América Latina necesita puro Evangelio

No diluyamos el Evangelio

Por Miguel Núñez

Cuando nos fijamos en la historia de los últimos quinientos años, es notable ver cómo la Reforma Protestante pasó por alto el continente latinoamericano; es casi como si no hubiese ocurrido. Si a esto le sumamos el hecho de que el Evangelio muchas veces ha sido negociado, llevándolo a un reduccionismo o a una distorsión, veremos con mayor facilidad cuán grades son las deficiencias que tenemos en Latinoamérica.

Por tanto, tenemos la convicción de que nuestro continente necesita ser re-evangelizado porque el Evangelio es la única fuerza influyente capaz de cambiar el corazón del hombre y, por consiguiente, capaz de impactar la sociedad en que vive el hombre.

En segundo lugar, tenemos que retomar la predicación fiel del Evangelio porque la mayor parte del que escuchamos en nuestros púlpitos, en las estaciones de radio y televisión y en determinados círculos eclesiásticos es el evangelio de la prosperidad o la doctrina del “proclámalo y recíbelo”. Si pensamos detenidamente, el mensaje de la antigua serpiente en el jardín del Edén fue una versión de evangelio de la prosperidad. En aquel entonces, le ofreció a Adán y Eva la prosperidad espiritual: “Puedes ser como Dios”. Hoy Satanás ofrece prosperidad material a los hijos de Adán, diciendo: “Puedes ser más rico”. En ambos casos, la promesa del pecado resulta ser una amarga mentira.

El evangelio de la prosperidad ha inundado a América Latina, y muchos de los seguidores de este falso evangelio son, según algunos estudios, personas de clase medio. Ese es precisamente el grupo de personas que en su mayoría no ha sido alcanzado con el evangelio en muchos de nuestros países tercermundistas. Estas personas están siendo pseudo-evangelizadas con una versión de la verdad que está más cerca de la condenación que de la salvación.

En tercer lugar, muchos de aquellos que se llaman cristianos que han hecho una profesión de fe o que siguen el movimiento de señales y prodigios o el movimiento de la guerra espiritual han abrazado un “anti-evangelio”. En muchos casos, el problema no ha sido la mala intención, sino la mala instrucción. Satanás es muy astuto: si nos convence de reducir el Evangelio debido al estado de emergencias espiritual existente, o de enfocarnos en él y sus demonios en vez de en Cristo y su verdad, él saldrá victorioso. Aunque sabemos que las victorias de Satanás son solo temporales, el daño que causan es muy doloroso.

El problema con todos estos diferentes evangelios es que representan una versión atenuada del mensaje real. Es decir, cuando las personas son vacunadas contra una enfermedad, muchas de estas vacunas contienen una versión atenuada del virus real. La idea detrás de este diseño de la vacuna es que cuando el virus real (virus salvaje) llegue a la persona, el organismo ya ha creado anticuerpos contra el virus, de modo que la persona no contraiga dicha enfermedad.

Asimismo, muchos católicos y evangélicos por igual ahora han sido inoculados con una versión atenuada del Evangelio, así que cuando el verdadero lo rechazan porque han desarrollado anticuerpos contra la verdad. ¡Qué triste es eso! Me temo que muchos de los esfuerzos de evangelización en los últimos cuarenta años han llevado a muchas personas en dirección hacia la condenación en vez de hacia la salvación eterna.

Yo propongo una nueva estrategia para re-evangelizar a América Latina que es tan antigua como el Evangelio: predicar todo el consejo de Dios de manera expositiva. Esta predicación es una práctica muy ocasional en nuestra región. En su mayor parte, la predicación se hace más bien por temas, de manera pragmática, y basada más en opiniones que en la exégesis del texto. Este “nuevo enfoque” requerirá capacitación y re-capacitación de los líderes en nuestra región. Así que tenemos que meditar en el último mandamiento del Señor Jesús: Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”(Mateo 28:18-20).

Si toda autoridad le ha sido dada a nuestro Señor, entonces podemos concluir que no hay razón para temer la carencia o la derrota si confiamos en el Evangelio como poder de Dios para salvación. Si toda autoridad ha sido dada a Cristo, entonces no debemos cuestionar sus órdenes. Tenemos que ir porque Él nos envió. No necesitamos permiso para ir, solo necesitamos permiso para quedarnos. Ir es obedecer; quedarse es desobedecer. Podemos obedecer de dos formas: yendo o enviando y sosteniendo a los que van. Ahora, el mandado no fue llevar al hombre a hacer profesiones de fe sino a hacer discípulos, es decir, seguidores comprometidos con Cristo.

Por último, el camino a convertirse en un discípulo de este tipo es enseñándoles a obedecer todo lo que Él ha ordenado no solo en una parte, no solo en las partes que nos bendicen y nos benefician, sino también en aquellas que nos confrontan y nos condenan; en Dios sobre todas las cosas. Tenemos que recordar una vez más las palabras de Cristo en Lucas 6:40: “El discípulo no está por encima de su maestro, pero todo el que haya completado su aprendizaje, a lo sumo llega al nivel de su maestro”.

 Por Miguel Núñez
Tomado del libro: Gracia sobre gracia
Poeima

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