¿Por qué Dios nos puso acá?

Descubrir cuál es nuestra misión en este mundo, en este momento

Por Philip Yancey

Aunque la historia de Job es una de las más antiguas en La Biblia, es muy actual pues enfrenta directamente el problema del dolor que tanto aqueja a nuestro siglo.

Job, el hombre más recto y espiritual de su época, ama a Dios con todo su corazón. De hecho, Dios lo elige para demostrarle a Satanás cuán fiel pueden ser algunos seres humanos. Si hay alguien que no merece sufrir a consecuencia de sus acciones

es Job.

Pero ¿qué sucede? Aunque parezca increíble, una serie de calamidades terribles le suceden a Job, cualquiera de las cuales sería suficiente para abrumar a la mayoría de la gente. Saqueadores, fuego, bandidos y un fuerte viento que arrasa su rancho y destruye todas sus posesiones. De la numerosa familia de Job solo sobrevive su esposa, y ella es de escaso consuelo. Después, en una segunda etapa de pruebas, Job padece úlceras malignas.

Así que en una cuestión de horas, todos los terrores del infierno caen sobre el pobre Job y se revierte por completo su fortuna y salud. Se rasca las heridas y gime. Hasta cierto punto puede lidiar con el dolor. Lo que más lo perturba es el sentimiento de traición. Hasta ahora, ha creído siempre en un Dios amoroso y justo. Pero los hechos no concuerdan. Formula preguntas angustiantes, las mismas que harían casi todos los que padecen dolor. ¿Por qué yo? ¿Qué hice mal? ¿Qué está tratando de decirme Dios?

En ese contexto, Job y sus amigos hablan sobre el misterio del sufrimiento. Los amigos, hombres devotos y respetuosos, llenan el aire con conocimiento. En resumidas cuentas, sus argumentos son prácticamente idénticos. Job, Dios está tratando de decirte algo. Nadie sufre sin causa. El sentido común y el razonamiento nos dicen que un Dios justo tratará a las personas con justicia. Él recompensa a aquellos que obedecen y permanecen fieles. Y castiga a aquellos que pecan. Por lo tanto, confiesa tu pecado y Dios aliviará tu sufrimiento.

La esposa de Job sugiere otra alternativa: maldice a Dios y muere. Sin embargo, Job tampoco puede aceptar esa opción. Aunque lo que le ha sucedido no tiene relación con la justicia, no puede negar a Dios.

¿Dónde está la respuesta para Job? En su desesperación, incluso juega con la noción de que Dios es un sádico que “se burla de la angustia del inocente” (9:23).

Frente a las agresiones verbales de sus amigos, Job duda, se contradice e incluso, en algún momento, está de acuerdo con ellos. Pero al reflexionar sobre la vida, también reconoce otros signos de injusticia. Los ladrones son fértiles y prosperan, mientras que algunos hombres santos viven en la pobreza y el dolor. Evidentemente, el mal y el bien no siempre son castigados y recompensados en esta vida.

Contra toda evidencia, se aferra a dos creencias contradictorias en apariencia: él, Job, no merece esta tragedia, pero aún así Dios merece su lealtad. Job se mantiene firme ante burlas como: “¿eres más justo que Dios?”.

Quizás el aspecto más inquietante del libro es que los argumentos de los amigos de Job parecen similares a los ofrecidos por los cristianos de hoy. Hay que buscar mucho para encontrar una defensa del sufrimiento que no aparezca de alguna manera en sus discursos. Y sin embargo, en un asombroso giro irónico al final del libro, Dios rechaza todas sus teorías altisonantes con enfado. “Estoy muy irritado contigo y con tus dos amigos porque, a diferencia de mi siervo Job, lo que ustedes han dicho de mí no es verdad” (42:7).

