Nosotros, verdaderamente humanos

Al aceptar nuestra humanidad, el Señor se hace grande en nosotros

Por BrennanManning

Al finalizar una semana de renovación en una iglesiade Louisiana, Estados Unidos, se me acercó un hombre y me dijo entredientes: “He orado sobre esto”, deslizó un sobre dentrode mi bolsillo y se fue corriendo. Estaba muy ocupadoen lo que sería una reunión en un salón de la congregación,así que corrí hacia allí, olvidándome por completodel sobre. Esa noche, al prepararme para ir a dormir, mefijé qué tenía en los bolsillos, abrí el sobre y encontré uncheque por seis mil dólares para darlo a pobres.

Al día siguiente le envié el dinero a un hombre pobreque tenía una familia numerosa y que transitaba seriosproblemas financieros. ¿Sabe qué ocurrió? A los cinco días recibí nueve cartas de este hombre derrochando gratitud,que describía en detalle cómo se había utilizado eldinero para ayudar a su familia y a otras. Dicha experienciame otorgó un discernimiento hermoso sobre cómo esun hombre pobre.

Cuando recibe un regalo, experimenta y expresa unagenuina gratitud. Al no poseer nada, valora incluso unpresente pequeño. A mí me dieron el regalo totalmenteinmerecido de la salvación en Jesucristo. Sin méritopropio, sino por su misericordia, recibí una invitaciónde buena fe a beber un vino nuevo de por vida en lacelebración de bodas en el Reino de Dios. Dijo el salmista:“Dispones ante mí un banquete en presencia de misenemigos. Has ungido con perfume mi cabeza; has llenadomi copa a rebosar” (Salmo 23:5). Jesús prometió: “Poreso, yo mismo les concedo un reino, así como mi Padre melo concedió a mí, para que coman y beban a mi mesa en mireino, y se sienten en tronos para juzgar a las doce tribusde Israel”(Lucas 22:29-30). Para un alcohólico, eso esel cielo.

Cuando un hombre se da cuenta de que ha recibidoun regalo cuyo costo nunca podrá devolver, se lo “anunciaa su rostro”, y el tenor de su vida se vuelve una acción degracias humilde y dichosa”. Simplemente se regocija porello y escribe nueve cartas al Señor que claman: “Den graciasal Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura parasiempre” (Salmo 107:1).

¿Es por esto que Francisco de Asís es tan amado en todo el mundo, y al que Benedicto XV llamó “la imagenmás perfecta de Cristo que jamás hubo en la tierra?”.G. K. Chesterton comentó en una oportunidad queHenry Cardinal Newman escribió un libro llamado Grammarof Assent [Gramática de consentimiento]. Bien podríadecirse que Francisco escribió Grammar of Gratitude[Gramática de gratitud].La percepción de Francisco de Asís en relación a laacción de gracias y la dependencia total de Dios no eransentimientos, sino realidades; no eran fantasías, sinohechos. Él comprendió, en su totalidad, la teoría delagradecimiento. El pequeño hombre pobre se ocupó principalmentedel aspecto más elevado del acto de dar, quees la acción de gracias. Él se reconocía como un hombretotalmente poseído por otro, perteneciendo totalmente aotro y dependiendo totalmente de otro.

Un día cuando los hermanos discutían qué virtud esla más adecuada para ser un amigo cercano de Cristo,Francisco, como contándoles un secreto del corazón, respondió:“Sepan, hijos míos, que la pobreza es un caminoespecial para la salvación; que sus frutos son múltiples,pero que solo la conocen realmente bien unos pocos”.

El Sermón del monte es un retrato del corazón deJesucristo. Las bienaventuranzas ofrecen un profundodiscernimiento sobre sus preferencias, prejuicios y su personalidad total. Jesús dijo que son las actitudes que lepermitirán ser como Él. Habló acerca de ser puro de corazón,sobre tener compasión y sobre las actitudes que estánbien profundas en nosotros, y dijo: “Si realmente quierenser como yo, así es como deben pensar”. Y en el primerrenglón de la lista dice: “Ser pobre en espíritu”.

Jesús ama mucho a los pobres de espíritu. Santa Thérèsede Lisieux, conocida como Pequeña flor, lo expresó deeste modo: “Cuanto más pobre eres, más te amará Jesús”.Ser pobre de espíritu significa aferrarse a tu empobrecidahumanidad y no tener nada para jactarse ante Dios.Pablo escribió: “(…) ¿Qué tienes que no hayas recibido? Ysi lo recibiste, ¿por qué presumes como si no te lo hubierandado?” (1 Corintios 4:7).

