Ponga en práctica la sanidad

Los milagros pueden formar parte de su diario vivir

Por Charles & Frances Hunter

Recuerda la historia en Mateo 8 acerca del centurión que le dijo a Jesús: basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano”(v. 8). ¡La gente sigue siendo sana de la misma forma hoy! Un amigo o familiar se pone en una línea de oración por alguien que tal vez está a miles de kilómetros de distancia, y esa persona es sanada por el poder de Dios, porque Él es omnipresente. ¡Es fascinante reconocer que Dios puede estar en todo lugar al mismo tiempo exactamente!

Hace algunos años fui invitada a una iglesia. Al final del servicio comencé a compartir lo que Dios está haciendo en el mundo hoy, cómo Él está derramando su Espíritu.

Después de la reunión, una mujer se acercó a mí y me dijo que tenía una amiga a quienes los doctores le decían que iba a morir. Estaba en cuidados intensivos en un hospital a varios kilómetros de distancia. Me dijo: “¿Cree que Dios la sanará?”.

Le dije que lo único que sé es lo que La Biblia dice, y dice que Jesús le dijo al centurión: “¡Ve! Todo se hará tal como creíste. Y en esa misma hora aquel siervo quedó sano”(v. 13).

Y pensé: “¿Qué tengo que perder?”. Cuando pongo mis manos sobre un enfermo, no tengo nada que perder, ya sea que sane o no, porque la Biblia me dice que muera a mí misma. Cuando usted ha muerto a sí mismo, no se preocupa por su reputación. Ningún muerto puede sentarse en su ataúd y decir: “¿Y qué acerca de mi reputación?”.

Comencé a orar por la amiga de esa mujer. Dije: “Padre, ni siquiera sé quién es, no sé cuál es su problema; pero Dios, pido que hagas una obra sobrenatural, toques su cuerpo y le sanes, desde la cabeza hasta la planta de sus pies”. Entonces dije: “Gracias Jesús”. Esas palabras son dos de las palabras más importantes que usted dirá jamás. Cando dice: “Gracias, Jesús”, ¿sabe lo que está haciendo? Esta diciendo: “Jesús, creo que lo has hecho, por lo tanto te voy a dar gracias”. Si realmente creemos que Dios ha escuchado nuestra oración, seremos desagradecidos si no damos gracias.

Aun si usted ora por una fila de mil personas, dé gracias a Dios después de cada uno. Cada vez que dice gracias, le está diciendo a Dios: “Creo que está hecho, y lo recibo como un milagro realizado en el nombre de Jesús”.

Después de orar por la amiga de esta mujer dije: “Gracias, Jesús”, pero entonces hice algo que no había hecho antes. Miré mi reloj y dije: “Son las 11.37”. No supe por qué lo dije entonces, ¡pero ahora sí lo sé!

En un hospital, a varios kilómetros de distancia, algo pasó exactamente a las 11.37. ¡Jesucristo entró en un cuarto de hospital! Una mujer que estaba en cuidados intensivos, que se suponía oba a morir de cáncer, ¡se levantó inmediatamente de la cama! Con mucho cuidado se quitó todas las agujas de su brazo, desconectó el oxígeno, salió al pasillo y fue donde estaba el jefe de enfermeras.

La asombrada enfermera dijo: “¿Qué le sucedió?
La mujer dijo: “Jesucristo entró personalmente a mi habitación a las 11.37 y me dijo: ‘Levántate de la cama. Estás sana’”.

La enfermera dijo: “¿Tuvo una visión?”.

Pero la mujer respondió: “¡No, Jesucristo personalmente entró a mi habitación!”.

¡Qué Padre tan amoroso tenemos! El poder sobrenatural de Dios había tocado a esa mujer instantáneamente cuando oramos por ella; y lo confirmé al mirar mi reloj, así supimos que Jesús entró en acción en respuesta a la oración, al mismo instante, en un hospital a muchos kilómetros de distancia.

Algunas veces podemos sentir que es más fácil orar por alguien en quien podemos poner nuestras manos, pero si hiciéramos más oraciones de intercesión por gente que está lejos, nos sorprendería ver los milagros que Dios hace.

¡Haga una lista ahora mismo y ocúpese en la oración!

Fe en acción

La historia de Naamán (2 Reyes 5:1-15), es una historia excitante de la fe en acción. la Biblia nos dice que Naamán era un gran hombre, muy honorable, y un hombre de gran valor, pero tenía lepra.

Pero había una joven sirvienta en la familia de Naamán a quien Dios usó en la vida de este gran hombre. Muchos hubieran pensado que una simple sirvienta estaría en la categoría más baja, pero ella fue quien le dijo a Naamán cómo podía ser sano. La persona que tenía la posición más baja en la casa era la que Dios había instruido. Él no hace acepción de personas. No le importa quién es usted, solo le importa si está dispuesto y tiene la voluntad de hacer lo que Él le diga.

