Prohibido rendirse

Trabaja incansablemente por la conquista de tus sueños

Por Evangelina Daldi

Antes de meternos en el tema que quiero compartir con ustedes hoy, no quiero dejar pasar la oportunidad de agradecerle a todas aquellas personas que se tomaron el tiempo de escribirme en relación a la editorial del mes pasado. Me emociona mucho saber la cantidad de personas que nos leen. Siempre digo que los periódicos tienen una audiencia silenciosa, sabemos que están pero no los vemos ni los conocemos. Los emails y las cartas son un mimo lindo a nuestro corazón (en este caso en particular al mío).

Ahora sí. A lo que nos concierne. Hace algunos días participé de un evento organizado por una persona. Este evento era parte del cumpliendo de su sueño, que apenas está comenzando. Al ver materializada muchas de sus obras, me emocioné al pensar en todo lo que esta persona había vivido y atravesado para llegar al lugar en donde hoy está.

De algún modo fui protagonista de muchos momentos en donde la oscuridad era densa. Donde todo parecía ir cuesta arriba y no había ni una vislumbre de cambio o progreso. La vi tirar para adelante una y otra vez. Llorar una y otra vez. Trabajar duro una y otra vez. Lidiar con la soledad, por momentosinterminable.

También la vi quebrarse y preguntarse si todo aquello tendría sentido. Tanto sufrimiento, tanta lucha, tanta soledad, tantos problemas.

Los que la rodeábamos sabíamos que valía la pena ese proceso amargo e incluso largo. La alentábamos a que no se rinda, que no baje los brazos. Pero la decisión era de ella. Nosotros éramos la tribuna, quien debía convivir con todas aquellas circunstancias y sentimientos era ella. Nosotros estábamos afuera y la realidad es que no podíamos hacer demasiado.

Hoy en día, al haber pasado ya varios años, todas aquellas cosas sucedidas solo son recuerdos. Hoy sabemos que eran obstáculos que había que pasar para alcanzar el premio, la meta. Podemos reconocer incluso que fueron necesarios. Necesarios para crecer, para madurar, para enseñar, para moldear el carácter. Y la recompensa es clara: frutos. Sueños hechos realidad. Satisfacción de haber cumplido la tarea lo mejor que se pudo.

Pensar en todo esto, hace que piense en mí y en todos nosotros. Y agradecerle al Señor, con un gracias inmenso, porque el sol siempre sale, porque las lágrimas Él las convierte en gozo, porque el trabajo, el esfuerzo, la perseverancia, el sacrificio y la dedicación nunca son en vano. Vale la pena luchar por nuestros sueños. Vale la pena estudiar. Vale la pena abstenerse de ciertas cosas en pos de otras. Vale la pena no rendirse. Vale la pena volver a levantarse.

Confiamos en alguien que es fiel, alguien que nos conoce en la intimidad más que nosotros mismos. Y sabemos que nuestro Dios no miente. Tenemos garantías de sobra de que sus promesas son cumplidas; de que si Él nos llamó, Él nos respaldará. Si Él puso un sueño en nuestro interior y nosotros hacemos nuestra parte, el sueño se hará realidad. Seremos recompensados. Veremos las promesas cumplidas. Encontraremos victorias tras las batallas.

¿Un matrimonio que parece perdido? ¿El sueño de una casa propia? ¿Una carrera que parece ser imposible? ¿El anhelo de encontrar el compañero o compañera de nuestra vida? ¿Un hijo que está lejos? ¿El crecimiento de nuestra congregación? ¿Algún avance en nuestro barrio?

No nos cansemos. No bajemos los brazos. Sequémonos una vez más las lágrimas (y hagámoslo las veces que sea necesario). Sigamos tirando. Sigamos alabando. Sigamos luchando. Sigamos orando. Sigamos esforzándonos. La meta está cerca, quizá más de lo que pensamos. Pronto veremos salir el sol. Pronto veremos cumplido el propósito para el que el Señor nos preparó.

¡Bendiciones!

Por Evangelina Daldi
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