Así, incluso en el Antiguo Testamento, en el que el sufrimiento se identifica con tanta frecuencia con el castigo de Dios, el ejemplo de Job sobresale. El libro de Job debe terminar con la idea de que cada vez que sufrimos es porque Dios nos está castigando o tratando de decirnos algo. Aunque La Biblia apoya el principio general de que el “hombre cosecha lo que siembra” incluso en esta vida, el libro de Job prueba que otras personas no tienen derecho de aplicar ese principio general a una persona en particular. Nadie merecía sufrir menos que Job y, sin embargo, pocos han sufrido más.

Un mundo perfectamente justo

A un nivel superficial, el libro de Job se centra en el problema del sufrimiento. Más en profundidad, está en juego un asunto diferente: la doctrina de la libertad humana. Job debió soportar sufrimientos inmerecidos para demostrar que en el fondo a Dios le interesa el amor dado sin condicionamientos.

La contienda entre Satanás y Dios no fue un ejercicio trivial. La acusación de Satanás acerca de que Job amaba a Dios solo porque “has puesto un cerco a su alrededor” representa un ataque al carácter del Creador. Implica que Él no es digno de seramado por sí mismo, la gente de fe como Job lo sigue solo porquese los “soborna” para que lo hagan. La respuesta de Job cuandotodos los sostenes de la fe se desvanecieran probaría o no la posiciónde Satanás.

Para entender este tema de la libertad humana, me es útilimaginar un mundo en el que todos reciben realmente lo quemerecen. ¿Cómo sería un mundo perfectamente justo?En tal lugar, la moral operaría de acuerdo a leyes fijas, como loson las de la naturaleza. El castigo por las malas acciones funcionaríacomo el dolor físico: si uno toca una llama, instantáneamentees “castigado” con una advertencia dolorosa. Un mundo justocastigaría el pecado de la misma manera, rápida y acertadamente.Extiende la mano para robar y obtendrás una descarga eléctrica.

De la misma forma, un mundo justo recompensaría el buencomportamiento: completa con honestidad un formulario de la Administración Federal y ganarás una sensación placentera, comouna foca amaestrada que recibe un pescado.

Este mundo imaginario tiene una cierta atracción. Sería justoy consistente, y todos sabrían con claridad qué es lo que Dios espera.Reinaría la justicia. Hay, sin embargo, un gran problema coneste mundo tan ordenado: no representa para nada lo que Diosquiere lograr en la Tierra. Lo que quiere de nosotros es amor dadosin condicionamientos, y no debemos subestimar la importanciaque Dios le otorga a este tipo de amor. El amor desinteresado es tan importante para Dios que Él permite que nuestro mundo seaun cáncer de maldad en su universo, al menos por un tiempo.

Si este mundo funcionara de acuerdo a reglas fijas y perfectamentejustas, no habría libertad real. Actuaríamos correctamentea causa de nuestra recompensa inmediata, y cada acto de bondadestaría teñido de motivos egoístas. Amaríamos a Dios debido auna necesidad innata, programada, no por una elección deliberada entre alternativas seductoras. Al contrario, las virtudes cristianasdescriptas en La Biblia se desarrollan cuando elegimos aDios y sus caminos a pesar de la tentación o los impulsos paraactuar de otra manera.

A lo largo de La Biblia, aflora una y otra vez una analogía queilustra la relación entre Dios y su pueblo. Él, el esposo, está retratado como cortejando a la novia.Quiere su amor. Si el mundo estuviera construido de manera quea cada pecado correspondiese un castigo y a cada buena acciónuna recompensa, la comparación no se sostendría. La analogíamás próxima a esa relación sería la de una mujer mantenida, consentida,sobornada y apartada en un cuarto para que su amantepudiera estar seguro de su fidelidad. Dios no “mantiene” a su Pueblo. Nos ama, se da a nosotros, y espera ansioso nuestra respuestasin condicionamientos. Dios quiere que elijamos amarlo libremente, incluso cuandola elección acarree dolor, porque estamos comprometidos conÉl, no con nuestros propios sentimientos y recompensas. Quiereque nos aferremos a Él, como lo hizo Job, incluso cuando tengamostodas las razones para rechazarlo vivamente.

