Momentos que se vuelven recuerdos

Debes escoger qué voz escucharás

Por Ed Delph

Comencemos con una gran ilustración sobre un momento que provocó un recuerdo.

Un hombre de una familia muy rica, se llevó a su hijo a un viaje por el país. Pasaron un día y una noche en el campo de una familia muy pobre. Haciendo esto, el padre quería mostrarle a su hijo lo que era ser alguien pobre.

Al regresar del viaje, el padre le preguntó al hijo: “¿Qué te pareció el viaje?”. “Muy bueno, papá”. “¿Te diste cuenta lo que es ser pobre, no?, repreguntó el padre. “Claro”. Nuevamente el padre volvió a preguntar: “¿Qué aprendiste?”.

El hijo respondió: “Vi que nosotros tenemos un perro, y ellos tienen cuatro. Tenemos una piscina que llega hasta la mitad del jardín pero ellos tienen un arroyo que no termina nunca. Tenemos lámparas importadas en el living, y ellos tienen las estrellas. Tenemos un patio grande, ellos tienen todo el horizonte”.

Cuando el pequeño terminó de hablar, el padre se había quedado sin palabras. Su hijo luego agregó: “Gracias, papá, por mostrarme cuán pobres somos nosotros”. Aquel viaje pudo ser un momento que se transformó en un recuerdo y un monumento que pudo haberlos transformado a ambos.

Aquí está una verdad simple, transformadora, elevadora y renovadora. La paz y el contentamiento dependen del modo en que miramos a algo y la voz que oímos cuando miramos a ese algo. Aquello en lo que nos enfocamos y nuestra actitud con respecto a eso es en lo que nos convertimos.

Si tenemos amor, amigos, familia, una buena salud, un buen sentido del humor y una actitud positiva frente a la vida… tenemos todo. Eso no quiere decir que todo es perfecto. Eso significa que si hacemos un alto y pensamos bien, somos más que bendecidos.

Las cosas que la familia “pobre” poseía no podían ser reemplazadas por nada más. Si alguien tiene un alma necesitada o enferma, entonces todo lo que suceda tanto interna como externamente será procesado de un modo enfermo. Un alma pobre con una realidad distorsionada conducirá a una pobre calidad de vida, aun si se encuentra inmensa en la prosperidad.

Ahora, ¿qué hay de nuestra actitud frente a lo que vemos? La actitud está determinada por la voz de quién oímos y escuchamos. Las diversas voces requieren decisiones.

¿Estamos escuchando la voz de la comparación, la vergüenza o el rechazo? ¿Acaso estamos escuchando la voz de la mediocridad, la depresión o el odio? ¿O escuchamos a la voz de la acumulación de bienes, de la soledad o del egoísmo? ¿Qué hay con la voz del orgullo o del miedo? Si permitimos que estas voces determinen nuestra actitud o nuestra visión, terminaremos siendo secuestrados por la visión distorsionada de la realidad de alguien más o algo más.

¿Por qué no escuchamos la voz del Señor? Lo primero que aprendemos sobre Dios es que Él habla. Aquel niño oyó la voz de Dios. Aquel niño tenía los ojos de su “Padre que estás en los cielos”. Las posesiones o la falta de ellas no lo poseían. Él tenía un alma equilibrada. Encuentra tus respuestas en la Biblia, en la voz de Dios, no en aquellas otras voces. Hay poder en aquella voz que puede crear un recuerdo de vida, puede bendecirte a ti y a los que te rodean.

Ritua Ghatourey dijo: “En momento felices, alaba al Señor. En momentos difíciles, busca al Señor. En momentos de quietud, adora al Señor. En momentos dolorosos, confía en el Señor. En todo momento, agradécele al Señor”. Dios se deleita, yo me deleito, las otras voces se entristecen, todo está normal.

 

Por Ed Delph
Autor, escritor y columnista de varios diarios estadounidenses.
Presidente de NationStrategy, organización sin fines de lucro que trabaja en pos de la transformación de comunidades y su desarrollo.
www.nationstrategy.com

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*