La pobreza del Espíritu de Jesús está bellamente capturadaen su respuesta espontánea al joven rico. “¿Por quéme preguntas sobre lo que es bueno? Solamente hay uno quees bueno” (Mateo 19:17). Esta actitud interior de Jesúscautivó el corazón de su Padre: “Ciertamente les aseguroque el hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sinosolamente lo que ve que su padre hace, porque cualquier cosaque hace el padre, la hace también el hijo” (Juan 5:19). Jesúsreconoció que todo es un regalo amoroso que proviene dela mano del Padre. Él me dijo: “Cuán agradable eres a losojos de mi Padre cuando tienes esta bendición, esta actitudde ser pobre como yo, cuando aceptas los límites detu humanidad”. Esta es la actitud básica para ser admitidoen el Reino.

Por supuesto, el maligno se inquieta cuando nos aferramosa nuestra calidad de humano. Se afligió mucho enel desierto con Jesús por ese mismo motivo. Quería queJesús renunciara a la pobreza, a su humanidad. Satanás yasabía que cuando Jesús aceptara la pobreza de la condiciónhumana, la saga de la historia de la salvación se dirigiríaa su clímax. Y Jesús no ocultaba nada, no se aferrabaa nada, no permitía que nada lo protegiera, ni siquierasu propio origen: “quien, siendo por naturaleza Dios, noconsideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por elcontrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturalezade siervo y haciéndose semejante a los seres humanos” (Filipenses2:6-7). Y Satanás enfureció.

El teólogo Johannes Metz ofreció un profundo discernimientorespecto de por qué ser un verdadero hombresignifica volverse verdaderamente pobre. Sin embargo,Satanás intenta obstruir esta auto-renuncia, esta “pobreza”tan profunda. Él quiere convertir a Jesús en alguienfuerte, porque lo que el diablo realmente teme es la faltade poder de Dios en la humanidad que Cristo ha asumido.

Satanás le tiene miedo al caballo de Troya de un corazónhumano abierto que permanecerá fiel a su pobrezade nacimiento, que sufrirá la miseria y el abandono que eshumano y así salvará a la humanidad. La tentación de Satanáses un ataque a la auto-renuncia de Dios, una seduccióna la fuerza, la seguridad y la abundancia espiritual,porque estas cosas obstruirán la aproximación de Dios a la salvación de la humanidad en las túnicas oscuras de la fragilidad y la debilidad.

Todas las tentaciones de Satanás a Jesús están relacionadascon el espiritualismo. En primer lugar, trató de apelar ala divinidad de Jesús. (Dicho sea de paso, Satanás siempreintenta estresar nuestra fuerza espiritual, nuestro carácter divino.Lo ha venido haciendo desde el inicio mismo). “Seráscomo Dios” es el lema del maligno. Es la tentación que ponefrente a nosotros en diversas variaciones, instándonos a rechazarla verdad de la humanidad que se nos ha entregado).

¡Cuán cierto es esto en mi vida! Cada vez que intentolevantar vuelo por encima de las inherentes limitacionesde mi naturaleza humana y finjo ser un ángel, termino actuandocomo la bestia. El alcoholismo es un buen ejemplo,un ejemplo vacío para escapar de la pobreza, la soledad yla frustración que son parte de la condición humana. Lomismo se aplica a la droga. El nombre del juego no cambia.El orgullo intelectual encaja en esta categoría. Intentocruzar un puente en el gran golfo que separa a la criaturadel Creador, negándome a aceptar la responsabilidad demi limitada inteligencia finita y me lo tomo tan a pechoque me siento superior a los demás. Presumo que soy másimportante a los ojos de Dios que el hermano que trabajaen la cocina. De manera perniciosa, Satanás acentúa misdones carismáticos y me atrapa en el espiritualismo.

Hace varios años, en medio de un retiro de fin desemana, pregunté: “¿Cómo les fue a los Yankees ayer?(Los Yankees son un equipo de beisbol de los Estados Unidos, y esta pregunta la hice justo cuando era la semana de la final mundial). “No lo sé ni meinteresa”, me respondió un hermano con un aire condescendientede enojo angelical. Cuídese de los espiritualistas.

