El Señor quiere que vivas tu vida

Deja de compararte con los demás

Por Brian Houston

Recientemente, mi esposa, Bobbie, y yo íbamos en el auto, a una hora de camino de nuestro destino. Hablamos de varios temas: de nuestros hijos, nietos y la gente de la iglesia, antes de caer en ese silencio cómodo que se disfruta con alguien a quien amamos desde hace mucho tiempo. Entonces mi esposa rompió el silencio, de repente se volvió a mí y dijo: “¿No te sientes abrumado algunas veces?”.

Sin lugar a dudas ella pensaba en la conferencia para mujeres que dirige cada año. El Espíritu de Dios le hizo sentir carga para que creara una conferencia que secentrara en lo mucho que Él ama y valora a todas las mujeres. Mi esposa ha visto crecer esta conferencia hasta convertirse en un evento internacional que atrae a miles y miles de mujeres de todo el mundo. Como yo estaba al tanto de que el evento de este año ya estaba muy cerca, lo cual trae aparejado una gran cantidad de personas y preocupaciones, supe la razón de su pregunta. En cuanto me preguntó, le contesté sin vacilas: “Todo el tiempo”.

Para ser honesto, nunca hemos conocido un momento en que nos hayamos sentido en terreno cómodo.

A medida que Él nos ha confiado más responsabilidades y recursos, nos sentimos aun más abrumados. Jamás seríamos capaces de hacer en nuestras propias fuerzas todo lo que hacemos, ni siquiera con los miles de personas increíblemente talentosas que se nos unen para extender el Reino. Pero el Señor nos sigue llamando, y respondemos y actuamos impulsados por su Espíritu. Él ha sido siempre fiel para proveernos de todo lo necesario y más. Nunca ha sido a través de nuestras propias fuerzas, talento, habilidad o influencia.

Tal vez tú también te sientes abrumado. A lo mejor te sientes atrapado, preso en un círculo de tareas, facturas, plazos y las horas del día no te alcanzan. Sin duda, la vida está llena de momentos abrumadores, especialmente para todos nosotros lo que queremos hacer algo que valga la pena con nuestra existencia, y vivir con un propósito. Con frecuencia las personas, en busca de respuestas, se entretienen con actividades que al final solo les roban todas las energías y los dejan sin un ápice de motivación. Sin embargo, hay una mejor manera de vivir.

La Biblia nos habla muchísimo sobre lo que es vivir en la gracia: conocer, andar y vivir en el favor inmerecido de un Dios clemente y misericordioso. La Biblia está llena de personajes que a veces se sentían fuera de lugar, incapaces de llevar a cabo la tarea que se les había encomendado. Hombres y mujeres abrumados por el propósito delante de ellos y el llamado de Dios a sus vidas. Gente como Mefiboset, que era un extraño en la casa del rey. Moisés, que tenía dificultades para hablar. David, que no era más que un joven pastor. Incluso una prostituta llamada Rahab, que le pidieron que traicionara a su propio pueblo y confiara en un Dios al que apenas conocía para de esa forma salvar a su familia.

Una y otra vez, no importa quién fuera, todos se sintieron abrumados. Y sin embargo, Dios les dio la gracia suficiente para cumplir su propósito y llamado individual. Tengo que confiar que hoy, Él hace lo mismo contigo y conmigo. Cuando el apóstol Pablo pidió a Dios que le quitase aquel “aguijón en la carne”, aquella batalla recurrente, Dios le respondió: “‘Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad’. Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo”(2 Corintios 12:9).

Tu propia gracia

Mientras que la historia de cada persona en la Biblia nos da pistas en cuanto a cómo vivir en el confort de nuestra propia gracia, el apóstol Pablo aborda el tema directamente. En casi todas las cartas que escribió, él comienza con una presentación de sí mismo en el contexto de la gracia. En cada caso, el apóstol muestra una confianza clara y una fuerza natural, una comodidad real consigo mismo. Ha perdido sus limitaciones, por tanto, se enfoca en su llamado y confía en el poder de Dios para lograrlo. Observa cómo comienza su carta a los efesios: Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios,a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso”(Efesios 1:1).

Parece una forma natural de comenzar una carta, ¿cierto? Pero si nos fijamos con atención, la confianza de Pablo sale a relucir. Pablo dice lo siguiente: “Pablo (ese soy yo), apóstol (lo que hago) de Cristo Jesús (por quién lo hago) por la voluntad de Dios (esta es mi autoridad), a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso (esta es mi audiencia)”. ¡En una frase breve, Pablo ha puesto de manifiesto toda su esfera de gracia!

Pablo tenía una clara confianza en lo que hacía. Se sentía cómodo con su llamado a pesar de los desafíos, que a menudo eran muchos, cómodo con la forma en que Dios había dispensado su gracia de una forma única en su vida. Cuando se vio obligado a defender su ministerio y la autoridad de Dios para ejercerlo, Pablo ofrece una mejor definición de esta medida única de gracia que el Señor nos otorga a cada uno. Él escribió: “No nos atrevemos a igualarnos ni a compararnos con algunos que tanto se recomiendan a sí mismos. Al medirse con su propia medida y compararse unos con otros, no saben lo que hacen. Nosotros, por nuestra parte, no vamos a jactarnos más de lo debido. Nos limitaremos al campo que Dios nos ha asignado según su medida, en la cual también ustedes están incluidos”(2 Corintios 10:12-13).