Las duras pruebas de Job lo demostraron sin lugar a dudas: Job se aferró a la justicia de Dios cuando él constituía el mejor ejemplo en la historia de la aparente injusticia de Dios. No buscó al Dador a causa de sus beneficios; cuando todos ellos le fueron quitados aún siguió buscándolo.

Valle de forjar almas

Si nuestra felicidad no es el objetivo de Dios, entonces, ¿cuál es su intención para este mundo? ¿Porqué se preocuparía por nosotros?

Para ayudar a entender esto, pensemos en el ejemplo de unafamilia humana. Un padre que esté determinado a excluir cualquierdolor de la vida de su hija amada nunca le permitiría darpaso alguno. ¡Se podría caer! En cambio, él la llevaría a cualquierlugar al que ella quisiera ir o la colocaría en un carruaje. Con eltiempo, tal niña mimada se convertiría en una inválida, incapazde dar un paso, en todo dependiente del padre.

Un padre así, sin importar cuán afectuoso fuese, terminaríapor fracasar en su tarea más importante: la de hacer crecer unapersona independiente hasta que se convierta en adulto. Sería mucho mejor para la hija que el padre diera un paso alcostado y la dejara caminar, aun cuando esto significara que ellatropezara. Apliquemos la analogía directamente a Job, quien, alvalerse por sí mismo en mitad del sufrimiento, sin el beneficiode respuestas reconfortantes, ganó una fortaleza nueva y poderosa.

Como declaró el rabino Abraham Heschel: “Una fe comola de Job no puede quebrantarse porque es el resultado de habersido quebrantada”.

Una vez más, estos temas nos retrotraen a la pregunta más básicade la existencia humana. ¿Por qué estamos aquí? La existenciadel sufrimiento deja perplejas o exaspera a aquellas personasque suponen que los seres humanos son creaturas completamenteformadas que necesitan de un hogar apropiado. Según la ópticacristiana, como lo ha resumido el profesor John Hick en su libroFilosofía de la religión, Dios trata concreaturas incompletas. El medio terrestre debería esencialmentenutrir el proceso de “formación del alma”.

Ya hemos visto algunas de las ventajas de un mundo de leyesfijas y libertad humana, incluso cuando los humanos abusen de lalibertad y se dañen unos a otros. John Hick explora otra alternativa,vislumbrando un mundo utópico construido para protegernosde todo dolor y maldad, y concluye que un mundo libre de erroresen realidad eliminaría el propósito de Dios para nosotros.

“Supongamos queeste mundo fueraun paraíso del que estuviera excluida toda posibilidad de dolory sufrimiento. Las consecuencias tendrían un amplio alcance.Por ejemplo, nadie podría lastimar a otro: el cuchillo delasesino se convertiría en papel o las balas en aire; el fraude, el engaño, la conspiración y la traición dejarían siempre el tejidosocial sin dañar.

Además, nadie podría ser lastimado por un accidente: cualquiera que se cayera, ya fuese limpiador de ventanascolgado de un andamio o niño jugando, flotaría ileso hastael suelo; el conductor imprudente no se toparía jamás con eldesastre. No habría necesidad de trabajar, no habría necesidadde estar preocupado por otros en momentos de necesidad opeligro.

Para posibilitar esta serie continua de ajustes individuales,la naturaleza tendría que desarrollar “providenciasespeciales” en lugar de operar de acuerdo a leyes generalesque los hombres deben aprender a respetar bajo penade dolor y muerte. Las leyes de la naturaleza deberían serextremadamente flexibles: algunas veces un objeto sería duro y sólido, otras suave. Es evidente que nuestros conceptos éticos actuales no tendrían sentido. Elcoraje y la fortaleza no tendrían sentido en un medio enel que, por definición, no hay peligros ni dificultades.La generosidad, la calidez, el amor como ágape, la prudencia, laabnegación y todas las otras nociones éticas que presuponela vida en un medio estable, ni siquiera tendrían oportunidadde formarse. En consecuencia, tal mundo, no importacuánto fomente el placer, estaría muy mal adaptado para eldesarrollo de las cualidades morales de la personalidad humana.

