El poder del Reino sobre la Tierra

Oremos para que el Señor establezca su Reino

Por Bill Hamon

Jesús mencionó varias cosas en Mateo 24 que deben suceder antes de que venga el final

del hombre mortal. El que directamente involucra a la Iglesia está en el versículo 14: “Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin”. La descripción en el libro de los Hechos muestra que “predicar” es más que un hombre parado frente a un grupo de personas hablando acerca de sus convicciones y lo que La Biblia dice. Los ministros del Nuevo Testamento predicaban “el Evangelio” o “el evangelio del Reino”, y este era confirmado con señales sobrenaturales y poder de milagros. Muchos predicadores han reducido la predicación al nivel de un político que da un discurso, o un vendedor que hace una presentación.

La predicación bíblica es proclamar y demostrar a Jesucristo como el único Dios y Salvador para la humanidad, siendo demostrada con la unción sobrenatural y confirmada como verdad mediante hechos milagrosos. Esa es la razón por la que Pablo pudo decir que el Evangelio es poder de Dios para salvación. El Evangelio es proclamar el plan de redención de Dios a través de su muerte, sepultura y resurrección. La Biblia no dice que el Evangelio debe ser primero predicado a todos los pueblos y luego vendrá el fin. Según Las Escrituras, eso ya sucedió en la primera generación de la Iglesia. El Espíritu Santo inspiró a Pablo para declarar que el Evangelio “ha sido proclamado en toda la creación debajo del cielo” (Colosenses 1:23). Eso incluiría a toda la humanidad de toda tribu y lengua sobre la Tierra.

Por lo tanto, la declaración de Jesús (de que el Evangelio del Reino sería predicado como testigo a todas las naciones antes de que el fin pudiera venir, Mateo 24:14) debe tener otro significado. La proclamación del Reino de Dios (el dominio del Rey Jesús sobre todas las cosas, incluyendo toda la Tierra) debe ser demostrada como testigo a todas las naciones del mundo, que Jesús tiene el derecho de gobierno, propiedad y señorío sobre todas las naciones de la Tierra.

El movimiento de establecimiento del Reinohará que esto suceda al grado en que Dios se lo propuso originalmente cuando Jesús hizo esta proclamación profética. El movimiento no cesará hasta que toda rodilla se doble y toda lengua confiese que Jesús es el verdadero Señor Dios sobre toda la Tierra. Eso no implica que todo aquel que haga esta declaración será salvo. No obstante, habrá una demostración mundial del poder de Dios sobre los elementos, gente resucitada, control milagroso de catástrofes naturales, palabras proféticas milagrosas y manifestaciones sobrenaturales interminables, señales y maravillas, hasta que cada uno tenga que reconocer que no hay otro Dios como Jesucristo, el Dios de los dioses y Señor de los señores.

En el capítulo 3 de Daniel tenemos un ejemplo en la vida de Nabucodonosor, que no solo era rey de una nación, sino el rey de todo el imperio babilónico. Los tres hebreos, Sadrac, Mesac y Abed-nego, fueron echados en el horno de fuego porque no reconocían a ningún otro dios excepto al suyo. El rey vio el poder de su Dios Altísimo cuando los guardó en medio del horno ardiente sin que ninguno de sus cabellos ni sus ropas fueran afectadas. Luego miró otra vez y vio a un cuarto hombre que se les había unido, uno que tenía la forma del Hijo del Hombre.

Esto dio como resultado que el rey tuviera que reconocer que Dios era el Altísimo, y ningún otro podía librarlos al igual que Él. Entonces emitió un decreto diciendo que si alguno en todo el imperio babilónico decía algo negativo sobre el Dios de los tres hebreos, sería cortado en partes y todo lo que poseía sería quemado. De tal modo aconteció que los gobernantes reconocieron que solo hay un Dios verdadero. ¿Puede imaginarse la puerta abierta que esto produjo para los hebreos que querían establecer sinagogas para su Dios en el imperio?

Sería maravilloso leer y escuchar esa clase de testimonios de parte de muchos gobernantes, reyes y presidentes de las naciones del mundo. Esas son la clase de cosas que sucederán cuando los apóstoles, profetas de Dios y su ejército de santos proféticos y apostólicos profeticen y decreten tales cosas, y cada detalle ocurra como fue declarado. El Reino de Dios será demostrado a cada nación. Entonces Apocalipsis 11:15 será finalmente cumplido mientras los reinos de las naciones que permanecen sean los reinos de nuestro Señor Jesucristo y su Iglesia ungida que colabora con Él en traer a todos a sus propósitos predeterminados para que se cumplan.

Nuevas estrategias

¿Lograremos ganar y someter a las naciones ante Jesucristo a través de evangelizar a la gente o de convertir a los líderes principales? Ambos serán usados, pero la unción del profeta y el apóstol para afectar al liderazgo de las naciones será ahora añadida. Los misioneros

y evangelistas y el movimiento de los santos alcanzarán a millones de personas en las naciones del mundo. ¿Pero cómo traemos las naciones bajo el dominio del Reino de Dios? El profeta Hageo declara proféticamente: “Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Hageo 2:6-7, RVR60). Predicaremos y demostraremos milagrosamente a Jesucristo a todas las naciones para que puedan conocerlo y recibir al Deseado de todas las naciones que ha estado oculto. Cuando el movimiento de establecimiento del Reino finalice todas las cosas que Dios se ha propuesto para su iglesia mortal, entonces la trompeta sonará y Jesús gritará a viva voz: “¡Consumado es!” Cuando lo dijo por primera vez, en la cruz, estaban diciendo que había finalizado la obra redentora para el nacimiento de su Iglesia. Dijo esas palabras en gran dolor y agonía con el último aliento de vida en su cuerpo. Pero ahora las dirá con una finalidad diferente. Las dirá con un cuerpo inmortal lleno de aliento eterno de Dios, y con gozo abundante y confianza de que Él y su Iglesia han acabado todo lo que Dios el Padre había ordenado para que hicieran durante la Era de la Iglesia Mortal. Cuando la última nota de la séptima trompeta sea tocada, todas las huestes del cielo comenzarán a gritar al unísono a viva vez: “El reino del mundo ha pasado a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15).

Que todo el cristianismo comience a orar lo que Jesús dijo que teníamos que orar. Oremos con gran entendimiento y fe. Jesús no dijo que oráramos que dejemos este mundo y vayamos a una ciudad espacial en alguna galaxia, sino que orásemos al Padre Dios: Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10). Hemos hecho esa oración con el propósito de que la vida de su Reino y sus atributos sean establecidos dentro de nuestras vidas personales. Ahora comencemos a orar para que el dominio pleno de su Reino literal sea establecido en toda realidad sobre las naciones y pueblos de la Tierra.

 

 Por Bill Hamon
Tomado del libro: Los futuros movimientos de Dios
Editorial: Peniel

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