Pablo deja claro que no es prudente compararnos o evaluarnos basados en nuestras propias normas o las de los demás. Solo podemos operar dentro de la esfera de servicio que Dios personalmente nos asignó. Siempre que comiences a compararte con otros en la vida, vas a terminar sintiéndote insatisfecho, envidioso, resentido, celoso y amargado. El pasto siempre parece más verde al otro lado de la cerca. Siempre vas a encontrarte con alguien que parece hacerlo todo mejor que tú, tener más éxito, disfrutar más de la vida y ganar más dinero.

Pero si entiendes lo que Pablo expresa, y observas cómo vivió su vida, entonces queda claro que su confianza, su conformidad consigo mismo, proviene de vivir dentro de ese ámbito, esta medida de gracia que Dios le había ofrecido.

Podemos estar distraídos en nuestras propias inseguridades, tratar de satisfacer las expectativas de la gente y presionarnos a nosotros mismos para ser alguien diferente. Hasta hoy, que me siento totalmente cómodo y confiado con la persona que soy, todavía hay momentos en que puedo sentirme momentáneamente pisando terreno desconocido. Pero, como supuestamente Oscar Wilde expresara: “Sé tú mismo. Todos los demás ya existen”.

Pablo logró cosas increíbles para el Reino de Dios porque vivió su propia medida especial de gracia. Viajó prácticamente a todas las regiones del mundo conocido en su época para llevar la buena noticia del Evangelio. Escribió cartas sobre verdades que el Espíritu de Dios le reveló para que informara, instruyera e inspirara a generaciones de lectores y creyentes. Enfrentó el peligro, vio la muerte de cerca en muchas ocasiones y se mantuvo sosegado y enfocado en medio de las tormentas, naufragios, multitudes hostiles y motines carcelarios. Pablo en repetidas ocasiones nos deja bien claro que él no es el responsable de esa vida basada en la gracia que él vivía. Solo su relación con Dios a través del poder de Cristo alimentaba su confianza y satisfacción.

Bendecido para el éxito

Cuando vives dentro de los parámetros de tu propia gracia especial, entonces sientes que la vida es abierta y expansiva. Dejas de comparar y empiezas a apreciar. La vida abundante que Jesús vino a traernos nos libera de los límites de la cultura, la competencia y la comparación. Podemos ser generosos, abiertos a la amistad y las relaciones y, llenos de gracia, podemos disfrutar del cumplimientos de nuestro propósito a la vez que amamos a los demás y somos amados. Cuando experimentamos el favor gratuito e inmerecido de Dios, descubrimos que su gracia lo llena todo y es completamente suficiente. A través del poder de su gracia, Dios puede perdonar y olvidar el pecado o el fracaso más devastador de nuestra vida. Su gracia ofrece una respuesta para todos los problemas, una manera de superar cualquier obstáculo, la facultad para hacer lo que sería imposible en nuestras propias fuerzas.

Cuando vives esa vida abundante y plena para que fuiste diseñado, todo lo que haces se caracteriza por la pasión, el propósito, la perspectiva y la paz. Te emocionas al despertarte cada mañana, con ganas de salir de la cama y vivir el día que el Señor ha hecho y ha puesto delante de ti. El trabajo duro y los obstáculos inesperados no te van a detener ni te frustrarán por mucho tiempo, porque saber que haces lo que fuiste creado para hacer, y es tu más auténtico ser, liberado por la gracia de Dios.

De la manera que Pablo personalizó la gracia que le fue concedida, tú debes recibir la gracia que Dios te ha ofrecido. Cuando vives inmerso en tu propia esfera de gracia, cuando dejas a un lado las limitaciones de vivir a la altura de las expectativas de los demás, entonces te sientes cómodo contigo mismo y con tu vida.

Dios repartió una medida de gracia para cada uno de nosotros. Esta medida es todo lo que necesitas para cumplir el propósito de Dios en tu vida. Puede sonar un poco exagerado o muy simple, pero cada uno de nosotros nace con dones, diseñados a nuestra medida, habilidades latentes, combinadas individualmente para nuestro propósito único en la vida. Descubrir este hecho y vivir en su podes es lo que te libera hacia una vida grande y expansiva, es vida que quizás solo imaginaste en sueños, es vida que pensabas que era solo para los afortunados. La clave para el futuro que esperas se encuentra en ser fiel a la medida que Dios te ha dado.

Esta medida personal de la gracia de Dios te concede autoridad y estabilidad. No se basa en lo que eres, o lo que otros piensan que eres o en tu rendimiento. Si eres ama de casa, líder empresarial, artista o comerciante, o un poco de todo eso, si pones en práctica aquello para lo que Dios te ha dado gracia, entonces tiene su respaldo, su apoyo, sus recursos y su favor. ¡Tú has atravesado el umbral del “quizás” para salir al inmenso monte de las maravillas! Cómodo contigo mismo; allí es donde Dios quiere que vivas tu vida.

Por Brian Houston
Tomado del libro: Vive, ama, lidera
Patmos

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