Para este propósito, sería el peor de todos los mundosposibles. Parece, entonces, que un medio cuyo objetivo seahacer posible el desarrollo en los seres libres de las mejorescaracterísticas de la vida personal debería tener mucho en común con nuestro mundo presente: debe funcionar deacuerdo a leyes generales y fiables, y debe incluir peligrosreales, dificultades, problemas, obstáculos y posibilidades dedolor, fracaso, pena, frustración y derrota. Si no incluyeralas pruebas y los riesgos que –sin contar la considerable contribuciónde los hombres– nuestro mundo contiene, deberíacontener otros en su lugar.

Darse cuenta de esto es… comprender que este mundo, contodos sus ‘dolores de cabeza’, un medio tan obviamente no diseñadopara la maximización del placer humano y la minimización deldolor humano, quizá esté mejor adaptado para el objetivo muy distinto de ‘formar almas’”.

De alguna manera sería más fácil para Dios intervenir, tener fe por nosotros, ayudarnos de formas extraordinarias. Pero en cambio ha elegido presentarse ante nosotros, los brazos abiertos,mientras nos pide que caminemos, para participar en la formación de nuestras propias almas. Este proceso implica lucha, y a menudo, sufrimiento.

¿Con qué fin?

A pesar de que la Biblia no es concreta respecto a la causade sufrimientos específicos, nos brinda muchos ejemplosen el que Dios usa el dolor por un propósito:“Yo les hice pasar hambre en todas sus ciudades, y los privé de pan en todos sus poblados. Con todo, ustedes no se volvieron a mí, afirmael Señor” (Amós 4: 6).

Muchos pasajes bíblicos muestran que algunascosas son peores para Dios que el dolor de sus hijos. Consideralos sufrimientos de Job, de Jeremías o de Oseas. Dios ni siquierase exime a sí mismo del sufrimiento: considera el dolor increíblepara sí al convertirse en hombre y morir en la cruz. ¿Muestra estola falta de compasión de Dios? ¿O más bien demuestra que algunascosas son más importantes para Dios que una vida libre desufrimientos incluso para sus seguidores más leales?

Como dije antes, La Biblia cambia constantemente las preguntasque formulamos sobre el problema del dolor. En muy pocasocasiones o de manera ambigua responde a las pregunta delpor qué.

En vez de ello, plantea una pregunta muy diferente, dirigidaal futuro: “¿con qué fin?”. No estamos acá en la Tierra solo para satisfacer nuestros deseos, procurar la vida, la libertad y la felicidad.Estamos acá para ser cambiados, para ser hechos más comoDios a fin de prepararnos para una vida eterna con Él. Y ese procesopuede producirse a través de un patrón misterioso de todala creación: el placer surge a veces a pesar de un pasado de dolor,el mal puede ser transformado en bien y el sufrimiento puedeproducir algo de valor.¿Nos está Dios hablando a través de nuestros sufrimientos?

Es peligroso y quizás ni siquiera sea bíblico que nos torturemostratando de encontrar su mensaje en un dolor, una instancia específicade sufrimiento. El mensaje podría ser sencillamente quevivimos en un mundo con leyes establecidas, como todos los demás.Pero desde un punto de vista más amplio, desde el punto devista de toda la historia, sí, Dios nos habla a través del sufrimiento,o quizás a pesar del sufrimiento. La sinfonía que está componiendoincluye acordes menores, desarmonías, y agotadoresconciertos. Pero aquellos de nosotros que seguimos su direccióna través de movimientos tempranos, con fuerza renovada, romperána cantar.

