Reprograma tu mente

Hay libertad para nuestra mente

Por Neil T. Anderson

Los hábitos viejos son difíciles de romper. Mientras más condicionados estemos a cierto patrón de estímulo y respuesta, más difícil nos será reprogramar nuestra mente. Esto es verdad con respecto a los esquemas de pensamiento y hábitos sexuales que son contrarios a La Palabra de Dios. En muchos casos, estos esquemas carnales, o fortalezas mentales enemigas, estaban ya grabados en la mente de la persona mucho antes de que se convirtiera.

¿Se pueden destruir as fortalezas de esclavitud al sexo que existen en la mente? ¡Sí! Aunque nuestra mente haya sido mal programada, es posible reprogramarla. Si estamos conformados a este mundo, podemos transformarnos. Si algo aprendimos mal, lo podemos aprender de la manera correcta. ¿Lleva mucho tiempo esto? Sí, vamos a necesitar el resto de nuestra vida para renovar nuestra mente y desarrollar nuestro carácter. Nunca tendremos un entendimiento perfecto en esta tierra, ni nuestro carácter será perfectamente igual al de Cristo, pero hacia eso nos dirigimos.

Cuando nos dedicamos a demoler las fortalezas sexuales enemigas que hay en nuestra mente, no solo nos estaremos enfrentando al mundo, ese sistema sin Dios en el que nos criamos. Tampoco nos estaremos enfrentando solo a carne, que incluye esos hábitos programados que se nos han grabado en la mente con el paso del tiempo o por intensas experiencias traumáticas. Nos estaremos enfrentando al mundo, a la carne y también al diablo. Estas tres influencias están siempre tratando de apartar nuestra mente de la verdad y situarnos en un camino que nos lleve hasta la esclavitud al sexo.

Aun vivimos en un mundo caído. Los programas de televisión nunca van a ser puros por completo. Es posible que se exhiba pornografía en el trabajo, y que la gente siga usando el nombre del Señor en vano. La influencia del mundo nos rodea por todas partes. Cuando Pablo se identificó más con Cristo y menos con el mundo pudo decir: En cuanto a mí, jamás se me ocurra jactarme de otra cosa sino de la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo(Gálatas 6:14). Nos debemos considerar muertos a un sistema perverso que se opone a la verdad de Dios y a la pureza sexual.

Los cristianos seguimos reteniendo los patrones carnales después de ser salvos, pero cuando establecemos lazos con Cristo, también crucificamos la carne: “Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu” (Gálatas 5:24-25). Satanás sigue gobernando este mundo caído, pero nosotros estamos vivos en Cristo y muertos al pecado. Cuando resistamos al diablo, él huirá de nosotros (Santiago 4:7).

Renovación mental

Todo lo que quedó archivado en nuestros bancos de memoria antes de Cristo sigue estando allí después de ser salvos. Nuestro cerebro graba todas las experiencias que hemos tenido, sean buenas o malas. Nadie aprieta el botón de “borrar”. La Buena Noticia —literalmente, el Evangelio— es que tenemos todos los recursos que necesitamos para renovar nuestra mente. El Señor nos ha enviado al Espíritu Santo, quien es el Espíritu de verdad, y Él es quien nos guiará a toda verdad. Porque estamos vivos en Cristo, “tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16). Tenemos armas superiores que nos permiten ganar la batalla por el control de nuestra mente. En 2 Corintios 10:3-5 Pablo no habla de una armadura de tipo defensivo. Está hablando de unas armas al estilo de los arietes, que echen abajo las fortalezas erigidas en nuestra mente contra el conocimiento de Dios.

Pablo también escribe: “Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir” (1 Corintios 10:13). Para poder tomar la “salida” que Dios nos ha preparado, debemos tomar posesión de lo que Él nos ha provisto, y cambiar nuestra manera de reaccionar cuando nos hallemos en el umbral de todo pensamiento que sea una tentación sexual. Debemos tomar cautivos esos primeros pensamientos y hacerlos obedientes a Cristo. Si nos damos el lujo de ponernos a rumiar esos pensamientos tentadores, terminaremos poniéndolos en práctica.

¡Tú puedes!

Tal vez descubras que ganar la batalla por el control de tu mente al principio sea como dar dos pasos al frente y uno hacia atrás. Poco a poco se irá convirtiendo en tres pasos al frente y uno hacia atrás; después cuatro y cinco al frente, mientras vas aprendiendo a tomar cautivos todos tus pensamientos y someterlos a la obediencia a Cristo. Tal vez te desesperen los retrocesos, pero Dios no se va a dar por vencido contigo. Recuerda: tus pecados ya están perdonados. Puedes ganar esta batalla, porque estás vivo en Cristo y muerto al pecado. La guerra total Él ya la ganó.

La libertad para ser todo lo que Dios nos ha llamado a ser es la mayor bendición que podemos recibir en esta vida. Vale la pena luchar por esa libertad. A medida que vayas sabiendo más sobre quién eres como hijo de Dios, y sobre la naturaleza de la batalla que se libera por el control de tu mente, este proceso se hará más fácil. Al final, serán veinte pasos hacia el frente, y uno en retroceso, y por último, todos los pasos serán hacia delante, y solo tendrás algún desliz ocasional en esta batalla.

Por Neil T. Anderson
Tomado del libro: Gana la batalla interior
Editorial: Unilit

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