El lado incómodo del crecimiento

Porque no siempre el proceso es placentero

Por John Bevere

Creo que estará de acuerdo que la meta general para cada creyente es crecer. La Biblia es muy clara sobre este asunto: permanecer como un niño espiritual no es bueno. Crecer más allá de la infancia espiritual y convertirse en un hombre o mujer de Dios maduro es lo que se propone con cada creyente. Estoy seguro de que no se sorprenderá de que maltrato sea una de las tácticas de entrenamiento que Dios usa para ayudarnos a ser adultos espirituales. Pablo nos explica cómo funciona esto: Por tanto, ya que Cristo sufrió en el cuerpo, asuman también ustedes la misma actitud; porque el que ha sufrido en el cuerpo ha roto con el pecado”(1 Pedro 4:1).

Otro significado para “ha roto con el pecado” es “alcanzó completa madurez espiritual”.

La Biblia describe varias etapas y niveles de crecimiento espiritual que contiene similitudes con lo que ocurre con nosotros físicamente.

empezamos como bebés completamente dependientes del cuidado de nuestros padres y otros adultos. Como nuevas criaturas espirituales esto es de esperar: “deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación”(1 Pedro 2:2). No hay nada malo con la leche espiritual para un recién nacido. De hecho, es perfecta para un bebé, porque es todo lo que el sistema digestivo espiritual de un recién nacido puede manejar. Pero en algún punto el bebé deberá dejar a un lado la leche y moverse a un alimento más sólido.

Por eso encontramos que la Biblia también nos llama niños: “Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas”(Efesios 4:14).

Y finalmente, la Escritura menciona la adultez espiritual: “En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual”(Hebreos 5:14).

Sin embargo, quiero señalar unas diferencias significativas entre el crecimiento físico y el espiritual. Asumiendo que otras cosas son normales, el crecimiento de su cuerpo físico es principalmente una función del tiempo. Nunca se ha dado el caso de un niño de 2 años con dos metros de altura. Desarrollo físico como ese requiere por lo menos quince años o más.

El crecimiento intelectual es también diferente del físico. Usted puede ser muy inteligente y muy joven. Algunos niños pequeños pueden poseer un genio increíble. Estudiantes especialmente precoces han terminado la secundaria y la universidad a los 15 años. Aun así, algunos adultos de 50 años están en programas especiales para terminar la secundaria. El desarrollo intelectual no es una función del tiempo sino del aprendizaje.

Ahora bien, el crecimiento espiritual es diferente tanto del físico como del intelectual. No es un asunto de tiempo. Algunos nuevos convertidos alcanzan una gran estatura en solo un año, mientras otros que han sido cristianos por décadas todavía usan pañales.

Por otro lado, el crecimiento espiritual no es solamente una función del conocimiento. Cuando Jesús vino a la tierra los grandes de la religión de su día, los fariseos, manejaban mucha información acerca de Dios y las Escrituras. Muchos podrían citar los primeros cinco libros de la Biblia de memoria. Sin embargo, todo ese conocimiento no fue suficiente para reconocer al Hijo de Dios cuando lo tuvieron frente a sus narices.

La madurez espiritual no es solo función de aprendizaje y tiempo. Por supuesto que Dios puede usar la educación y el tiempo para ayudarnos a madurar, pero eso no lo garantiza. Podemos ver el 1 Pedro 4:1 lo que realmente nos hace “crecer” en el Señor, y eso es nada menos que el sufrimiento, y no quiero decir sufrimiento causado por nuestra propia necedad, sino el que se encuentra cuando somos obedientes a Dios.

Ahora usted podría pensar: “Yo conozco gente que ha sufrido y está amargada”. Es cierto, y eso es porque hay otro ingrediente clave para crecer. Lo encontramos en Hebreos 5:8: “Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer”. Jesús era completamente Hombre y completamente Dios, pero como el Hijo de Dios encarnado, también tuvo que aprender lo que era obedecer a su Palabra aquí en la Tierra.

¿Cómo crecemos espiritualmente? Cuando pasamos por trato injusto, aflicción y persecución, y todavía elegimos obedecer. Es fácil obedecer cuando brilla el sol, cuando está sentado con su familia y amigos en la iglesia, o cuando está en una conferencia o seminario cristiano. Cuando le gusta a todo el mundo y la vida parece inmejorable, ser obediente parece casi tan natural como la respiración. Pero cuando llega el huracán, cuando la gente le critica, cuando su jefe le persigue, cuando sus amigos le dan la espalda, cuando nada parece salir bien, si todavía escoge ser obediente y bendice a sus enemigos dándoles cuando no lo merecen, entonces es cuando la obediencia realmente cuenta para algo.

Por John Bevere
Tomado del libro:
Cómo responder ante el maltrato
Betania

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