 

Dos grandes errores

Las discusiones acerca del problema del dolor tienden a deslizarsehacia lo abstracto y filosófico, lo que puede desviar la atencióndel problema real de la gente que sufre. Sin embargo, sentí lanecesidad de explorar algunos de estos temas porque consideroque tienen un efecto directo y práctico sobre nuestra respuesta alsufrimiento.

De hecho, creo que los cristianos andan por una cuerda flojamental y están en peligro constante de caer en una de dos direcciones. En este asunto, los errores al pensar pueden tenerresultados trágicos.

El primer error aparece cuando atribuimos todo el sufrimientoa Dios, considerándolo como un castigo de su parte a los desatinoshumanos; el segundo error consiste en justo lo opuesto: suponerque una vida con Dios nunca incluye el sufrimiento.

Entrevisté a muchos cristianos con enfermedadesmortales, y todos sin excepción me hablaron acerca de lo perjudicialque puede llegar a ser recibir a un visitante que plantee:“qué habrás hecho para merecer este castigo”. Justo cuando ellosmás necesitan esperanza y fuerzas para combatir la enfermedad,lo que se les ofrece es una dosis helada de culpa y duda. Me alegraque el autor de Job se haya tomado el trabajo de registrar lasdivagaciones de los amigos de Job: me es útil a modode recordatorio permanente de que no tengo ningún derecho apararme al lado de una persona que sufre y pronunciar: “Es lavoluntad de Dios”, sin importar cómo disfrace este pensamientocon frases piadosas.

El error de atribuir todo el sufrimiento a un castigo de Diosposee consecuencias de vasto alcance, como la historia de la Iglesialo ha demostrado penosamente. Durante el final de la EdadMedia, se enviaba a la hoguera a las mujeres por el acto heréticode tomar remedios para aliviar el dolor de parto. “Parirás condolor”, amonestaban los curas al condenar a muerte a las mujeres.Y cuando Edward Jenner perfeccionó la vacuna contra laviruela, la oposición más fuerte que tuvo que enfrentar provinode los clérigos, quienes se oponían a cualquier interferencia con la voluntad de Dios. Incluso hoy, algunas sectas se oponen a lostratamientos médicos modernos.

Si aceptamos que el sufrimiento provienede Dios como una lección (como lo hace, por ejemplo, el islam),el paso siguiente sería una resignación fatalista. El polio, el sida, lamalaria, la peste bubónica, el cáncer, la fiebre amarilla… ¿Por quélucharíamos contra ellos si son los agentes que Dios envía paradarnos una lección?

En los tiempos modernos, algunos cristianos aún se inclinanpeligrosamente hacia un cierto fatalismo que está más de acuerdocon el islam o el hinduismo que con el cristianismo, cosa que considero como una perversión peligrosa del dogmacristiano.

Jesús mismo pasó sus días en la Tierra combatiendo la enfermedady la desesperación. Nunca dejó entrever nada en relacióncon el fatalismo o la aceptación resignada del sufrimiento.Nosotros, los habitantes de este planeta “quejoso”, tenemosel derecho, incluso la obligación, de luchar contra el sufrimientohumano. El que crea lo contrario, debería releer la parábola delBuen Samaritano, Lucas 10, y la parábola de las ovejas y los carnerosen Mateo 25.

 

Teología de la salud y el bienestar

En épocas recientes, algunas partes de la Iglesia se han inclinadoen una dirección muy diferente, hacia el segundo gran error.Enseñan que la vida con Dios nunca incluirá el sufrimiento.Tal “teología de la salud y el bienestar” solo podría surgir entiempos de prosperidad, en una sociedad que cuenta con tantaayuda para aliviar el dolor.

