Nuestra responsabilidad

Por Kenyon&Gossett

Para el cristiano, la responsabilidad es su respuesta a la capacidad de Dios. Romanos 14:7 dice: Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni tampoco muere para sí”.

La sociedad humana está tan constituida que nuestra vida está inconscientemente entretejida. Cuanto más egoísta es un hombre o una mujer, más infeliz es. Cuando más dedica su vida a otros, más rico se vuelve, y su vida se encuentra más llena. La felicidad nunca se obtiene ganando, sino dando. “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio…”. Él es el primer ejemplo de entrega. La gran vida es la vida que da; cuando más seas sus empatías, más rica será su vida. Y estamos de modo consciente o inconsciente cambiando de opinión sobre nosotros mismos; cuanto más fuerte es nuestra personalidad, mucho mayor es nuestra influencia.

Las grandes fuerzas del mundo son espirituales y se expresan mediante nuestra conducta.

Estamos vinculados

Usted no se morirá sin que su vida afecte a la de otra persona. Dios nunca pretendió que viviéramos solos nuestra vida. Su sueño era que no viviéramos solos. Su sueño era que estuviéramos tan entrelazados el uno en el otro que todos creciéramos juntos. El plan era que todos ministremos. Usted hace su parte, y yo hago la mía; juntos, servimos y estamos unidos en el cuerpo del Señor.

Es como en el oratorio, el himno, donde cada uno hace su parte, o como en el cuarteto con su soprano, alto, tenor y bajo, que juntos forman un conjuntos armonioso.

Obra personal

Jesús le dijo a Pedro: “Te haré pescador de hombres” (vea Mateo 4:19). En esa expresión, determina cómo se propagará el Evangelio. Va a ser mediante contacto personal; va a ser con individuos. El ideal de Jesús era interaccionar con uno o dos, como hizo con la mujer en el pozo, o con Nicodemo. Solo unos pocos pueden hacer la obra de masas: Whitefield, Moody o Sunday; pero la obra individual, todos podemos hacerla. Cualquier que pueda hablar o escribir una carta puede llevar a personas a Cristo. Nuestra responsabilidad se mide por nuestra capacidad.

En la iglesia primitiva no había departamento de propaganda ni periódicos. Estaban tan emocionados con el mensaje que sencillamente tenían que entregárselo a otros.

La ley que gobierna la obra personal es realmente la ley del amor, que se encuentra en 1 Corintios 6:19-20: “Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio”. Somos suyos; Él tiene derecho a usarnos como quiera. En el momento en que usted nace de nuevo, se convierte en su propiedad redimida; y el Amor, quien nos compró, tiene derecho a pedir nuestro amor a cambio. Además, Jesús tiene una gran misión en el mundo de hoy: la salvación de los hombres. Si hemos sido comprados por precio y le pertenecemos, entonces Él tiene derecho a dirigir nuestras actividades y dictar el programa de nuestra vida. Somos sus representantes. A nuestro alrededor hay hombres y mujeres que necesitan a Cristo; la oportunidad de ganar hombres para Cristo nos rodea por todas partes. Y no hay nada que produzca tales dividendos de gozo como llevar a hombres a Cristo. “El fruto de la justicia es árbol de vida, pero el que arrebata vidas es violento”(Proverbios 11:30). Esta es la obra que Cristo vino a hacer. Él derramó su vida para que hombres pudieran ser salvos, y usted debe ser manos, pies y corazón para representarle en el mundo.

Felipe dijo: “Señor, muéstranos al Padre y con eso nos basta”(Juan 14:8). Y Jesús dijo: “¡Pero, Felipe! ¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”(Juan 14:9). Cuando vi esto por primera vez, mi corazón clamó: “Oh, quiero vivir de tal manera que los que me vean, vean a Jesús”.

El Dr. A. T. Pearson dijo de George Müller: “El sueño y la ambición de George Müller era conocer a Dios y darlo a conocer”.

Respondamos a su capacidad dentro de nosotros, para que Él pueda ser dado a conocer a través de nosotros.

Representación

Antes de ir a convencer a la gente, nosotros mismos deberíamos estar muy “convencidos”, para que cuando la gente nos mire, pueda ver a quién representamos. Pueden ver que Él es parte de nosotros, que nosotros somos parte de Él.

El primer requisito es la autenticidad. Usted no puede ser un actor y fingir. Si un trabajador que tiene algo falso puede actuar tan bien que consigue hacer que la gente lo crea y se lo quede cuando es falto sin valor, entonces su lugar está en películas. No es necesario actuar. No es una verdadera representación, Usted ha venido con una respuesta genuina a su problema.

Segundo, su ambición es darle al público algo que ellos necesiten, algo que merezca la pena. Ahí fluye algo de su personalidad que pone una fragancia en sus palabras y capta su atención de inmediato. Ellos están cansados, ocupados y tienen prejuicios, pero la fragancia de su fervor y autenticidad es una bendición para ellos. Le escuchan. Si usted tiene en mente solo el pensamiento de lo que sacará de este contacto, lo sentirán en su espíritu; lo oirán en su tono. Pero siusted sabe que será para beneficio y ganancia de ellos, lo sentirán en usted.

Así pues, vendase usted primero. Véndelas la personalidad más grande y más real, un espíritu de lealtad a las cosas grandes de la vida, y antes de llegar donde ellos están, lo sentirán.

Por E.W. Kenyon y Don Gossett
Tomado del libro: Declare vida
Editorial: Whitaker

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