Naamán llevaba mucho oro y plata, porque iba a tratar de comprar su sanidad, pero no podemos comprar la sanidad de Dios. La sanidad divina es absolutamente gratuita. ¡El precio fue pagado hace dos mil años, cuando Jesús murió en la cruz! Pienso que cuando Naamán se acercó a la puerta, pensó que Eliseo saldría, se inclinaría ante él y diría: “Hola, Sr. Importantísimo; estoy muy contento de que haya venido. Me doy cuenta de que es un gran hombre y un gran general, que tiene mucho dinero y muchos carruajes”. ¡Pero Eliseo ni siquiera salió a saludarlo!

Eliseo no fue descortés; creo que Dios le enseñaba una lección a Naamán porque Eliseo envió un mensajero y le dijo que fuera a lavarse en el Jordán siete veces, y que sería sano.

Naamán tenía una gran decisión que tomar. El río Jordán no se comparaba en hermosura al río que Naamán tenía en el patio de su propia casa.

¿Qué pensaría usted si hubiera llegado con sus mejores ropas, todo lo mejor que tiene, y un profeta simplemente le dijera que fuera a sumergirse en ese río lodoso no solo una vez, sino siete veces? ¡Es posible que hubiera reaccionado de la misma forma que Naamán! ¡Se enojó! Pero la gloria del Señor por el hecho deque Naamán tenía gente que sabía usar su sentido común trabajando para él, y ellos le recordaron que si Eliseo le hubiera dicho que hiciera alguna cosa muy grande, él la habría hecho. ¡Pero Eliseo le había pedido que hiciera algo que era inferior a su dignidad!

Muchas personas tienen el mismo problema, pero Naamán escuchó a sus amigos y fue y se sumergió siete veces en el río Jordán, con sus mejores ropas puestas. ¿Puede imaginarse lo que le costó limpiarlas después de salir del río lodoso? Pero fue obediente. ¡Aleluya! Naamán se sumergió no una vez, ni dos, sino siete veces. ¡Sí, ese es el número de la perfección en Dios. ¡Aleluya!

Si Naamán hubiera ignorado las instrucciones del profeta habría muerto leproso, pero porque fue obediente y estuvo dispuesto a humillarse y descender al río y sumergirse en el agua lodosa, fue sano por el poder de Dios. ¡Puso su fue en acción!

La fe es algo que debe ponerse en acción. No es un a cosa estática. No es neutral; o crece o disminuye. Su fe nunca se quedará en el mismo nivel. Usted entra en la Palabra de Dios cada día, ¿y qué le pasa a su fe? ¡Empieza a crecer y crecer y crecer; pero si se sale de la Palabra de Dios, su fe empieza a disminuir y disminuir! Por eso debe de poner su fe en acción. ¡Debe leer su Biblia! ¿Sabía que leer la Palabra es una acción? Se necesita vigor y autodisciplina para entrar en la Palabra de Dios y leer la Biblia, de modo que necesitamos mantener nuestra fe en acción en todo momento. Si nunca sale y pone su fe en acción, y si nunca sale y pone esta enseñanza en acción, ¿sabe cuánto es lo que logrará? Nada, ¡absolutamente nada! ¿Qué sucederá cuando lo haga? Todo, ¡absolutamente todo!

Algunas claves

Si le pidiésemos al cristiano promedio que ministrara sanidad a un individuo, lo primero que haría probablemente sería cerrar sus ojos lo más fuerte posible. Por alguna razón muchos cristianos tratan de ser “religiosos”, esforzándose por impresionar a Dios de alguna forma, con lo “súper espirituales” que son.

Para evitar esa tentación, las siguientes son algunas cosas a recordar: ¡el ser piadoso no sanará al enfermo! ¡El ser religioso no sanará al enfermo! ¡El cerrar los ojos no sanará al enfermo! ¡Tener miedo para ministrar tampoco!

No ha sido sanada cada una de las personas por las que hemos orado, pero siempre vemos a más y más gente ser sanada. La clave es despojarse del ego para no preocuparnos de lo que gente pensará de nosotros.

Sea natural en todo lo que hace. Tengo un recordatorio escrito detrás de mi Biblia: “Mantén tu boca cerrada cuando yo oro”.

La razón por la que digo esto es porque Jesús nos dijo que estuviésemos en acuerdo, y dijo que si dos o más personas estamos de acuerdo sobre algo, nos será hecho (Mateo 18:19). Si estoy ministrándole sanidad, Dios puede tener una palabra especial de sabiduría o de conocimiento que usted necesita escuchar. Pero si impongo mis manos y usted está diciendo: “¡Oh, Jesús! Gracias, Jesús. ¡Por favor, sáname Jesús”, usted no escucha ni una palabra de lo que digo. ¡No escucha la palabra que necesita oír para ser sano!

Si usted ora mientras yo oro, ¿cómo puede estar de acuerdo conmigo si no sabe lo que estoy diciendo? ¿Y cómo puedo estar de acuerdo con usted si no sé lo que dice? Si desea alabar a Dios, clamarle a Él, hágalo en todas las formas que pueda. Alabe a Dios en su idioma natal, ore en lenguas, invoque su nombre, declare la Palabra; pero cuando le ministran para recibir sanidad, mantenga sus oídos en sintonía y “mantenga su boca cerrada”.

Por Charles & Frances Hunter
Tomado del libro: Cómo sanar a los enfermos
Whitaker

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