Tiremos para el mismo lado

Unidos completaremos nuestra obra

Por Carlos Belart

La Biblia es un libro de principios y estrategias que, reveladas al hombre, le aseguran un porvenir de éxito y victoria, brindándole claves para disfrutar de la herencia que Dios le ha entregado.

Es necesario aclarar que los pasajes de Las Escrituras en Génesis 11 nos relatan un hecho que dios condenó. Nos hablan de la soberbia del ser humano y de la meta que el hombre siempre persiguió, ser como Dios. La tentación tuvo lugar en el Edén, y sigue ocurriendo hoy en el mundo. La ciencia pretende negar a Dios para ocupar el lugar que Él tiene. Las corrientes filosóficas antiguas, y también las de nuestro tiempo, han usurpado el trono del Creador para sentar en él al hombre. Todo esto tiene una razón, pues de manera inconsciente existe en el hombre una necesidad de identificación que solo puede alcanzarse con Dios. Un vacío que nada en el mundo puede llenar, solo Jesucristo.

Con todo, estos hechos, aunque condenables por su finalidad y motivación, me hacen reflexionar, pues encuentro en ellos un principio espiritual válida que quiero enfatizar, para que el diablo no obtenga ventaja.Todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin de que, alentados por las Escrituras, perseveremos en mantener nuestra esperanza”(Romanos 15:4).

He aquí la siguiente historia: “En ese entonces se hablaba un solo idioma en toda la tierra. Al emigrar al oriente, la gente encontró una llanura en la región de Sinar, y allí se asentaron. Un día se dijeron unos a otros: ‘Vamos a hacer ladrillos, y a cocerlos al fuego’. Fue así como usaron ladrillos en vez de piedras, y asfalto en vez de mezcla. Luego dijeron: ‘Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra’”(Génesis 11:1-4).

El relato evidencia que había en todos los hombres una visión conjunta, un espíritu de cuerpo y unidad. Ellos querían construir una ciudad, una torre; querían hacerse un nombre. “Pero el Señor bajó para observar la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo, y se dijo: ‘Todos forman un solo pueblo y hablan un solo idioma; esto es sólo el comienzo de sus obras, y todo lo que se propongan lo podrán lograr’”(Génesis 11:5-6).

Las Escrituras nos revelan el tremendo principio del poder de la unidad. El pueblo es uno, hablan igual y hasta tienen un mismo pensamiento, pues “todo lo que se propongan lo podrán lograr: en unidad, con una misma política, una misma visión, y convencidos de que nada los detendrá.

Jesús dijo: “para que todos sean uno… para que el mundo crea que tú me has enviado”(Juan 17:21). Es vital que seamos “uno” si queremos hacer una gran obra en nuestra ciudad o nuestro país. Es necesario que rompamos todo lo que nos divide y construyamos algo para la honra de Dios; no buscamos nuestra gloria o reconocimiento, sino la gloria del Altísimo, todos como un solo cuerpo unido para que el mundo crea. Esa fue la agónica oración de Jesús, porque si no, el mundo nunca creerá. No obstante, yo creo que el ruego de Jesús fue oído en los cielos, y que Dios en este tiempo, antes de su venida, hará que el mundo vea el poder de tal unidad. La Biblia continúa: “‘Será mejor que bajemos a confundir su idioma, para que ya no se entiendan entre ellos mismos’. De esta manera el Señor los dispersó desde allí por toda la tierra, y por lo tanto dejaron de construir la ciudad”(vv. 7-8).

Ellos tuvieron temor de ser esparcidos; y La Biblia dice que lo que el hombre teme, eso le acontece (Job 3:25). Por ese motivo, cuando se habla de conflictos, hecatombes, rumores y desastres, o de que se avecina una gran crisis, rechazo esa palabra. Y es que vivo en esta tierra, tengo mis hijos, mi familia, mis hermanos, mis hijos espirituales. No voy a permitir que maldigan mi tierra, mi gente, ni que pisoteen nuestra heredad. Porque si escucho todo eso, me produce temor. Usted debe ser lo suficientemente inteligente para recibir solo lo que es de bendición para su tierra y su gente.

Ellos dijeron: “Por si fuéremos esparcidos”. ¿Y Dios qué hizo? Los esparció por toda la tierra, y por medio de una confusión del lenguaje, se enturbió toda la visión y detuvieron la edificación de la ciudad.

La gente que vivía allí comenzó a hablar de edificar una gran ciudad. Querían construir una torre que llegara al cielo, una obra monumental para memoria de todos los hombres. Esto los mantendría unidos, les daría identidad e impediría que fueran olvidados.

Dios descendió y se asombró al pensar que si esos hombres eran capaces de hacer una gran obra estando solo unidos por el idioma y una política, ¿qué cosa no serían capaces de hacer? Pues La Biblia dice que no hay nada imposible.

La Biblia dice que ellos se encontraban en la llanura, por consiguiente, no había piedras o rocas para construir, lo cual hubiera hecho más fácil la tarea. Sin embargo, aun con la carencia de lo elemental, ellos no se desanimaron, porque ya se habían determinado a llevar a cabo la obra. Tomaron tierra y la mezclaron con agua, y cocieron el barro en un horno para así fabricar los ladrillos que utilizarían para edificar.

No se desanime si está en la llanura, donde al parecer no tiene nada, siempre hay algo que va a servir para cumplir sus sueños, siempre hay algo con lo que va a poder construir. Pero no se quede varado sintiéndose impotente, no piense que no cuenta con los medios necesarios. Si se queda atascado en medio de los problemas y la desesperanza, nunca se hará de un “nombre” ni dejará un gran legado para su generación y las que vienen.

Autor: Carlos Belart
Tomado del libro: Mi compromiso con la tierra
Editorial: Vida

  Image size: 100x159, 4.205Kb
  Image type: jpeg

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*