Dominós espirituales

Todos juntos fuimos llamados a cumplir su propósito

Por Richard Stearns

La mayoría de las historias en la Biblia ilustran la increíble influencia de personas comunes dispuestas a ser utilizadas por Dios, que comienzan una reacción en cadena con un profundo significado más adelante. Cuando Josué se preparaba para dirigir al pueblo de Dios a la tierra prometida, envió espías a la ciudad de Jericó para que le diesen un informe; los espías fueron ocultados y mantenidos a salvo por una prostituta llamada Rahab. Esa mujer aparentemente despreciable estuvo dispuesta a arriesgar su vida por los israelitas porque sintió que Dios estaba con ellos y que hacía algo poderoso. Una pieza del dominó cayó. Cuando Josué conquistó Jericó, salvó a Rahab y a toda su familia debido a la gratitud. Una prostituta había sido utilizada por Dios para conquistar la tierra prometida. Bastante sorprendente, pero ese no fue el final de la reacción en cadena que Rahab comenzó.

Algunas décadas después, una familia judía que vivía en Moab sufrió una terrible pérdida. Noemí perdió a su esposo y a sus dos hijos, lo cual les dejó solas a ella y a sus dos nueras: Rut y Orfa. Las viudas en aquellos tiempos eran muy pobres y vulnerables, ya que no tenían esposo que se ocupe de ellas. Noemí decidió regresar a su tierra natal en Belén donde podría encontrar ayuda. Instó a Rut y Orfa a regresar a sus familias en Moab y encontrar nuevos esposos. Orfa lo hizo, pero Rut, debido a su preocupación por Noemí, insistió en seguirla hasta su hogar en Belén. La reacción en cadena continuó.

Al llegar a Belén, Rut tuvo un encuentro “casual” con un rico dueño de terrenos llamado Booz cuando espigaba buscando alimentos en sus campos. Con el tiempo, Ruth y Booz se acercaron, y finalmente ella se convirtió en esposa de Booz y le dio un hijo llamado Obed. ¿Y qué tiene que ver esto con Rahab? Se nos dice que Rabah era la madre de Booz. ¿Y por qué eso tan significativo? Porque Obed fue el padre de Isaí, que fue el padre del rey David, el mayor monarca de Israel. Cayeron más piezas del dominó. Mil años después, el linaje de David (el linaje de Rabah, Rut y Booz) produjo un hombre llamado José, “que fue el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo” (Mateo 1:16). ¡Caramba!

Dudo que Rahab se considerase a sí misma una persona muy importante o exitosa. Es probable que fuese arrastrada a la prostitución porque era pobre y no tenía otro medio para sostenerse. Ante los ojos de la mayoría, e incluso de ella misma, no era nadie. Pero Dios la veía de manera diferente. Dios decidió utilizarla en el desarrollo de su gran historia de rescate y redención. El Autor de la gran historia había incluido a Rahab en la trama, y ella estuvo dispuesta a desempeñar el papel preparado para ella.

La mayoría de nosotros nos parecemos mucho a Rahab. Somos personas normales y corrientes que luchan por llevar lo que puede que nos parezca vidas comunes. Es difícil para nosotros ver cómo nuestra vida puede marcar una diferencia en la gran visión divina de restaurar y redimir a su creación y de rescatar a sus hijos. Y debido a que dudamos de que cualquier cosa que pudiéramos hacer podría ser más importante, podemos fácilmente perdernos nuestras citas con el destino en la historia de Dios.

 

Cosas necias

El apóstol Pablo entendió que el movimiento cristiano en el primer siglo tenía que llevarlo a cabo gente común. Desde una perspectiva mundana, el cristianismo primitivo pendía de un hilo, guiado por una banda de hombres descritos en el libro de los Hechos como comunes y sin estudios. No había entre ellos ningún miembro de la familia del César, ningún senador o gobernador romano, ningún gran ciudadano romano rico o líder militar, sino tan solo un grupo de revolucionarios poco común: pescadores, comerciantes, recaudadores de impuestos y zelotes. Las probabilidades de que todo ese asunto del cristianismo pasara del año 50 d. C. habrían sido extremadamente remotas, de no haber sido por Dios.

Cuando Pablo escribió 1 Corintios 1:25-29 a la joven iglesia corintia, entendió que Dios había escogido una manera distinta, una nueva manera de cambiar al mundo. Había escogido al débil el lugar del poderoso, al humilde antes que al noble, al pobre en lugar del rico, al siervo en lugar del maestro; había escogido a un bebé en un pesebre en vez de un rey en un palacio.