Metz continuó:“La tentación en el desierto hubiera hecho que Jesústraicionara a la humanidad en el nombre de Dios…Un ‘no’ a Satanás es su ‘sí’ a nuestra pobreza. Él no seaferra a su divinidad. Él no se sumerge simplemente ennuestra existencia, ni mueve una varita mágica de vidadivina sobre nosotros para luego rápidamente ir a suhogar eterno. Tampoco nos dejó con un sueño rasgado,preocupados por el misterio de nuestra existencia.Con todo el peso de su divinidad, descendió al abismode la existencia humana penetrando en sus profundidadesmás oscuras. No fue eximido del oscuro misteriode nuestra pobreza como seres humanos”.Probó el sabor del fracaso, la angustia, la soledad yla desolación. Era un hombre, dice Hebreos: “tentado entodo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado”(4:15). El pecado no magnifica el sufrimiento de la difícil situación del hombre, sino que lo atenúa. Cuando peco,busco escaparme de mi humanidad. Solía decirme: “Bueno,¡solo eres humano!”. Pero el pecado no me hace humano;compromete mi humanidad. El esposo mujeriegocon su amante en viajes de negocios, el adicto a los productosquímicos, los ladrones que construyen torres demarfil con dinero robado, los sensacionalistas y agentesde poder que buscan sustitutos. Ellos no beben hasta laúltima gota, la pobreza de la situación humana. No seatreven a mirarlo a la cara. Los pecados de mi pasado representanmi propio compromiso secreto con las fuerzasde la soledad, la frustración, el sufrimiento y la muerte.Uno mis fuerzas a ellos antes de que puedan atacarme yme vuelvan verdaderamente pobre.

Metz continuó: “¿Hemos comprendido verdaderamente el empobrecimientoque Cristo soportó? Durante la pasión, le quitarontodo, incluso el amor que lo llevó a la cruz. Ya nosaboreaba su propio amor, ya no sentía ninguna chispade entusiasmo. Su corazón se agotó y le sobrevino unsentimiento de total desamparo. En verdad, se vació así mismo (Filipenses 2:7). La mano misericordiosa deDios ya no lo sostenía. El rostro de Dios estaba ocultodurante la pasión”.

Jesús no murió una muerte digna, sino una muerte sufrida,gritándole a un Dios que no respondió. Jesús pagóel precio. Se volvió totalmente pobre. En su renuncia total,desempeñó lo que significa ser humano. Cargó connuestro peso. Vino hasta donde estábamos exactamentenosotros y se quedó de pie al lado de nosotros, luchandocon todo su corazón para que le dijéramos sí a nuestrapobreza innata.

El cristiano que es realmente humano es verdaderamentepobre de espíritu. ¿De qué manera esta pobreza serefleja en la vida cotidiana?

En una conversación, el hombre pobre siempre le dejaal otro la sensación de: “Mi vida se ha enriquecido al hablarcontigo”. Y así es. No está agotado ni abrumado. Nose impone sobre el otro, no lo abruma con sus riquezas dediscernimiento; no intenta convertirlo causándole conmocióncerebral al golpearlo una y otra vez con La Bibliaen la cabeza. Escucha bien porque se da cuenta de que espobre y que tiene mucho que aprender de los demás. Supobreza le permite ingresar al mundo de la otra persona,aun cuando no puede identificarse con ese mundo. Siendopobre, sabe cómo recibir y puede expresar aprecio ygratitud por el regalo que recibió, por mínimo que sea.

Peter van Breeman escribió que el hombre pobre seacepta a sí mismo. Tiene una imagen propia en la quela conciencia de su limitación es muy real, pero eso nolo deprime. Esta conciencia de su propia insuficienciasin sentimientos de odio hacia sí mismo es característica del pobre de espíritu. Se da cuenta de que no ama tantocomo su corazón querría.

Cierta vez, prediqué una sucesión de sermones duranteseis semanas. La noche de clausura me sentía bastanteinspirado. Habían asistido más de mil personas, y cuandoempezó a oírse la música de finalización, debatí conmigomismo si mi cuerpo podía soportar otra media hora deadioses y bendiciones en el frente. Luchaba en mi mentesi irme de prisa a un cuarto, cambiarme la ropa un pocomojada y correr hasta mi habitación para descansar a lolargo de mi cama. El Espíritu estaba dispuesto, pero la carnese rebelaba. Finalmente, oré con un poco de energía yopté por quedarme saludando y orando por la gente. Hicelo mejor que pude, y todo terminó muy tarde en la noche.A la mañana siguiente, en la mesa del desayuno, encontréuna nota dirigida a mí:“Estimado señor Manning: asistí toda la semana derenovación. Usted es elocuente, brillante, inteligente,poético, estético y… pretencioso. Anoche cuando estabade pie en el vestíbulo una vez terminado el servicio,¿dónde estaba el amor en sus ojos para cada uno denosotros en medio de esa atmósfera de gloria? ¿Por quéno se agachó y besó a los niños pequeños? ¿Por qué nobesó a las señoras mayores en la mejilla? ¿Por qué nonos miró a la cara desde el fondo de su ser para que laprofundidad se uniera con la profundidad y el amorcon el amor? Padre, ¿usted es ciego?”. La carta la firmaba: “Un espejo”.

