No dejes de lado las pequeñas cosas

Porque en la vida no solo hay grandes cosas por hacer

Por Alex y Brett Harris

En la clásica novela de Rudyard Kipling, Capitanes intrépidos, a Harvey Cheyne, de 15 años e hijo de un rico magnate del ferrocarril, lo lanzan por la borda de un transatlántico y lo rescatan unos pescadores.

Con frío, mojado y olvidado por primera vez en su cómoda existencia, Harvey al principio intenta convencer a los pescadores de la gran riqueza de sus padres. Quiere que ellos abandonen su período de pesca y le lleven a la costa, donde promete que su padre les recompensará con generosidad. Sin embargo, sus ruegos no dan resultado. Al final, se ve forzado a ganarse la vida remendando redes y limpiando pescado.

Al principio, Harvey no puede creer en su mala suerte. El agotador trabajo, las largas horas, el hedor y el frío le angustian y le abruman. Aun así, con el paso del tiempo, Harvey cambia de forma misteriosa. Su cuerpo se endurece. Aprende a utilizar sus manos y cabeza para realizar las tareas y capear las pruebas de pescar en mar abierto. En realidad empieza a disfrutar de las dificultades y a admirar la fuerza y la inteligencia de sus nuevos compañeros.

Cuando al fin el barco regresa a puerto,  Harvey avisa por cable a sus padres, quienes acuden enseguida a la pequeña ciudad. Sorprendidos, descubren a un hijo transformado. Su muchacho perezoso y demandante se ha convertido en un joven diligente, serio y considerado. Sin querer ni necesitar más la constante adoración de su madre, Harvey está preparado para comenzar una exitosa carrera en las compañías navieras de su padre.

Quizá te sientas olvidado y solo, trabajando en rutinas si sentido que parecen garantizar que no llegarás a ninguna parte. Sientes que tienes un increíble potencial, pero todo se va a desperdiciar.

Lo cierto es que tu vida (tanto ahora como más adelante) requerirá que inviertas mucho tiempo y energía en cosas que no son grandes y que no parecen causar mucho impacto. Algunos días ni siquiera tienen sentido. A veces, las cosas más insignificantes pueden ser las cosas más difíciles de todas.

No solo es necesario hacer pequeñas cosas difíciles, sino que también proporcionan increíbles dividendos en la vida y en el futuro.

 

¿Por qué es tan difícil?

Durante nuestro período de práctica jurídica, nos sorprendió descubrir que las cosas más difíciles para nosotros no eran los proyectos que nos daban en el tribunal. Sin duda, esas cosas eran difíciles, pero también eran casi siempre emocionantes e importantes. Las cosas más difíciles para nosotros eran las pequeñas cosas como mantener limpio nuestro cuarto, irnos a dormir a tiempo, leer nuestra Biblia cada mañana y mantenernos en contacto con nuestra familia.

Es probable que hayas experimentado lo mismo en tu propia vida. Para ti podrían ser cosas como leer tu Biblia y orar. Quizá sea hacer tareas familiares cuando (y como) tu mamá quiere que las hagas. Tal vez sea levantarte a tiempo, hacer ejercicio con regularidad o decirles no a ciertas distracciones y tentaciones. Para nosotros, a menudo han sido todas esas cosas y más. Cualquiera que sean para ti, no son grandes cosas, pero son difíciles.

En la mayoría de los casos, las cosas pequeñas se producen tras las puertas cerradas de nuestras casas, escuelas o iglesias. Rara vez son nuevas o emocionantes, y con frecuencia son repetitivas e incluso tediosas. Las cosas pequeñas suceden en el nivel en el que casi siempre vivimos la vida. A decir verdad, en el sentido más básico son nuestra vida: las “cosas” que constituyen nuestra vida cotidiana.

Nosotros intentamos descubrir con exactitud por qué las pequeñas cosas difíciles son tan difíciles. Comprueba si estás de acuerdo con nuestras cinco razones principales.

  1. Por lo general, no se eliminan después de que las hagas. “Mi cuarto no se mantiene limpio. Los platos son siguen lavados. Los dientes no se quedan cepillados. Siempre hay otro examen para la escuela y otra tentación a la cual decirle no. Una y otra vez. ¿Se detiene alguna vez?”.
  2. No parecen muy importantes. “Pasar tiempo con mi hermano no es tan importante como recaudar dinero para los huérfanos de África o prestarme como voluntarios para una campaña política. Se supone que debo hacer grandes cosas para Dios. Esto es una distracción”.
  3. No parecen ser determinantes en absoluto. “En cinco años, ¿importará en realidad si limpié mi cuarto hoy? ¿O si sobrepasé el límite de velocidad al ir al trabajo? ¿O si leí mi Biblia esta semana? ¿Cómo me beneficio de hacer esas cosas?”.
  4. No parecen muy glamorosas. “No obtengo ningún beneficio por guardar la calma con mi papá. Nadie lo sabe siquiera. Y ahora estoy limpiando el baño. Es un trabajo desagradable y desagradecido. ¡Asqueroso! Esto no es lo que yo esperaba”.
  5. Nadie te mira. “Todos están impresionados porque ella está realizando una recaudación para pacientes de cáncer. Nadie sabe ni le importa que yo me esté ocupando de mi abuela y estudiando para mis exámenes”.

