El liderazgo tóxico

Causa daños muchas veces irreparables

Por Sergio Matviuk

He pasado la mayoría de mi vida adulta como miembro o parte de algún tipo de organización. He trabajado en empresas y en organizaciones sin fines de lucro. He interactuado con organismos gubernamentales, he servido en instituciones educativas y también en organizaciones eclesiásticas.

A través del paso por estas organizaciones he tenido el privilegio de servir bajo el liderazgo de personas que he admirado. En ocasiones me tocó trabajar bajo la supervisión de jefes difíciles, mediocres o ineficientes, a quienes aprendí a tolerar y en algunos casos hasta encontré la forma productiva de trabajar con ellos. Sin embargo, también tuve la mala fortuna de fungir bajo la dirección de personas que dañaron mi confianza en el liderazgo y causaron un impacto negativo en mi vida y en la organización en la que me encontraba. De estos últimos quiero hablar en este artículo. Quiero hablar de los líderes tóxicos.

Jean Lipman-Blumen define a los líderes tóxicos como “esos individuos que debido al impacto de sus conductas destructivas y cualidades personales disfuncionales, generan como resultado un envenenamiento serio y duradero en la vida de las personas, familias, organizaciones, comunidades o aún en sociedades enteras que estos lideran”. Personalmente defino el liderazgo tóxico como el tipo de liderazgo que envenena, lastima, ofende e impacta negativamente en forma duradera.

No estamos hablando simplemente de jefes difíciles, supervisores autoritarios, políticos en los que no se puede confiar o de aquellos líderes que simplemente tienen mal carácter o son muy estrictos. Estamos hablando de algo mucho más serio y pernicioso. Estamos hablando de líderes que intencionalmente o sin intención lastiman y causan un daño permanente en las personas y las organizaciones.

Los líderes tóxicos intencionales causan daño deliberado o sacan beneficio propio a costa de los demás. También están los líderes tóxicos que lo son sin intención, pero que también causan daños serios por sus conductas irresponsables, comportamiento desconsiderado o por incompetencia. En ambos casos, el líder tóxico produce daño duradero en las personas y las organizaciones, el cual, y por lo general, lleva mucho tiempo reparar o sanar.

Expertos en liderazgo afirman que los líderes tóxicos son, de alguna medida, resultado de sus seguidores, quienes toleran sus conductas tóxicas. También afirman que en muchos casos un líder que es considerado tóxico por algunos, es apoyado y respetado por otros. Por ello muchos líderes tóxicos persisten con sus conductas porque perciben el apoyo de un grupo o un sector.

La realidad es que cualquier persona en una posición de liderazgo tiene el riesgo de desviarse y convertirse en un líder tóxico basada en la percepción de que hay un grupo que lo apoya. La opinión favorable que un grupo de personas tenga sobre nuestro liderazgo no es garantía, ni la referencia última de un liderazgo saludable. Siempre puede haber otro grupo que nos perciba como tóxicos. Necesitamos otro marco de referencia más seguro para evaluar nuestro liderazgo. La Biblia ofrece dicho marco para que nosotros como líderes cristianos sepamos cómo evitar transformarnos en líderes tóxicos.

Principios bíblicos para evitar el liderazgo tóxico

El gran mandamiento de la Biblia que encontramos en Mateo 22:37-39 dice “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No podemos decir que profesamos amor a Dios si no nos preocupamos por los demás como nos preocupamos por nosotros mismos. Es simplemente imposible de acuerdo a las Escrituras. La forma que expresamos nuestro amor al prójimo se revela en las instrucciones de Jesús en Mateo 7:12:“Así pues, hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes…”. Esta es la llamada regla de oro de la vida cristina, y yo diría la regla de oro del liderazgo efectivo y saludable.

Si todos los líderes obedecieran estos mandamientos, no habría liderazgo tóxico. Estoy seguro que no existe persona normal que le guste ser ofendida, lastimada, denigrada, subyugada o maltratada. Eso no sería normal. Por lo tanto es anormal que existan líderes cristianos que dicen amar a Dios y obedecer su palabra pero ofenden, lastiman, denigran, subyugan y maltratan a sus colaboradores. Muchos de estos líderes tóxicos se apoyan en su función y preocupación por alcanzar una visión para hacer lo que sea para alcanzar sus objetivos. Esa posición es errónea, opuesta a las enseñanzas de la Palabra de Dios. No existe en la Biblia, particularmente en el Nuevo Testamento, ninguna instrucción que permita a los líderes maltratar a los demás debido a su rol, función, visión o pasión por las cosas de Dios. El llamado del liderazgo cristiano es a servir a los demás y a tratar a otros como queremos que los demás nos traten a nosotros.

Todo esto debe servirnos como reflexión para la evaluación de nuestro liderazgo. Cualquier líder corre el riesgo de convertirse en un líder tóxico si no tiene una referencia ética y espiritual sólida. Seamos líderes responsables que obedecen y se preocupan por el gran mandamiento de Dios y por la regla de oro de la vida cristiana para desarrollar liderazgos sólidos y saludables.

Por Sergio Matviuk
Director Ejecutivo de la Universidad Regent
Columnista de LíderVisión

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