No nos confiemos

No nos descuidemos y sigamos avanzando

Por Greg Laurie

Hace un tiempo atrás, el nervioso Steve Irwin, del programa televisivo El cazococodrilos, sostuvo a su bebé en un brazo mientras usaba la otra mano para alimentar a un cocodrilo bastante grande con un trozo de carne cruda. Hubo grandes protestas generalizadas, ya que la gente se preguntaba por qué Irwin corrió un riesgo tan innecesario. Irwin respondió que deseaba que su hijo “fuera consciente del cocodrilo”.

Por supuesto, el problema hubiera sido un tropezón, con lo cual el bebé de Steve se hubiera convertido con facilidad en un bocadillo para el cocodrilo. Cuando lo interrogaron acerca de lo peligroso de esta acción, dijo: “‘Es todo cuestión de percatarse del peligro; yo tenía el control absoluto’. La gente dice: ‘¿Y si se hubiera caído?’. Sin embargo, para que sucediera algo así, tendría que haber caído un meteorito del cielo y se tendría que haber estrellado con Australia a una velocidad de un 6,6 de la escala de Richer”.

Mi pregunta es: ¿para qué correr semejante riesgo? ¿Para qué provocarlo? De la misma manera, jamás deberíamos bajar la guardia ni pensar que, por alguna razón, somos inmunes o estamos hechos a prueba de tentación. ¡Qué actitud tan peligrosa es esta! Justo cuando nos sentimos más seguros con nosotros mismos, cuando estamos convencidos de que nuestra vida espiritual está en su punto más fuerte, que nuestra doctrina es más sólida, que nuestros sentimientos son los más puros y que nuestra vida es muy estable, es entonces cuando debemos estar alertas al peligro y más dependientes de nuestro Señor. Cuando pensemos que hemos alcanzado una meseta espiritual, es cuando podemos encontrarnos en peligro.

Puntos vulnerables

Algunas veces, el cristiano más débil no corre tanto riesgo como el más fuerte. Esto sucede porque nuestras virtudes más fuertes también pueden ser nuestros mayores puntos vulnerables. En realidad, muchas de las grandes personalidades de La Biblia experimentaron tiempos de vulnerabilidad. Fíjate en los siguientes ejemplos muy humanos de esto:

A Moisés, el gran legislador, le conocieron como el hombre más manso sobre la faz de la tierra, pero el orgullo y la presunción le dieron un golpe fatal.

Sansón, el gran juez de Israel y un hombre de fuerza sobrenatural, cayó porque se rindió a sus deseos naturales.

El profeta hacedor de milagros, Elías, que se distinguió a lo largo de todo su ministerio por su gran intrepidez y fe, quedó paralizado por el miedo que lo sumió en una profunda depresión.

Simón Pedro, que se consideraba el compañero más fuerte y leal en tiempos de peligro, se derritió como un cubo de hielo sobre una acera caliente cuando lo afrontó una joven.

Nunca debemos dormirnos en los laureles. Siempre habrá nuevas montañas que escalar, nuevos obstáculos que vencer, y sí, más tentación que resistir. El creyente maduro se da cuenta de que siempre hay un largo camino por recorrer. Nunca se olvida de nuestro potencial humano y de la propensión que tenemos al pecado.

Solo un poco

Ninguno de nosotros es inmune a la tentación, pero tenemos una tendencia a pensar que lo somos. ¿Alguna de estas declaraciones te parece conocida?

“Ah, puedo controlar un poco de marihuana. No será un problema”.

“¡Un trago más no me hará daño!”.

“Un poquito de pornografía no puede ser tan malo. No volveré a hacerlo”.

“Coquetear un poquito es divertido. ¿Qué tiene de malo?”.

Las últimas palabras fueron famosas. Hablando de esto, ¿alguna vez escuchaste las últimas palabras de Bucky O’Neil?

Bucky O’Neil era un abogado, minero, vaquero, jugador, periodista, alguacil y congresista del estado de Arizona, Estados Unidos, que cabalgó hacia la batalla como uno de los famosos integrantes del regimiento de Caballería de Teddy Roosevelt, durante la guerra entre España y Estados Unidos. Momentos antes del famoso ataque a Kettle Hill, O’Neil se encontraba parado, fumando un cigarrillo y haciendo bromas con sus tropas mientras zumbaban las balas que venían desde las lomas. Uno de sus sargentos le gritó por encima del ruido: “Capitán, ¡con seguridad lo alcanzara una bala!”.

O’Neil le gritó en respuesta: “Sargento, no existe una bala española que pueda matarme”. En cuanto pronunció esas palabras, una bala española lo alcanzó y lo mató.

La lección de esto es que nadie está hecho a prueba de balas… ni a prueba de tentaciones. Esto nos lleva al siguiente punto: nunca bajes la guardia. Siempre marcha hacia delante en el aspecto espiritual.

Había un joven capitán que prestó servicio en las filas del ejército de Napoleón. Cuando lo recomendaron para un ascenso militar, Napoleón preguntó por qué sugirieron a este hombre en particular.

El oficial al mando respondió: “Hace varios días, en el campo de batalla, demostró un valor fuera de lo común y, como resultado, se obtuvo una victoria”.

“Bien”, respondió Napoleón. “¿Qué hizo al día siguiente?”.

Podemos hablar de lo que hicimos para el Señor hace diez semanas o diez años. Con todo, ¿qué hicimos al día siguiente? ¿Qué hicimos hoy? ¿Nos preparamos para mañana? No podemos vivir en el pasado. Nuestra relación con Cristo debería prosperar y crecer. Requiere que la mantengamos y la cultivemos de manera constante.

Siempre debemos movernos hacia delante en el aspecto espiritual. Si no lo hacemos, nos convertimos en blancos fáciles, más vulnerables que nunca a las tretas y las tentaciones del diablo. Aunque se ha dicho muchas veces, todavía es verdad: la mejor defensa es una buena ofensiva. La mejor manera de no ir hacia atrás, es seguir hacia delante.

No nos quedemos satisfechos con lo que hicimos por Cristo alguna vez. No nos preocupemos por los viejos recortes de periódicos que cuentan nuestras victorias y nuestras experiencias en la cima. Avancemos hacia delante y sigámosle.

Autor: Greg Laurie
Tomado del libro: Deja de mentirte
Editorial: 
Unilit

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