Fije usted los límites

Porque si no lo hacemos, nuestra vida se volverá muy difícil

Por Dr. Henry Cloud

Esteban estaba agotado y al borde de perder su empleo porque nunca decía que no a los pedidos de ayuda de la gente. Sandy era infeliz y estaba fuera del control de su vida porque no podía decirle que no a su madre. Janet sufría de ataques de pánico porque no podía decirle que no a la embriaguez de su marido. Jim era infeliz porque nunca podía decirle que no a las solicitudes de su esposa de que trabajara en la casa. Pedro era suicida porque no podía decirle que no a su madre de que se quedara en la casa por el resto de su vida. Todas estas personas podrían emplear algunas acciones acerca de cómo fijar límites y cómo evitar que la gente los cruce.

Veamos algunas de las habilidades necesarias para fijar límites y aprender a decir que no cuando alguien intenta cruzarlos.

Defínase a usted mismo: Así como Dios se define a sí mismo, usted necesita afirmarse a usted mismo. Comience por decir qué siente, qué le gusta, qué quiere, qué piensa y qué hará. Grábese una identidad y diga: “Este es el que soy yo”.

También debe decir quién no es usted. Diga lo que “usted no es”. Diga con qué no está de acuerdo, qué no le gusta, qué no hará y demás. Las personas con problemas de límites con frecuencia no están en contra de nada. Aceptan todo. Esto es muy destructivo.

Desarrolle el músculo del no: Un niño aprende a fijar límites diciendo que no. Muchos de nosotros hemos eliminado esta palabra de nuestro vocabulario y debemos volver a descubrirla. Fortalezca su músculo del no. Comience con pequeños ejercicios, tales como decir que no a cenar en determinado restaurante al que no quiere ir, y trabaje ascendiendo a cosas más exigentes, como decir que no a hacer el amor cuando no quiera hacerlo. Aprender a decir que no probablemente sea la tarea más importante y difícil al crear fronteras, especialmente decirle que no a los padres.

Deje de culpar a los demás: Hacerse responsable de su propio dolor y no culpar a los demás es un movimiento importante que nos aleja de la esclavitud y nos acerca a la salud. Deje de culpar a los demás por sus problemas, trátelos. Esto no significa que los demás no los ocasionaron, simplemente que usted tiene que tratar con ellos. Culpar a los demás es un callejón sin salida.

Deje de hacerse la víctima: Como adulto, usted tiene opciones. Comience a hacerse responsable de esas opciones y aduéñese de ellas. Si da algo, está optando por dar y debe dejar de actuar como si alguien lo obligara a hacerlo. Como adulto, usted está optando. Si trabaja en algún lado que no le gusta, hágase responsable por encontrar alguna otra cosa. SI un amigo lo critica una y otra vez, hágase responsable y arregle un encuentro con él o ella. Usted es responsable de lo que elige hacer. Hacerse responsable cambiará su vida.

Persevere: El Señor nos manda a perseverar, a que continuemos a pesar de las dificultades o la oposición tal como nos dice Hebreros 12:1-3. Cree metas para usted y dispóngase a lograrlas con un esfuerzo continuo y paciente. La perseverancia crea disciplina y responsabilidad. La perseverancia crea carácter: el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza”(Romanos 5:3-4).

Vuélvase activo, no reactivo: Las personas con problemas de límites con frecuencia se ven a sí mismas no como iniciadores, sino como reactores. Toman opciones reaccionando pasivamente ante los demás. Elija amar y dar, no solo ame y dé cuando le sea requerido. Elija trabajar y lograr, no solo hacerlo cuando se le requiera. Esto desarrolla el carácter. Desarrolla un sentido de “lo haré”.

Fije límites: Una de las tareas más importantes es fijar límites a la conducta abusiva de otros. No debemos permitir que los otros se centren en sí mismos ni sean irresponsables.

Ponga límites a la forma en que el abuso de sustancias de los demás o el abuso físico lo afectan a usted. Además, coloque límites sobre un abuso emocional más sutil, tal como la crítica o la culpa.

Comience a darse cuenta de sus límites de tiempo, dinero y energía. Si ha sembrado con moderación, cosechará con moderación; pero si siembre más de lo que tiene, se irá a la quiebra. Encuéntrese con Dios y con los demás para hallar qué es razonable para usted en este momento.

Practique el autocontrol: Fije límites sobre sus deseos. Usted no puede tener todo lo que quiere. Tenga cuidado de no irse al otro extremo y colocar demasiados límites en sus deseos, de modo que se controle a sí mismo sin tener un “yo”. Llegue a un equilibrio entre satisfacer sus deseos y controlarlos.

Advierta su separación: Desarrolle tiempo e intereses fuera del tiempo e intereses de aquellos a los que ama. Advierta que la separación es algo bueno y que enriquecerá su relación. El tiempo separado mejora la relación al crear ansias. De otro modo, somos clones. El contar las formas en que usted es diferente, así como igual, de aquellos a quien ama, ayudará a su sentido de identidad.

Sea sincero: Sea honesto con los demás. Muchas personas no son honestas porque temen perder la intimidad y el estar juntos. En realidad, la sinceridad acerca a las personas, puesto que fortalece sus identidades. Cuando más advierta sus identidades separadas, más cerca estará. Decirle a los seres queridos algo que realmente está en su mente, y decirles a los demás qué piensa realmente, es la base del amor.

Al examinar los límites no podemos dejar de lado algo fundamental: la responsabilidad. Nuestras fronteras básicamente definen nuestro sentido de responsabilidad. Nos dicen en qué consiste nuestra vida y de qué somos responsables. Debemos adueñarnos de nuestro propio cuerpo, sentimientos, actitudes, conductas, pensamientos, capacidades, opciones y límites.

Adueñarnos de nuestra propia vida es la esencia de la libertad, y no hay amor sin libertad. Ella nos realiza y el amor nos motiva a dar ese yo a otros. Cuando damos antes de ser libres y de adueñarnos por completo de nosotros mismos, caemos en la servidumbre y en la esclavitud. Advierta lo que tiene y luego compártalo con los demás. Esto significa cumplir con la ley de Cristo.

Por Dr. Henry Cloud
Tomado del libro: Cambios que sanan
Editorial: Vida

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