Cómete este Libro

Aunque a veces se parezca amargo

Por Eugene Peterson

“Cómete este libro” es la metáfora que elegí para enfocar la atención en lo que se necesita para leer las Sagradas Escrituras de manera formativa, de tal forma que el Espíritu Santo utilice el texto para formar a Cristo en nosotros. No estamos interesados en conocer más, sino ser más como Él.

La tarea es urgente. Es evidente que vivimos en una era en la que la autoridad de la Escritura en nuestra vida ha sido reemplazada por la autoridad del “yo”: se nos alienta de todos los ángulos a tomar el centro de nuestra vida y a utilizar nuestra propia experiencia como el texto autorizado para vivir.

Lo alarmante de este asunto es la forma que este espíritu se ha infiltrado extensamente dentro de la Iglesia. Uno da por hecho que aquellos que no se han bautizado, vivan una vida de forma autónoma. Pero no de los que hemos confesado a Jesús como Señor y Salvador. No soy el único en observar que nos encontramos en una posición extraña y vergonzosa de ser una iglesia en la que muchos entre nosotros creen ardientemente en la autoridad de la Biblia pero, en lugar de someterse a ella, la usan, la aplican, toman el control a su antojo afirmando su propia experiencia como la autoridad para determinar cómo, dónde y cuándo utilizarla.

Una de las tareas más urgentes que debe enfrentar la comunidad cristiana del día de hoy es contrarrestar esta autosoberanía por medio de reafirmar lo que significa vivir las Sagradas Escrituras de adentro hacia fuera, en lugar de usarlas para nuestros soberanos propósitos por más sinceros y devotos que se vean.

Somos parte de una comunidad santa que por más de tres mil años ha sido formada por dentro y por fuera con las Palabras de Dios, palabras que han sido oídas, saboreadas, masticadas, vistas y caminadas. Leer las Sagradas Escrituras es totalmente físico. Nuestros cuerpos son el medio a través del cual proveemos a nuestra alma el acceso a la revelación de Dios: cómete este libro. Un amigo mío me contó que uno de los primeros rabinos seleccionó una parte diferente del cuerpo para señalar lo mismo; insistió que el miembro principal del cuerpo para asimilar la palabra de Dios no es el oído sino los pies. Aprendes de Dios, dijo, no con tus oídos sino con los pies: sigue al Rabino.

Entonces, la práctica de la comunidad cristiana es cultivar hábitos de lectura que agudicen nuestra percepción y nos envuelvan en la asimilación formativa de la Palabra de Dios dentro nuestro, con el deseo de hacerlo así como lo hicieron nuestros antecesores, con la determinación de no dejar ninguna de estas palabras en un libro sobre una estantería, como una lata de tomates guardada en la alacena. Queremos aumentar nuestro apetito, unirnos a Juan y comer de este libro.

No tan cómoda

Hay un detalle en la historia de Juan comiendo el libro que yo hubiera ignorado hasta ahora, pero ya no lo puedo evitar. Aquí está el detalle: el comer la Biblia le dio a Juan un dolor de estómago.Tomé el rollito de la mano del ángel, y me lo comí; y en mi boca era dulce como la miel, pero una vez que me lo comí, se me volvió amargo en el estómago”(Apocalipsis 10:10).

Para la mayoría de nosotros, nuestra primera experiencia con la Biblia es dulce; nos encontramos dentro de este libro, y eso es tan maravilloso. Adquirimos un paladar para las promesas y las bendiciones de Dios, aprendemos a valorar el consejo sano y la dirección que nos ofrecen, hay tanto para deleitarnos. El maravilloso Salmo 119 comunica convincentemente las delicias que las Sagradas Escrituras nos dan al absorber las verdades, las promesas y las bendiciones en nuestra vida, meditando y orando en cada palabra: “Tu promesa es más dulce a mi paladar que la miel a mi boca”(Salmo 119:103).

Pero tarde o temprano encontramos que no todo en este libro es denuestro agrado. Comienza dulce a nuestro paladar; y luego aprendemos que no lo digerimos muy bien; se hace amargo en el estómago. Encontramos que el libro es muy placentero, hasta que nos sentimos halagados; y luego aprendemos que el libro no fue escrito para halagarnos, sino para involucrarnos en una realidad, la realidad de Dios, que no alimenta las fantasías que nos hemos creado nosotros mismos.

Este libro contiene duras palabras, duras cosas de oír, duras cosas para obedecer; este libro contiene palabras que son difíciles para digerir. Juan tuvo un cuadro severo de indigestión.

Pero no es solo por el dicho duro, sino por la forma en que nos llega la Biblia. Hay momentos que nos hace un impacto extraño e inesperado, imposible de cuadrar en nuestro esquema de pensar y vivir. Tratamos de domesticar la revelación para que cuadre con nuestros ideales personales. Demasiado de lo que “denominamos” estudio de la Biblia es un intento para surgir con explicaciones o bosquejos con el fin de cuadrar la Santa Trinidad con nuestras santas “necesidades”, “deseos” y “sentimientos”.

Este Libro nos hace participantes en el mundo de la existencia y el accionar de Dios; pero no podemos participar conforme a nuestras reglas. No nos es dado el crear la historia o decidir qué personajes seremos. Este Libro tiene un poder generador; en la medida que permitimos que el texto nos gobierne habrán cambios que nos estimularán, reprenderás y nos podarán. Nunca seremos los mismos.

Cómete este Libro, pero también debes estar bien provisto en cada de antiácidos y otros productos para el estómago.

Por Eugene Peterson
Tomado del libro: Cómete este libro
Editorial: Patmos

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