Tienes mucho para dar

No le des lugar a las mentiras del diablo

Por Cheryl Brodersen

¿Alguna vez ha oído, creído o vivido la mentira de “Soy insignificante. No tengo nada que ofrecer”?

A decir verdad, en estos días existe demasiada presión para tener algún talento, logro o alguna belleza extraordinaria. Casi todas las mujeres se sienten eclipsadas por las imágenes que las bombardean todos los días en el mercado. Allí, en los exhibidores, están las atrevidas, las hermosas y las perfectas. En contraste, la realidad es la esposa, madre, abuela, mujer soltera… con unos kilos demás, con cualquier prenda de ropa que estuviera limpia en el ropero, con el cabello despeinado y el carro del supermercado. Es suficiente para que cualquiera se sienta empequeñecida.

¿Alguna vez te han tratado como si fueras menos importante para Dios porque eres mujer? ¿Has sentido que otros tratan de desalentarte? ¿Has sentido una voz interior de condenación que te llevó a creer que eres menos valiosa para Él por alguna cosa que hiciste? Si es así, tú y yo necesitamos explorar la gloria de nuestra creación en Él y el poder de resurrección en nuestras vidas por medio de Cristo.

Las mentiras de Satanás tienen como objetivo dejarnos inactivas para la causa de Dios, así que manos a la obra y sirve a Jesús. Ora y pídele a Dios que te muestre en qué ministerio le gustaría que participes. El servicio a Jesús aparta tu mente de ti misma y de tus deseos. He descubierto que el mejor remedio para la impaciencia es estar ocupada en cualquier cosa que Dios me ponga adelante.

¡Pidamos!

Algunas mujeres pasan años atrapadas en la mentira de la insignificancia porque aun cuando han orado para que cambien sus circunstancias o han orado a lo largo de los días difíciles de depresión o tristeza, han olvidado pedir dirección respecto a su propósito. No olvides preguntar y, luego, observar la dirección de Dios en tu vida. Cuando atravesamos períodos de nuestra existencia atrapadas en preguntas sobre quiénes somos y qué deberíamos hacer… asegúrate de que de verdad le estás haciendo las preguntas a Dios.

Tengo una amiga que estaba segura de que no tenía nada que ofrecerle al Señor a través del servicio. Mientras oraba y le pedía que le diera alguna manera tangible de servirle, recordó una receta de su madre. Se ofreció como voluntaria en su preparación de todas las actividades y para todos los oradores que vinieran a predicar a nuestra iglesia. Su comida fue muy bien recibida.

Pronto, el Señor la guió a que se ofreciera como voluntaria para el equipo de adoración. Más tarde, comenzó a enseñar en la escuela dominical. En la actualidad, supervisa el ministerio en las cárceles.

Ponte en el altar de Dios. Pablo lo dice de la siguiente manera en Romanos 6:13: No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia”.

Hay veces en que el diablo trata de mentirme y me dice que no pertenezco a Jesús. Cada vez que oigo esa mentira, comienzo a dedicarle cada parte de mi ser al Señor. Comienzo por el cabello y voy descendiendo hasta llegar a la punta de los dedos del pie.

¡Ponte a trabajar sirviendo a Jesús! No solo fortalecerás tu decisión de resistir al diablo, sino que experimentarás una sensación de satisfacción divina mientras trabajas.

El poder de la mentira

¿Dónde adquiere poder la mentira “Soy insignificante”? Pienso que tiene algo que ver con que las mujeres son vasos frágiles. Como mujeres, nos cuenta trabajo aflojar las tapas de los tarros. También tenemos la tendencia a concentrarnos en lo que no podemos hacer en lugar de hacerlo en lo que sí podemos hacer.

Por lo general, no podemos cambiar la manera de pensar de alguien. No podemos alegrar a un adolescente gruñón; no podemos agradar siempre a nuestros esposos; no podemos mantener la casa con una limpieza inmaculada todo el tiempo; no podemos cambiar el mundo; no podemos impedir la injusticia; no podemos liberar al mundo de la tiranía; no podemos curar la enfermedad; no podemos proteger siempre a nuestro seres queridos de cualquier daño. ¡No siempre podemos ser activas, alertas, atentas ni perfectas!

Pensamos en las cosas que no podemos hacer y dejamos de lado las grandes cosas que podemos hacer: podemos orar, podemos creer la Palabra de dios, podemos obedecer lo que dice la Biblia.

Como no vemos la recompensa inmediata de la oración, de creer y de obedecer, a menudo les restamos importancia a su poder. Muchas veces, nos sentimos impotentes. Sin embargo, como mujeres, tenemos infinito poder a nuestra disposición. El soberano Dios del cielo está atento para escuchar nuestras oraciones y a la espera de traer su poder para soportar cualquier situación con que nos encontremos. Él nos saldrá al encuentro con la respuesta, la directiva y el poder para cambiar lo que no podemos hacer por nuestra propia fuerza.

¿Qué esperas?

¿Crees esto? Tienes algo maravilloso para ofrecer. Tus dones pueden estar latentes dentro de ti, esperando a que se descubran. Por otra parte, puedes ejercitarte para algo que nunca antes consideraste y, mediante la simple ejercitación, hacerte fuerte en eso. Nunca lo sabrás hasta que des el primer paso.

Una mujer que conozco llamada Linda dijo que quería formar parte del ministerio femenino. Sin embargo, rechazaba todo cargo o servicio que se le ofrecía. Frustrada, una de las mujeres le preguntó:

¾¿Qué esperas?