Por ejemplo, los cristianos en Irán o en Camboya difícilmentepodrían llegar a una teología de sonrisa feliz. Como notó un cristiano europeo: “Los cristianos occidentales a menudoconsideran que la prosperidad material es la única señal de la bendición de Dios. Por otro lado, es frecuente que tú percibas lapobreza, el malestar y el sufrimiento como señales de la desaprobaciónde Dios. De cierta forma, nosotros aquí consideramosel sufrimiento desde la perspectiva opuesta. Creemos que elsufrimiento puede ser una señal del favor de Dios y confiamos enlos cristianos a los que se les puede enviar esa prueba”.

En la actualidad, reservamos las medallas al mérito más brillantespara los que han sido sanados milagrosamente, los presentamosen artículos de revistas y en programas de televisión,mientras se promete sin reservas que la sanidad está disponiblepara todos si tan solo la reclaman.

De ninguna manera pretendo subestimar la maravilla de lasanidad física. Pero, obviamente, los milagros no ofrecen una soluciónpermanente al problema del sufrimiento porque la tasade mortalidad es exactamente la misma para cristianos que parano cristianos: el 100%. Todos tenemos ojos que puedennecesitar lentes correctivos, huesos que se pueden fracturary tejido blando susceptible a la destrucción a causa de accidentesautomovilísticos o ataques por bombas. Los cristianos tambiénse enferman de cáncer. Comparten plenamente el sufrimiento deeste mundo.

El énfasis moderno en la sanidad milagrosa tiene el efectosecundario de hacer que aquellos que no son sanados se sientancomo si Dios los hubiera pasado por alto. Recientemente, miré unprograma de televisión de sanidades en el que los telespectadoresllaman por teléfono. El mayor aplauso se lo llevó alguien queinformó que su pierna se había sanado justo una semana antesde la cirugía para amputársela. La audiencia gritó y el maestro de ceremonias exclamó: “¡Este es el mejor milagro que hemos tenidoesta noche!”. No pude evitar preguntarme cuántos amputadosestarían viendo el programa, preguntándose apesadumbrados porqué su fe había fallado.

A diferencia de muchos evangelistas televisivos, el apóstol Pablono parecía esperar riqueza y bienestar de la vida cristiana,sino una medida de sufrimiento. Le dijo a Timoteo: “Así mismoserán perseguidos todos los que quieran llevar una vida piadosa enCristo Jesús” (2 Timoteo 3:12). Una persona enferma no es pocoespiritual. Tampoco la fe cristiana nos equipa mágicamente conun traje espacial herméticamente sellado y libre de gérmenes paraprotegernos contra los peligros de la Tierra. Eso nos impediríaidentificarnos con el mundo, un lujo que Dios no le permitió a su propio Hijo.

Para restaurar el equilibrio sobre este tema haríamos bienen estudiar la lección sobre la fe que se enseña enuno de los mejores capítulos bíblicos sobre el tema: Hebreos 11.

El autor recopila una lista de personas fieles a lo largo de los siglos.La mayoría de los santos mencionados en la primera parterecibieron liberación milagrosa: Isaac, José, Moisés,Rajab, Gedeón y David. Pero en la segunda parte del capítulomenciona otros que fueron torturados, encadenados, apedreadosy cortados en dos.

Hebreos 11 nos da detalles de este segundo grupo: iban de un lugar a otro con pieles de ovejas y de cabra, eran indigentes,andaban errantes por desiertos y montañas, y vivían en agujeros en el suelo. El capítulo expresa de forma terminante: “Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa”. Sin embargo, le agrega la valoración de Dios sobre estos peregrinos en la Tierra que pusieron sus esperanzas en un mundo mejor, la patria celestial: “Por lo tanto, Dios no se avergonzó de ser llamado su Dios, y les preparó una ciudad”.

Por Philip Yancey
Tomado del libro: ¿Dónde está Dios cuando duele?
Editorial: Peniel

  Image size: 100x150, 25.35Kb
  Image type: png

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*