Y como entendió la importancia de lo que Dios quería hacer con su iglesia y a través de ella, estableció los principios mediante los cuales una coalición de lo común podría lograr lo extraordinario. En 1 Corintios 12:14-27, establece la poderosa metáfora de la iglesia como cuerpo.

Pablo usó esa metáfora para revelar cómo Dios quería trabajar mediante su Iglesia para lograr la misión de su Reino de rescatar a sus hijos y comenzar el proceso de restaurar su creación. La estrategia de Dios fue organizar a sus discípulos en un “cuerpo”, al cual llamó la Iglesia. Este cuerpo tendría capacidades mucho más allá de las que pudiera tener un solo discípulo, al igual que cincuenta mil piezas de dominó se pueden organizar para hacer algo que no puede hacer una sola. De este pasaje podemos extraer cinco principios del dominó, y es crucial que los discípulos de Cristo los entiendan.

 

  1. El conjunto es más fuerte que la suma de las partes. Una pieza de dominó no sirve de mucho sin el apoyo de las demás piezas. Pablo pinta un cuadro humorístico de un cuerpo que es tan solo una oreja o un ojo gigante. Por supuesto, tal cuerpo no podría operar porque le faltarían todas las demás funciones vitales.
  2. Todos tienen una función distinta que desempeñar. Lo que es obvio de un cuerpo ¾que los oídos, ojos, riñones y pies tienen funciones distintas pero complementarias¾, es también cierto de la iglesia. Dios nos ha creado a cada uno con un surtido único de dones y habilidades, también nos ha dado distintas experiencias en la vida y nos ha situado individualmente en lugares distintos.
  3. Cada función es vital. En una reacción en cadena de cincuenta mil piezas de dominó, ¿cuál de ellas es la más importante? Todas. Pablo enfatizó en gran manera que los miembros del cuerpo que parecen más débiles son indispensables, y a los que nos parecen menos honrosos los tratamos con honra especial”(1 Corintios 12:22-23)..
  4. Somos interdependientes. ¿Cuántas piezas de dominó tienen que fallar para que fracase toda la reacción en cadena? Solo una. Si un eslabón de la cadena falla en hacer su función designada, toda la cadena de eventos se ve alterada. Ahora bien, Dios sigue siendo soberano y sus propósitos se cumplirán de una forma o de otra, pero cuando cualquiera de nosotros no hace aquello para lo que Dios le creó, de algún modo cambia el curso a peor; hay consecuencias.
  5. Dios da vida al cuerpo. Dios no solo ordena las piezas del dominó, sino que creó cada una de ellas: Dios colocó cada miembro del cuerpo como mejor le pareció”(1 Corintios 12:18). un cuerpo muerto tiene las mismas partes que uno vivo. Dios da vida y propósito a la Iglesia a través de su Espíritu Santo. Si piensa en la complejidad de los seres humanos y las formas infinitas de colocarlos y arreglarlos en nuestro mundo, rápidamente se dará cuenta de la importancia de aquel que los une y conecta a todos para lograr su voluntad. Sea usted quien sea y dondequiera que se encuentre, sepa que el Rey le ha puesto en ese lugar para lograr su buena voluntad, “pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad”(Filipenses 2:13).

 

Confíe en usted

Quisiera tratar quizá el mayor obstáculo que impide a los seguidores de Cristo convertirse en las personas que Él quiere que sean; lo llamo el síndrome del perdedor, creer que usted no puede hacer algo significativo para Dios. A veces eso se disfraza de humildad en la Iglesia. Usted no es lo suficientemente inteligente, rico, talentoso, valiente o espiritual para marcar la diferencia en la gran obra del Reino de Dios. Es algo que pueden hacer otras personas pero no usted. Siempre otra persona es un mejor líder o tiene mejor formación. Una vez que cree estas mentiras, se cumplirán por su propia naturaleza… y ¿sabe qué? Usted no será muy útil para Dios.

Dios no hace perdedores. Jesús vino para transformar a los perdedores en ganadores. Usted es un hijo del rey, un milagro único e irrepetible, fue creado para desempeñar una función vital en la gran historia de Dios. Y Él realmente quiere usarle para cambiar el mundo.

 

Por Richard Stearns
Tomado del libro: Por terminar
Editorial: Nelson

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