Mentalidades peligrosas

Que nuestra mente sea solo la de Cristo

Por Alejandro Rodríguez

Los diferentes movimientos sociales, políticos y económicos en nuestras sociedades, no solamente producen cambios en los gobiernos, en el mundo empresarial, en la educación y en los medios de comunicación, sino también en las familias y, por supuesto, en la iglesia, que no queda exenta de ser afectada por alguna de estas corrientes.

Permíteme usar algunas descripciones familiares para reconocer la mentalidad de muchos de nosotros que nos ayudarán a ubicarnos en qué parte del mapa conceptual de nuestra vida nos encontramos.

De acuerdo a nuestra mentalidad ministerial, familiar e individual, respondemos fuertemente influidos por nuestro trasfondo socio-económico y cultural.

Estas barreras conceptuales son un estorbo para un avivamiento dentro y mediante la iglesia. Queremos cambiar el comportamiento o acciones externas (los gobiernos le llaman política), ¡pero eso no son más que remiendos, parches, que son pan para hoy y hambre para mañana! No hay un cambio de fondo porque el comportamiento es una expresión de la cultura (el ser y la idiosincrasia nacional). Pero a su vez las culturas son modeladas por argumentos, conceptos, ideas que nutren la cultura y producen conductas. En otras palabras, ¡las ideas traen consecuencias!

Pero estos argumentos no aparecen de la nada; responden a una fuerte influencia espiritual, fortalezas que responden al reino de las tinieblas, contra el cual es nuestra lucha. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo(2 Corintios 10:4-5).

Por lo tanto: son fortalezas espirituales las que generan argumentos, filosofías, ideas que traen consecuencias sobre nuestra cultura, nuestra forma de ser, la cual se traduce en nuestras acciones, políticas o conductas. ¡Estas fortalezas nos han llevado a diferentes clases de mentalidad en nuestras naciones! Veamos algunas de ellas:

Mentalidad estatal

Esta mentalidad cree que el Estado o la iglesia es responsable de hacerlo todo. ¡Alguien debería limpiar; falta más evangelización en la iglesia; alguien tendría que hacer algo! Es similar a la mentalidad que tenía Israel en el desierto: siempre esperando por agua, por comida, ¡por todo!

El creyente estatal siempre se queja, nada le parece suficiente; tiene una actitud de permanente demanda; la culpa siempre la tienen los demás. Él siempre dice lo que los demás deberían hacer en la obra. Critica todo, pero raramente se compromete con algo.

Siempre el peso de lo que no se realiza recae sobre las circunstancias externas y sobre las demás personas: “¡Yo soy el primero que quisiera salir a evangelizar, pero todavía no se ha formado el departamento de evangelización en la iglesia! O: “Tendríamos que abrir un comedor comunitario en la iglesia, destinado a la gente”, pero no está ni siquiera dispuesto a entregar un paquete de arroz o harina a la gente más pobre que golpea su puerta.

Por eso viven en una permanente ilusión; a la espera de algo mágico que venga de afuera, hecho por otros, creyendo que así van a participar; pero lo más triste es que cuando se les facilita todo para que participen, ¡aun así no responden!

La mentalidad estatal bloquea la iniciativa, anula la creatividad, justifica la inconstancia y acusa a los demás.

¡No te dejes hundir por las situaciones que te rodean! El Señor nos ha dado dones, capacidades para que las desarrollemos. Comienza a moverte con lo que tengas en tu mano, por más insignificante que parezca. Seamos fieles con lo que hoy sabemos, con lo que hoy tenemos, y con lo que hoy podemos. Y nuestro maravilloso Dios abrirá las puertas que hoy todavía están cerradas.

Mente privatizada

Como todos sabemos muy bien, en estos últimos años toda Latinoamérica y otros países en el mundo han entrado en una corriente privatizadora de muchas de sus empresas estatales con la finalidad de reducir pérdidas y de pagar su deuda externa.

Esta mentalidad privatizada en muchas iglesias se manifiesta así: “Que me atiendan, me visiten; busco una buena alabanza, un buen mensaje, un buen grupo de jóvenes. Según el servicio que ofrezcan entonces ese será el lugar escogido para congregarme”.

El “yo” es el centro de los beneficios. Es por eso que en muchos lugares, se le denomina “servicio” a lo que tendría que ser un culto a Dios, donde le adoramos y le ministramos a Él. La mentalidad privatizada fomenta el egocentrismo, aumento la independencia y busca la satisfacción personal.

Mentalidad globalizada

Se manifiesta en aquellos creyentes cuyas convicciones son fácilmente moldeadas por la influencia de la mayoría, la presión de las masas, las diferentes corrientes de pensamiento, y las transformaciones sociales y culturales que se mueven por todas partes.

El pensamiento globalizado sigue la filosofía humanista, se sustenta en el hombre como centro de todo y desplaza a Dios. Manifiesta en espíritu de “control” mediante el cual pocos moldean la forma de pensar de todos los demás alrededor del mundo.

La mentalidad globalizada es “popular y masiva”, y eso nos quiere hacer creer que por esto es “verdadera”. No te subas al tren de todo lo que sea masivo, aún dentro del cristianismo. No todo lo que es popular viene necesariamente de Dios. Es La Biblia, La Palabra de Dios, la que nos da los “valores del Reino de Dios” para la vida.

El concepto es: “No preguntes nada, no seas muy directo, que nadie se ofenda, que todo sea ligero y moderado, ya que la fe es algo privado de cada uno, y el individuo es el único rector de ella; pudiendo entonces ser cristiano “a su manera”.

En la mentalidad globalizada todo está bien si te hace feliz, si todo está bajo control y si todos estamos encaminados a pensar, creer, hacer y consumir lo mismo que la mayoría!

Por Alejandro Rodríguez
Tomado del libro: Avivamiento ¡zona de riesgo!
Vida

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