Evidentemente, la mujer necesitaba algo que yo nole di. Dadas las circunstancias, sus expectativas podíanhaber sido irracionales. Pero incluso cuando no estoy  cansado,me doy cuenta de que no amo tanto como podría odebería. Muchas veces pienso en algo para decirle a unapersona que ya se fue veinte minutos más tarde. No medoy cuenta cuándo tengo que hacerlo. A veces oigo quédice una mujer, pero no qué quiere decir, y termino dandosabios consejos a la falta de un problema.

Distraído luego de una llamada perturbadora, fui adar una conferencia a los reclusos de la prisión estatal deTrenton y comencé con el saludo de mal gusto: “Bueno,¡es agradable ver a tantos de ustedes aquí!”. Y tengo másejemplos. Muchos no son graves o descontrolados. Esa esparte de mi pobreza como ser humano, y la aceptaciónpropia sin la auto-preocupación simplemente expresa unarealidad. Un espíritu empobrecido evita que el hombrepobre sea un tirano de sí mismo.Si le pidiera al hombre pobre que describiera su vidade oración, bien podría responder: “La mayor parte deltiempo dedicado a la oración consta en experimentar laausencia de Dios con la esperanza de la comunión”. Noestá equipado con riquezas o con gracias extraordinariasni experiencia mística. Sin embargo, la experiencia de laausencia no significa la ausencia de una experiencia. Aligual que un soldado en combate que contempla la fotode su esposa guardada en su casco, la experiencia de su ausencia no significa en ese momento la ausencia de unaexperiencia con ella. Y de algún modo, el hombre pobrepercibe que esa experiencia religiosa no es la meta de lavida espiritual, sino la unión con Dios a través del amor.

El cristiano que realmente es humano y verdaderamentepobre, llega hasta la mesa del Señor cantando con el cantanteJoeWise: “Pobres como somos, hemos venido hastati: somos tuyos, somos tuyos”.

Así, mi corazón ora: “Jesús, mi Señor y mi Hermano, oro mientras escriboestas palabras para que me concedas la gracia deser verdaderamente pobre ante ti, reconocer y aceptarmi debilidad y mi humanidad, abandonar el lujo indecentedel odio a mí mismo, celebrar tu misericordia yconfiar en tu poder cuando llegue al fondo de mi debilidad,que pueda descansar en tu amor sin importarlo que yo pueda hacer. Que no busque escapatorias ami pobreza innata, sino que acepte la soledad cuandollegue en lugar de buscar sustitutos. Que pueda viviren paz sin claridad o seguridad, dejar de ostentar yde tratar de llamar la atención, hacer lo verdaderoen silencio sin demostrarlo, permitir que se vayan lasdeshonestidades de mi vida, no pertenecer más a mímismo, no desertar de mi puesto cuando parece queestoy allí. Que sea capaz de aferrarme a la humanidad,aceptar las limitaciones y la plena responsabilidad deser un ser humano: verdaderamente humano y verdaderamentepobre en Cristo nuestro Señor”.

SueGarmon hizo la siguiente oración: “Señor, pienso que tal vezme esté acostumbrando a la ideade que no soy un arcángel.Por supuesto sabes que no lo soy,y yo sé que no lo soy.Pero debo admitir que periódicamenteintento comportarme como si lo fuera.Y la mayoría de mis problemasparecen nacer directamente de ese hecho.Me gustaría pensar que soy perfecto;sin límites, ni motivos impuros,ni debilidades humanas;todo bajo control y todo junto.Y cada vez que me encuentropensando y comportándomede ese modo la vida se vuelveno solo una carga, sino algo horrendo.Señor, gracias por hacerme saberque no soy perfecto aúnpero que me llevarás allísi te dejo hacerlo.Gracias por recordarmeque nunca lo tendré todo juntohasta que nos encontremos cara a cara. Señor, ¿los arcángeles te necesitantanto como yo?Padre, gracias por liberarme.Libre para ser pobre, pequeño, débil.Gracias por liberarme.Libre para ser malentendido,rechazado, olvidado.Gracias por liberarme.Libre para ser insatisfechoy vacío, despojado.Gracias por liberarme.Libre para avanzar,dejar ir, ingresar a la llama.Padre, gracias por liberarme,por unirme más a ti”.

Autor: Brennan Manning
Tomado del libro: El abrazo de Abba
Editorial: Peniel

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