque a veces la Navidad se tiñe de superficialidad

Por Evangelina Daldi

Debo reconocer que conozco muchas personas, incluso cristianas, que reniegan de las fiestas. Lo ven como “un lío”. Organizarse dónde se pasa cada día. Qué llevar. La comida. Los regalos. Los familiares con los que quizá no se tiene tanta relación. Aquellos que directamente no caen bien. Los recuerdos de personas, seres queridos que ya no están, heridas que no sanaron. Promesas que siguen sin cumplirse y los sentimientos que esto provoca. Y seguramente alguna cosa que otra más que no menciono.
Me cuesta relacionar todo esto con el gran nacimiento que supuestamente deberíamos recordar y festejar. Si estamos enfocados en todos estos conflictos y sentimientos dolorosos, lógicamente, no estamos enfocados en la llegada al mundo de nuestro Salvador.

Y creo que deberíamos tomar una decisión y ponernos manos a la obra. Que este 25 de diciembre deje de ser una Navidad alocada como todas las demás, que despojemos a ese día de cualquier complicación impuesta por nosotros mismos. Que abramos nuestro corazón para disfrutar y festejar con los familiares y amigos que aún nos acompañan. Que cuando alcemos las copas festejemos el nacimiento de nuestro Señor Jesús, nada menos. Y que también festejemos lo que Jesucristo representa en nosotros: la esperanza de que no todo está perdido, la esperanza de que podemos ser redimidos, la esperanza de que nuestro destino no está atado al azar. El Niño nació y con él nacieron nuestros sueños. Con Él nacieron nuestras fuerzas para seguir adelante. Con Él nuestra deuda fue saldada. Con Él nació el que le da sentido a nuestra existencia. Con Jesús nuestro caminar tiene sentido. Con Él no solo nos espera la vida eterna como una figura de cielo celeste al final de la vida terrenal, sino que con Él todo el camino es una aventura, para nada sencilla, pero sí con la seguridad de que todo está bajo su control. Con Jesús nuestra vida fue comprada y puesta en libertad; ya no vivimos en esclavitud. Ya no vivimos (o no deberíamos vivir) pagando un precio imposible de saldar. Todo eso quedó atrás. Jesús nació y con Él nuestro gozo, nuestra alegría, nuestros sueños, nuestro deseos.

Si esto no nos sucede, entonces debemos hacer un parate y revisar qué está mal. Si la Navidad no representa todo esto, si Jesús no representa todo esto, entonces habrá que hacer un service y ver qué está fallando.
Porque la vida, y la cristiana menos, no es un parque de diversiones, no es fácil, no es color de rosas, no. Es dura y es difícil. Pero en toda esa oscuridad, nace Jesús. Y el panorama cambia radicalmente. Nuestras expectativas cobran vida. Nuestros sueños florecen. Hay un motor que nos lleva a más.
Y todo eso es lo que festejamos. ¿Hay dolor? Claro. ¿Hay pérdidas? Por supuesto. ¿Hay heridas? Seguramente. ¿Hay promesas rotas? Puede ser. ¿Hay silencio? Quizá. ¿Hay desconcierto? Tal vez. Pero aún ahí, aún entre medio de todo eso, nace Jesús. Y eso quiero festejar. A Jesús, su vida y la vida que nos dio a nosotros.
Es por eso que alzo mi copa y agradezco con total humildad ese acto de amor tan incomparable. Nada se le parece. Nada es similar.
También alzo una oración para que ese regalo de vida que nació con Jesús pueda yo extenderlo a todos los que me rodean.
Y no me olvido de orar para que nuestro Salvador también nazca en medio de nuestra nación, en cada rincón, en cada lugar, en cada pueblo remoto, en cada barrio de cada provincia.
Gracias, Jesús; simplemente gracias por nacer y cambiar nuestra total existencia.

¡Feliz Navidad para todos!

Por Evangelina Daldi
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1 comentario en Todavía hay algo que festejar

  1. Muy edificante la nota, y es la realidad en muchas familias, recuerdos de personas que partieron y cuantas veces perdemos de vista el motivo de la Navidad, el nacimiento de Jesús, nuestro hermano que nos dejó un ejemplo de vida, de amor al prójimo, de perdón y a través de él llegar a nuestro amoroso y perdonador Padre del Cielo. Desde que comencé a leer la Biblia y congregarme mi vida cambió totalmente, dio un giro único, Dios sanó mi vida, cambió un manto de tristeza por un manto de alegría, una alegría que jamás había experimentado y la cual era plan de Dios, plan armonioso de Dios que yo tuviera una alegría especial para compartir con todas las demás personas. Gracias PAPÁ DEL CIELO!!!!!!!!!!!!! GRACIAS POR TODAS LAS BENDICIONES QUE DAS A MI VIDA Y A LA VIDA DE TODOS LOS QUE TOMAN LA MEJOR DECISIÓN DE SUS VIDAS QUE ES COMENZAR A CAMINAR TUS CAMINOS. ROMINA LHOMY

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