Cuando tu oración te aburre

Dale un cambio a tu vida de oración

Por Donald S. Whitney

Si la oración es hablar con Dios, ¿por qué la gente no ora más? ¿Por qué el pueblo de Dios nos disfruta más de la oración? Yo creo que mucha gente (genuinos cristianos) a menudo no ora porque, simplemente, no desea hacerlo. La razón por la que no lo desean es porque, cuando oran, tienden a decir las mismas cosas de siempre.
Cuando has dicho mil veces las mismas cosas de siempre acerca de los mismos temas, ¿cómo te sientes al decirlo una vez más? ¿Te atreves a pensar en la palabra que empieza con A? Sí, ¡aburrido! Podemos hablar con la persona más fascinante del universo y de las cosas más importantes en nuestras vidas y seguir muertos de aburrimiento.
Como consecuencia, muchos buenos cristianos pueden terminar diciendo: “Debo ser yo. Debo tener algo mal. Si me aburre algo tan importante como la oración, entonces debo de ser un cristianos de segunda categoría”.

En realidad podríamos preguntarnos: ¿por qué la gente se aburre al hablar con Dios, más aún cuando hablan de cosas que son tan importantes para ellos? ¿Será que no aman al Señor? ¿Es posible que, muy en lo profundo, nos importe poco la gente y los temas por lo que oramos? No lo creo. Por el contrario, si este aburrimiento y ese divagar describen tu experiencia de oración, yo podría argumentar que si en tu habita el Espíritu Santo, entonces el problema no eres tú: es tu método.
Date cuenta de esta condición importante: “si en ti habita el Espíritu Santo”; ningún método avivará la oración en una persona que no es habitada por Él. Tal persona no tendrá un apetito prolongado por la oración ni ningún deseo de mantenerlo en el largo plazo.

“Debo ser yo quien está mal”
Mientras esta pasión, producida por el Espíritu Santo, ejerce presión desde un lado de nuestra alma, sentimos también la presión de nuestra propia experiencia chocando contra ella. Nuestra experiencia nos dice: “Pero cuando oro, de verdad es aburrido”. Cuando la oración es aburrida, no sentimos el deseo de orar. Y cuando no sentimos ese deseo, es muy difícil forzarnos a nosotros mismos a hacerlo. Aun cinco minutos de oración pueden parecer una eternidad. Nuestra mente dovaga todo el tiempo. De repente volvemos a concentrarnos y pensamos: “¿Dónde estaba? Dejé de pensar en Dios durante varios minutos”. Entonces volvemos al guión mental que hemos repetidos en innumerables ocasiones; pero, casi de inmediato, nuestra mente vuelve a divagar otra vez porque hemos vuelto a repetir las mismas cosas de siempre sobre los mismos temas de siempre.
“Debo ser yo”, concluimos, “se supone que orar no debe ser así. Soy un cristiano de segunda categoría”.
No, estoy casi seguro de que el problema no eres tú; es tu método.

El método que usa la mayoría de los cristianos es repetir las mismas cosas de siempre sobre los mis temas de siempre. Cuando la oración consiste en repetir las mismas frases usadas para todas las ocasiones, es natural que nos preguntemos acerca del valor de esta práctica.
Una sola oración no produce una vida de oración. Las oraciones sin variedad terminan siendo palabras sin significado. Jesús dijo que orar de esa manera es en vano. Ya en el Sermón del Monte advirtió: “Y al orar, no hablen sólo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras”(Mateo 6:7).
Pero presta atención: el problema no radica en que oremos por las mismas cosas de siempre. Orar de manera rutinaria por las mismas personas y circunstancias es normal. Si tú vas a orar por tu vida, y tu familia, tu futuro, tus finanzas, tus trabajos, alguna preocupación cristiana y alguna crisis actual son tu vida, y si esas cosas no cambian de manera significativa tan a menudo, quiere decir que vas a orar por estas mismas cosas muchas veces. Eso es normal.

Por lo tanto, el problema no es que oremos por las mismas cosas de siempre, sino que usemos las mismas palabras cada vez que oramos por las cosas de siempre.
Entonces, ¿cuál es la solución a la rutina aburrida de decir siempre las mismas cosas acerca de lo mismo de siempre? Aquí está: cuando ores, ora a través de un pasaje de las Escrituras, de manera particular a través de un salmo.

Es probable que esto no sea tan dramático como lo esperabas; es posible que hayas escuchado algo como esto antes. Si es así, es casi seguro que fue cuando alguien estuvo enseñando a través de alguna de las oraciones del apóstol Pablo (por ejemplo, Efesios 1:15-23; Filipenses 1:9-11), y dijo: “Deberíamos hacer estas oraciones hoy en día”. En eso estoy de acuerdo; nosotros deberíamos hacerlo. Mejor aún, creo que deberíamos orar todo lo que hay en las cartas de Pablo, no solo sus oraciones.
El mejor lugar, sin embargo, para aprender a orar a través de un pasaje de las Escrituras está en el libro de los Salmos. De este modo, lo que básicamente tú haces es tomar las palabras que se originaron en el corazón y la mente de Dios, y las haces circular a través de tu corazón y tu mente de regreso a Dios. De este modo, sus palabras vienen a ser las alas para tus oraciones.
Por Donald S. Whitney
Tomado del libro: Orando la Biblia
B&H

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