 

Lo lamentable es que tendemos a responder a esas pequeñas cosas difíciles de maneras no adecuadas. Por lo tanto, aparte de enumerar cinco razones por las que las cosas pequeñas son difíciles, también descubrimos cinco maneras de no hacer las pequeñas cosas difíciles. Comprueba si puedes reconocerte haciendo alguna de las siguientes:

 

  1. Posponer las cosas. “Claro, me ocuparé de eso… más adelante. En un minuto. Después de que… Ah, mira. Ya es hora de acostarse”.
  2. “Sí, ya he leído mi Biblia. En realidad, la leí esta mañana. Claro que no lo hice ayer ni el día anterior, pero lo hice el martes pasado… creo”.
  3. “Lo haré solo esta vez. Una vez sola no puede hacer daño, ¿verdad? Quizá tan solo sea una vez más. Después lo dejaré para bien. Ah… solo una vez más”.
  4. “Muy bien, ¡lo haré si tengo que hacerlo! Aun así, no esperes que lo haga con una actitud decente”.
  5. Engaño. “Mira, limpié muy bien mi cuarto. Al menos, si no miras en el armario, o debajo de la cama, o en mis cajones, o en el cesto de la ropa sucia”.

 

A menudo, las cosas pequeñas parecen rutinarias, insignificantes y sin sentido. En cambio, ¿lo son?

Nosotros no lo creemos. La evidencia de la sabiduría, la Biblia, la historia y las experiencias otras personas muestran otra cosa diferente.

¿Qué pequeñas cosas difíciles han venido a tu mente? Si eres como nosotros, siempre habrá ciertas tareas o responsabilidades que quieras pasar por alto. Nosotros a menudo tenemos que recordar lo que en realidad es de suma importancia, a fin de mantener la mirada en esas esferas donde tendemos a resbalar. He aquí un par de preguntas para ayudarte a hacer lo mismo:

 

  • Piensa en una tarea regular o diaria que detestes y que te lleve menos de cinco minutos al día. ¿Cómo la manejas con mayor frecuencia? ¿Retraso? ¿Incoherencia? ¿Irritación? ¿Cómo podrías beneficiarte de un cambio de actitud y un compromiso renovado en esa pequeña cosa?
  • ¿Tienes una gran meta para tu vida que no puedes lograr sin un compromiso a las pequeñas cosas difíciles? Escribe cuál es tu gran meta. Después escribe las pequeñas cosas difíciles que te ayudarán a alcanzarla, y con cuánta fidelidad la realización de esas pequeñas cosas difíciles ahora te ayudará a lograr tu sueño más adelante.

 

Recuerda: a medida que te comprometes hoy a la excelencia, a hacer las pequeñas cosas difíciles que Dios te ha dado, Él te dará la fortaleza. Con el tiempo, las tareas serán más fáciles, y los beneficios de hacerlas serán cada vez más obvios.

 

¡Tú puedes!

Ahora, una pregunta difícil: ¿podemos darle significado al más sencillo y humilde de los actos? No es muy difícil reconocer que la práctica fuel de hacer pequeñas cosas difíciles debería valorarse como una preparación vital para futuros logros, ¿pero son importantes para sí mismas?

Sí. Cada tarea que realizamos con un sincero esfuerzo y la actitud adecuada agrada a Dios. En Colosenses 3:23, Pablo escribió: “Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como el Señor y no como para nadie en este mundo”. Y en 1 Corintios 10:31 dice de nuevo: Háganlo todo para la gloria de Dios”.

Nos encanta el modo en que Martin Luther King Jr. abordó este asuntos para nosotros en todos los aspectos de la vida: “Si te ha tocado ser barrendero en las calles, barre las calles igual que Miguel Ángel pintaba sus pinturas, barre las calles igual que Beethoven componía música […] Barre las calles igual que Shakespeare escribía poesía. Barre las calles tan bien que todas las huestes del cielo y de la tierra tengan que hacer una pausa y decir: ‘Aquí vivió un gran barrendero que hacía bien su trabajo’”.

Al igual que el barrendero, tus actos en tu casa, en la escuela, en la iglesia y en cualquier otro lugar de tu comunidad pueden dar honor y gloria a Dios si estás dispuesto a entregarte a ellos al 100% solo porque son las cosas que Él te ha dado para que hagas.

Acepta hoy tu desafío de hacer pequeñas cosas difíciles. El hecho de que te enfrentes a esas tareas indeseadas no es un error; es una oportunidad. Por eso te alentamos a que pongas todo tu empeño en cada golpe de remo.

Y debido a que Dios es bueno, al hacer con todo tu corazón lo que Él te ha puesto adelante, independientemente de si parece importante o no, te encontrarás a ti mismo beneficiado y fortalecido, preparado para la siguiente gran cosa.

Por Alex y Brett Harris
Tomado del libro: Haz cosas difíciles
Editorial: Unilit

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