¿En quién estamos anclados?

Preocupémonos por lo que Jesús piense

Por Paul E. Miller

Jesús me impresionó cuando leí los evangelios. Me parecía que su sinceridad y su franqueza eran implacables, casi groseras. ¿Cómo podía alguien tan compasivo tratar de esa manera a las personas?

Piensa, por ejemplo, cómo trató a Simón. Sí, Simón lo insultó (no recibió a Jesús con un beso, ni lavó sus pies, ni derramó aceite sobre su cabeza), pero la mayoría de las personas tendría problemas con la demostración pública de afecto de la mujer. Sin embargo, Jesús le dice a Simón que esta destructora de hogares expresa el amor mejor que él… ¡y lo hace frente a los invitados del hombre!

La gente no hace ese tipo de cosas cuando está invitada por alguien, en ninguna cultura, en ningún período histórico. En lugar de encarar directamente un insulto público, por lo general, nos quejamos del tema con nuestros amigos. Sin embargo, Jesús no chismorrea. Él le habla directamente a su anfitrión delante de todos, sin importarle lo que Simón puede pensar de él.

Si nosotros hubiéramos estado en el lugar de Jesús, nos podría haber preocupado que las personas se formaran una idea equivocada sobre la relación que tuviéramos con la mujer. O sobre lo que ella podría pensar. Al fin y al cabo, las personas excesivamente sensibles no tienen barreras sociales normales que tenemos el resto de nosotros. Tal vez ella podría resultar como una sanguijuela que se chupa toda nuestra energía. Si abrimos la puerta una pequeña rendija, ella meterá todo el pie para ingresar. Otros podrían rechazarnos si nos ponemos del lado de ella.

Jesús no. Él está completamente comprometido con la verdad, a cualquier costo. Estuvo mal que Simón juzgara a la mujer. Estuvo mal que recibiera a Jesús tal como lo hizo. Sin embargo, el comportamiento inmoral de Simón estaba disfrazado de bondad y Jesús no quiso formar parte de esa farsa. Quedarse callado hubiera sido lo mismo que respaldar esa conducta.

Jesús sabe que necesitamos ser compasivos y sinceros en nuestras relaciones. Les dijo a sus seguidores que fueran sinceros en su trato con las personas. Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano”(Mateo 18:15). Sin esa sinceridad, nuestra relación se daña.

El compromiso de Jesús

Jesús no solo tiene un compromiso con la verdad: valientemente arriesga su reputación por la verdad. Su valentía y su compromiso con la justicia tienen un tono severo e intransigente que causa incomodidad a las personas. Observa cómo se desarrolla esta escena cuando Jesús visita la casa de un fariseo prominente, después del culto del día de descanso en la sinagoga: “Al notar cómo los invitados escogían los lugares de honor en la mesa, les contó esta parábola: ‘Cuando alguien te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el lugar de honor, no sea que haya algún invitado más distinguido que tú. Si es así, el que los invitó a los dos vendrá y te dirá: ‘Cédele tu asiento a este hombre’. Entonces, avergonzado, tendrás que ocupar el último asiento. Más bien, cuando te inviten, siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te invitó, te diga: “Amigo, pasa más adelante a un lugar mejor.” Así recibirás honor en presencia de todos los demás invitados. Todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido’”(Lucas 14:7-11).

Toda cultura clasifica a las personas y aquí Jesús nuevamente altera la norma cultural. Cuando somos huéspedes en la casa de alguien, es posible que notemos algo que no está del todo bien, pero generalmente se lo mencionamos en voz baja a nuestro cónyuge o a nuestros amigos cuando estamos volviendo a casa. Sin embargo, Jesús les dice a todos los presentes que, al ocupar los lugares de honor, han demostrado arrogancia y soberbia. Sin embargo, Jesús no solo dice eso. Le dice al anfitrión que ha invitado a las personas equivocadas (Lucas 14:12-14).

La sinceridad de Jesús mete el dedo en la llaga. Sus comentarios ratifican estos dos parámetros morales:

  1. No te dejes incitar por el orgullo o el poder. Si lo haces, un día te traerán abajo.
  2. No te creas amoroso solamente porque eres bueno con las personas; esa podría ser una manera secreta de conseguir algo para ti mismo. La verdadera prueba de la bondad es si les das a las personas que no pueden retribuirte de ninguna forma, ni siquiera diciéndoles a otros lo bueno que eres.

Libres de las opiniones

Jesús tiene un fuerte compromiso con lo que está bien y el valor para expresarlo. Como los antiguos profetas hebreos, es absolutamente valiente. Los demás no controlan su comportamiento. A Herodes, el gobernante ávido de poder de Galilea, lo llama “zorro”. Dice que los fariseos hipócritas son “sepulcros blanqueados” e “hijos de víboras”.

Los fariseos, de hecho, elogian a Jesús por no dejarse influenciar por la opinión de los demás. Es el único cumplido que le hicieron en su vida (Mateo 22:15-22).

Irónicamente, al elogiarlo por ser sincero, no eran sinceros. Sabiéndolo, Jesús responde con una honestidad brutal, dejando al descubierto su intención (“¿Por qué intentan atraparme?”) y cómo es su corazón (“hipócritas”).

El alma de Jesús está anclada en Dios; eso lo libera de las opiniones ajenas. La percepción de Dios que tiene Jesús explica su comportamiento extraordinario. Él sabe que Dios está observándolo, disfrutándolo y amándolo. Debido a que él tiene el amor de Dios en su corazón, no necesita que otras personas lo amen.

Imagínate cómo sería el ,mundo si nadie tuviera planes ocultos, si todo estuviera puesto sobre la mesa, sin chismes ni charlas a espaldas de los demás. Imagina lo liberador que sería vivir como Jesús, sin el dominio de la opinión de la gente, solamente preocupándonos por cómo nos ve Dios, sintiéndonos libres, para ocuparnos de los demás con palabras sinceras que lleven al rechazo o a la identificación genuina.

La mayoría de nosotros no vivimos así. Nos carcome saber qué impresión causamos en las personas. Ansiamos su aprobación y nos volvemos manipuladores. Esto crea una sensación falsa, pero fugaz, de satisfacción. O juzgamos a los demás diciéndoles que necesitan nuestra aprobación. Sin embargo, Jesús describe una manera nueva de ocuparse de las personas, una que no se fija en lo que opinan los demás, una en la que tenemos compasión y sinceridad y que hace reales nuestras relaciones. Jesús dijo: El que habla por cuenta propia busca su vanagloria; en cambio, el que busca glorificar al que lo envió es una persona íntegra y sin doblez”(Juan 7:18).

 Por Paul E. Miller
Tomado del libro: El amor caminó entre nosotros
Tyndale

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