Procuradores de la unidad

A través de nuestra unidad el mundo conocerá a Jesús

Por Thom S. Rainer

Dios quiere que los cristianos se lleven bien. En realidad, lo expresa como un mandato. Jesús fue claro: “En esto conocerán todos que ustedes son mis discípulos, si se aman unos a otros”(Juan 13:35). ¿Comprendes?

El mundo sabrá que somos cristianos por la manera en que nosotros, los creyentes, nos tratamos unos a otros. ¿Participaste alguna vez de una desagradable reunión de asuntos internos de la iglesia? ¿Te parece que alguien ajeno a la iglesia hubiera quedado impresionado con el comportamiento “cristiano” que observó?

¿Alguna vez viste a un cristiano chismear sobre otro creyente? ¿Eso es amarse unos a otros?

Cuando te conviertes a Cristo, Dios espera que seas parte de su Iglesia. Y cuando te incorporas a su Iglesia, Él quiere que seas una presencia de unidad allí. Digámoslo con más fuerza. Dios exige que seas una presencia de unión.

Aquello llamado unidad

Cuando los miembros de la iglesia no trabajan unidos, la congregación se debilita. La unidad es vital para la salud de una iglesia. Eso significa que cada miembro, tú y yo incluidos, debe contribuir a la unidad de la iglesia.

El apóstol Pablo habló mucho de la unidad en su carta a los efesios: Por eso yo, por mi parte, desde que me enteré de la fe que tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los santos, no he dejado de dar gracias por ustedes al recordarlos en mis oraciones”(1:15-16).

¿Entiendes por qué Pablo da las gracias a estos miembros? Estaba agradecido por la fe de ellos en Jesús y ¾fíjate bien¾ por el amor que tenían para con todos los santos. Solemos llamar “santos” a las personas verdaderamente devotas, pero la Biblia usa el término para referirse simplemente a los cristianos. Pablo estaba agradecido porque estos miembros de iglesia se amaban unos a otros. La unidad es importante y crucial.

Pablo volvería a enfatizar este punto a los miembros de la iglesia en Éfeso. Los exhortó a vivir “de una manera digna del llamamiento que han recibido, siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz”(Efesios 4:1-3, énfasis añadido).

Como miembro de una iglesia, tienes una responsabilidad. Debes generar unidad. No seas nunca una fuerza de división. Debes amar incondicionalmente a los hermanos de tu congregación. Eso no implica estar siempre de acuerdo con todos, pero sí significa que estarás dispuesto a sacrificar tus propias preferencias para mantener la unidad de tu iglesia.

Cuando procuramos unidad, manifestaos amor. Vuelve a fijarte en las palabras de Pablo, esta vez en su carta a la iglesia en Colosas: “Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto”(Colosenses 3:14). “Por encima de todo”, no hay nada más importante que la unidad. Es esencial para tu iglesia. ¿Estás haciendo tu parte?

Cuestiones negativas

Romanos 1:29-31 es un pasaje bastante desalentador. Es una lista de varias prácticas impías: “Se han llenado de toda clase de maldad, perversidad, avaricia y depravación. Están repletos de envidia, homicidios, disensiones, engaño y malicia. Son chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios y arrogantes; se ingenian maldades; se rebelan contra sus padres; son insensatos, desleales, insensibles, despiadados”.

¡Terrible! La lista sola ya nos deja agotados. Y justo en el medio: el chisme. Las definiciones de los diccionarios son sumamente reveladoras. Algunos describen al chisme como “palabras necias”; otros, habladurías o rumores. También se lo considera información infundada o privada sobre los demás.

El chisme, además de ser malo, es destructivo en la iglesia. Pocas cosas destruyen la unidad de una iglesia como los chismes. Una iglesia unida es poderosa. Los rumores quiebran esa unidad y debilitan por completo a una congregación.

Santiago no usó eufemismos para describir el poder negativo de la lengua: “También la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Siendo uno de nuestros órganos, contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende a su vez fuego a todo el curso de la vida”(3:6).

¿Cómo responder, entonces, al problema del chisme en nuestra iglesia? Primero, no eches a correr rumores. Ante la duda sobre si algo es chisme o no, ni lo comentes. Domina la lengua.

Segundo, si alguien en la iglesia comienza a compartir un chisme contigo, repréndelo con suavidad. Tu respuesta no tiene que ser severa, pero explícale que preferirías no escuchar ningún rumor y que espera que tampoco se propague. Puedes promover la unidad en tu iglesia con esas simples palabras.

Bastaría que solo unos pocos miembros más fueran como tú para que dicha actitud prosperara. Otros hermanos sabrán que en tu iglesia no se toleran los rumores. Y la congregación será un lugar de gozo y unidad.

“El que quiera amar la viday gozar de días felices,que refrene su lengua de hablar el maly sus labios de proferir engaños”(1 Pedro 3:10). Ama la vida. Llega a ver días buenos. Refrena la lengua. Termina con los rumores. Promueve la unidad.

El perdón

Jesús fue claro: “Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas”(Mateo 6:14-15).

No habrá unidad en la iglesia mientras haya miembros con corazones que se niegan a perdonar. Con demasiada frecuencia, los miembros están enojados o se sientes heridos por causa de lo que otro hermano ha dicho o hecho. Algunos se enojan con el pastor y el personal.

Me encanta la manera en que Pablo lo expresó: “Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia, de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto”(Colosenses 3:12-14).

Las iglesias locales están formadas por miembros y pastores imperfectos. Todos cometemos errores. Todos pecamos. Sí, todos somos hipócritas.

Sin embargo, la unidad de la iglesia se quiebra cuando algunos de los miembros se niegan a perdonar y permiten que gane el orgullo.

Recuerda: Cristo nos amó tanto que murió en una cruz para perdonarnos. Ahora, como Él nos perdonó, así debemos perdonar nosotros. Es esencial para la unidad de la iglesia.

Autor: Thom S. Rainer
Tomado del libro: Soy miembro de la iglesia
Editorial: B&H

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