Tienes un nuevo Propietario

Ahora le perteneces a Jesucristo

Por Larry Christenson

Piensa como si vivieras en un departamento. Vives allí bajo las órdenes de un propietario que ha hecho que tu vida sea miserable. Te cobra un alquiler exorbitante. Cuando no puedes pagar, te concede un crédito por el que tienes que pagar un aterrador interés, con lo cual logra que estés meas endeudado con él. Entra en el apartamento sin pedir permiso, a cualquier hora, echa a perder y ensucia todo, y luego te cobra una cuota extra por no mantener bien el local. Tu vida es, pues, miserable.

Luego viene alguien que te dice: “He comprado este edificio. Puedes vivir aquí sin pagar nada, hasta que lo desees. El alquiler ya está pago. Yo voy a vivir aquí en el edificio”.

¡Qué alegría! ¡Te salvaste de las garras del antiguo propietario!

Pero, ¿qué sucede? Que casi no te queda tiempo para regocijarte en la libertad nueva que acabas de hallar, pues alguien toca en la puerta. ¡Y ahí está el antiguo propietario! Indigno, con mirada ceñuda y exigente, dice que ha venido a cobrarte el alquiler.

¿Qué haces? ¿Le pagas? ¡Claro que no! Le dices: “Usted tendrá que arreglarse con el nuevo propietario”. Él puede rugir, amenazar, tratar de sonsacar algo por medio de halagos y persuadir. Pero le repites con toda serenidad: “Entiéndase con el nuevo propietario”. Si él vuelve una docena de veces, con toda clase de amenazas y argumentos, sacudiendo en la cara de usted documentos legales, usted simplemente le dice una vez más: “Entiéndase con el nuevo propietario”. Al fin él tiene que hacerlo. Él lo sabe también. Solo que espera poder intimidarte, amenazarte y engañarte para que dudes de que el nuevo propietario es realmente capaz de encargarse de las cosas.

Ahora bien, esta es la situación del cristiano. Tan pronto como Cristo lo ha liberado del poder del pecado y del diablo, él puede confiar en ello: ese antiguo propietario pronto regresará a tocar su puerta. ¿Y cuál es la defensa del creyente? ¿Cómo impide que el antiguo propietario vuelva a levantar la mano del látigo contra él? Pues lo envía a que se entienda con el nuevo Propietario. Lo envía a que se entienda con Jesús.

Consejos prácticos

  1. No permitas que tus sentimientos te engañen. Los sentimientos son algunas de las armas más poderosas del antiguo propietario. Cuando él te pone todas las cuentas antiguas en tu cara, con ello despierta todos los sentimientos antiguos que tenías antes de que Cristo te liberara: el temor, la duda, la culpa, etc. Estos aparecerán de inmediato y más fuertes. No les tengas temor. Simplemente no los sigas. Más bien, con tranquilidad, dile a ese pensamiento: “Vaya y arréglese con Jesús”. Es probable que se necesite alguna persistencia de parte tuya, pero al fin, el pensamiento se irá. Tiene que irse. Tienes a tu disposición el Nombre del poder.
    Tu fe se enfrentará a una prueba práctica. ¿Estás dispuesto a confiar en la Palabra de Dios y en su promesa, a pesar de tus pensamientos o sentimientos?
    Recuerda esta sencilla regla: los sentimientos siguen a la fe.
  2. No te desanimes por la frecuencia o la repetición de la misma tentación. La repetición es otra de las armas preferidas del antiguo propietario. Tal vez podamos resistirlo dos, tres, cuatro veces; pero luego nos debilitamos. Él nos convence de que, al fin y al cabo, todavía estamos tan esclavos como siempre. Esa es la manera de abrirle la puerta y dejarlo entrar.
    Si el mismo pensamiento regresa cien veces el mismo día, cien veces, con toda tranquilidad y confianza, envíalo a Jesús. ¡Y alégrate! Sí, ¡regocíjate! Porque el antiguo propietario no puede venir a tocar ni una vez más, solo aquellas para las que Dios le dé permiso.
  3. No pienses que se necesita alguna clase de fuerza de voluntad sobrehumana. Este sistema íntegro de victoria en Jesús no se basa en fuerza de voluntad de ninguna clase: se basa en la fe; fe en la realidad y autoridad de Jesús.
    Supongamos que el antiguo propietario toca la puerta cuando el padre y la madre de la familia han salido a una tienda. La hija de 5 años se encuentra sola. Así que intimida con sus acostumbradas amenazas y exigencias a la pequeña. La niña en sí misma no tiene ninguna fortaleza. Solo tiene 5 años. Pero está preparada. Ella sabe en qué condiciones están las cosas.
    No por fuerza propia que en ella se halla, sino por causa de la incontestable autoridad del nuevo Propietario, le dice con calma y confianza: “Usted tendrá que ir a entenderse con el nuevo Propietario”. Ahí no hay temor, ni gritos, ni lucha, ni “fuerza de voluntad”. Solo simple confianza (la fe) en una autoridad incontestable. Eso es lo que tú tienes en Jesús: una autoridad incontestable.
  4. No alargues tu conversación con el antiguo propietario. En efecto, ¡hazle entender que tienes que hacer otras cosas más importantes! Por ejemplo, puedes acudir a Jesús en un acto de adoración, cántico o alabanza. Esto te guardará contra el peligro de que todo eso se te vuelve simplemente “una nueva ley”, una rutina que practicas más o menos con éxito, pero que realmente no edifica tu relación personal con Jesús. Cuanto te sujetas a Jesús, con ese acto consciente de adoración, la tentación se retira. No fue la ley la que te salvó. Simplemente, tú rendido todo a Jesús, por medio de un acto de adoración.

 

Por Larry Christenson
Tomado del libro: La mente renovada
Grupo Nivel Uno

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