¾Espero sentirlo¾ dijo Linda después de pensarlo por un momento.

¾Cariño ¾le respondió la mujer¾, no sentirás nada hasta que no lo hagas.

¿Estás esperando sentirlo? No lo hagas. En cambio, busca la oportunidad de servir con cualquier capacidad que puedas ahora mismo. Busca oportunidades para usar tus dones, habilidades y bendiciones.

Abraza tu propósito

Dios nunca quiso que las mujeres se sintieran insignificantes. Desde el comienzo mismo, Él tuvo grandes planes para su singular creación. Incluso después de la caída de Eva, siguió teniendo propósitos para las mujeres. Las que los descubrieron, fueron quienes creyeron y obedecieron su Palabra.

Comenzamos nuestra aventura para liberarnos de las mentiras visitando el huerto y mirando la vida de Eva, no porque ella sea la causa de nuestros problemas, sino más bien porque su tentación, pecado y vergüenza repercuten y nos aclaran cómo respondemos a las mentiras de Satanás.

Nunca fui más consciente de que, como mujeres, somos descendientes de Eva y por eso somos susceptibles a las mismas mentiras destructivas que cuando hablé con un grupo de mujeres jóvenes y descubrí las heridas que llevaban a una edad tan temprana.

Le eché un vistazo a mi clase de universitarias que acababan de estudiar la vida de Eva.

¾¿Qué mentiras han oído últimamente?¾ les pregunté a las jóvenes.

Las manos se levantaron por todas partes. La clase era bastante grande y sabía que esto llevaría algún tiempo, pero también sabía que iba a ser una lección muy importante para todas nosotras.

Miré a Juli. Se encontraba al final de la primera fila y a mi derecha. Sus ojos miraban a su alrededor con ansiedad mientras afirmaba:

¾Nunca me casaré.

Por toda la clase, las otras muchachas respondieron.

¾Eso es lo que oí yo también¾ dijo una.

¾Yo la oí justo antes de conocer a mi esposo¾ gritó otra.

Todas reímos.

¾Me alegro de que te hayas dado cuenta de que es una mentira ¾le dije sonriendo a Juli¾. Yo también oí esa mentira cuando estaba en la universidad.

Mientras sondeaba a las muchachas y oía los engaños que las atormentaban, comprendí que no era la única a quien le habían mentido. Mi exposición de las mentiras de Satanás no era algo privado. Además, mis luchas diarias con los problemas siguen cuando orientamos mal nuestra creencia no era mi experiencia solo porque había vivido más tiempo y había tenido más tiempo para sentir las filosas púas de la insatisfacción, la tristeza, el desaliento o las pruebas de la vida. Todas estábamos juntas en esa situación. Satanás susurraba en los oídos de todas estas hermosas y vulnerables jóvenes.

Las muchachas continuaron. Algunas lloraban mientras expresaban en voz alta las mentiras que habían alterado sus vidas y su fe durante años: “No soy valiosa”. “No soy lista”. “No haré nada importante con mi vida”. “No valgo más que el muchacho con el que salgo o el trabajo que hago”. “Mis fracasos están a la vista de todos”. “Jesús no ha perdonado todos mis pecados. Todavía hay algunos que tengo que expiar”.

Sabía que estos no eran simples pensamientos ni comentarios pasajeros que me repetían las chicas. Estos engaños se convertían en fuentes de gran dolor y de profundo daño. No podía permitir que el diablo les siguiera mintiendo a estas preciosas hijas del Rey. Comenzamos a hablar sobre las verdaderas y las promesas de Dios, y sobre cómo contrarrestar, cubrir y sanar cada una de estas mentiras cuando tomamos el conocimiento protector de su Palabra.

Efesios 6:16 menciona que “las flechas encendidas del maligno” solo pueden extinguirse con “el escudo de la fe”. Sin duda, estas mentiras pertenecían a la variedad de flechas incendiarias, y abrían agujeros en la fe de estas chicas. Tenían heridas en sus corazones y espíritus debido a estas mentiras.

Ese día, todas aprendimos el valor del escudo de la fe. Este es la verdad sobre Dios, sobre lo que ha hecho y sobre lo que hará en nuestra vida y por medio de nosotras cuando le buscamos. Al levantar la verdad de quién es Dios y lo que nos ha prometido como creyentes en Jesús, las flechas del maligno se apagan y pierden el blanco.

Ojalá Eva hubiera tenido conocimiento del escudo de la fe en el huerto. Era vulnerable a la propaganda del enemigo, porque no tenía un conocimiento fuerte sobre lo que Dios le ofrecía en la seguridad de su voluntad.

Satanás comenzó su seducción erosionando su fe en lo que le dijo Dios. Quería horadar su confianza en el Creador. Ahora bien, sin la seguridad en la Palabra de Dios, Eva era vulnerable por completo a todo engaño del diablo.

En nuestra clase, a medida que cada mentira salía a la superficie y se encontraba con la Palabra de verdad, las muchachas comenzaron a reír. Satanás estaba perdiendo terreno en sus pensamientos. Dios estaba librando a sus muchachas para que aceptaran sus identidades en Cristo y para que se convirtieran en las mujeres con propósito que diseñó Él.

 

Por CherylBrodersen
Tomado del libro:
Cuando una mujer se libera de la mentira
Unilit

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