La Revelación para los hombres

Por Driscoll & Breshears

Dios nos habla a través de las Escrituras como un Padre perfectamente amoroso. Posteriormente, escuchamos lo que dice la Escritura, aprendemos lo que enseña y nos esforzamos por el poder de la gracia del Espíritu santo para arrepentirnos del pecado, renovar nuestra mente y redimir nuestra vida.

Los cristianos adoran a Dios, no a la Biblia, pero ella nos informa quién es Dios y cómo debe ser adorado; por lo tanto, ella es esencial para nuestra adoración. Como resultado, nos acercamos a la Biblia por transformación, no solo para obtener información. A medida que el mismo Espíritu Santo que inspiró las Escrituras ilumina nuestro entendimiento disfrutamos profundamente de nuestra vida guiados por la nueva sabiduría de las Escrituras y por nuestro nuevo poder del Espíritu Santo; nos deleitamos en nuestro nuevo don del arrepentimiento como parte de la gente del reino de Dios junta en misión en el mundo para Jesús.

Estamos de acuerdo con Lutero, quien afirmó: “Cuando la Escritura habla, Dios habla”. Debido a que la Escritura es Dios hablándonos, nosotros memorizamos, meditamos, estudiamos, enseñamos y compartimos su verdad. Todo en la vida y en el ministerio está guiado por la verdad de las Escrituras. Todo lo bueno es el resultado de la verdad de la revelación bíblica usada por Dios el Espíritu Santo para cambiar nuestra vida a fin de asemejarnos más a Jesús como cristianos individuales y corporativos como Iglesia.

Pablo nos muestra cuál es la actitud apropiada hacia la Escritura: Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra”(2 Timoteo 3:16-17).

Él nos enseña que las palabras mismas son una revelación milagrosa. Cada parte de la Escritura es la Palabra de Dios para nosotros, el producto de su inspiración creativa, así como lo fueron el mundo, los seres humanos y los apóstoles. Es de provecho o útil. No es útil como una guía telefónica, pero es útil como una persona que lo ama, se preocupa por usted, conversa con usted, cuida de usted, lo consuela y lo confronta. La Biblia representa cómo nos habla Dios.

 

Su autoridad

La Sagrada Escritura es Dios hablando. Esta afirmación sencilla pero profunda es la razón por la cual los cristianos creen que la Escritura es nuestra autoridad máxima, por la cual todas las otras autoridades menores deben ser probadas. Prácticamente, esto significa que los tribunales inferiores de razonamiento, tradición y cultura se encuentran bajo el tribunal más alto de la verdad: la Escritura divinamente inspirada.

Por otro lado, la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa Oriental enseñan que la Escritura es una parte del conjunto más amplio de la revelación que la Iglesia utiliza en su enseñanza. La autoridad no está en la Biblia misma, sino en la enseñanza oficial de la de la iglesia.

Otros apelan al llamado Cuadrilátero wesleyano: “Wesley creía que el núcleo vivo de la fe cristiana fue revelado en la Escritura, iluminado por la tradición, vivificado en la experiencia personal y confirmado por la razón. La Escritura [sin embargo] es primordial, revelando la Palabra de Dios “en la medida que es necesario para nuestra salvación”.

En la práctica, sin embargo, la Biblia a menudo se convierte en solo una de las fuentes principales de autoridad que deben estar equilibradas. Así, cuando las teorías críticas contemporáneas de la Biblia comienzan a tomarse en serio, la Biblia a menudo se juzga por otras autoridades.

El desarrollo central de la Reforma Protestante fue el retorno a la Escritura como autoridad suprema. Los reformadores acuñaron el lema de sola Scriptura (a veces prima Scriptura) para resumir esta convicción. Nada juzga a la Escritura. No obstante, ella juzga a todo lo demás. Como seguidores de Jesús, tomamos la misma portura que Él tomó y recibimos solo la Biblia como la verdad infalible e inerrante de Dios con plena autoridad en nuestra vida.

La Biblia es un libro viviente de Dios que nos habla autoritativamente como padre perfecto que ama a sus hijos entrañablemente. La Biblia nos enseña cómo vivir una vida piadosa. Por ejemplo, se nos ordena a “dejar de decir mentiras” y a decir “siempre la verdad a todos”, no como reglas arbitrarias de conducta, sino como miembros de la familia de la Iglesia “porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo”. Es una historia de lo que es mejor en una familia amorosa, una familia a la que somos invitados a integrarnos, una familia que deja el pecado y la disfunción y crece hacia la madurez y la plenitud. Es la historia del Dios redentor que nos rescata de la rebelión, la aflicción, el pecado y la muerte. Su autoridad reside en que estas palabras inspiradas, podemos encontrar cómo conectarnos con el poder perdonador y transformador de la muerte y resurrección de Jesús.

 

Así que recuerde: cada vez que leemos la Biblia, escuchamos a Dios hablándonos. La Biblia es la norma para toda doctrina y enseñanza, fe y práctica, vida y santidad. Concordamos con los antiguos bereanos, quienes constataban todo lo que aprendían “con entusiasmo […] Día tras día examinaban las Escrituras para ver si Pablo y Silas enseñaban la verdad”.

Deseamos vehementemente esto para usted. Queremos que la Biblia esté en sus manos, el Espíritu Santo en su corazón, otros cristianos en su vida y Jesús en su horizonte, de modo que usted pueda vivir una vida verdaderamente bíblica para la gloria de Dios, el bien de los demás y su gozo personal.

Por Mark Driscoll & Gerry Breshears
Tomado del libro:Doctrina
Editorial: Tyndale

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