Más firmes que nunca en la oración

Porque el Señor nos pidió que estemos alerta y oremos

Por Oswald Chambers

Lo que hace fácil la oración no es nuestro ingenio o nuestra comprensión, sino la agonía tremenda de Dios en la redención. Una cosa vale lo que cuesta. La oración no es lo que nos cuesta a nosotros, sino lo que le costó a Dios hacer posible que pudiéramos orar. Le costó tanto al Señor que un niño pequeño puede orar. Le costó tanto al Dios Todopoderoso que cualquiera puede orar. Pero es hora de que aquellos de nosotros que pronunciamos su nombre sepamos el secreto del costo. Y el secreto está aquí: “Es tal la angustia que me invade, que me siento morir”. Estas palabras abren la puerta de la autobiografía de la agonía de nuestro Señor. Encontramos la verdadera clave de Getsemaní en Mateo 4, el cual registra las tentaciones. Aquí vienen otra vez de una manera más profunda y atractiva que jamás antes había sucedido. No miramos aquí (como lo hacemos cuando tratamos con las tentaciones) el tipo de tentación que tenemos que atravesar. Tratamos aquí con la lucha de Dios como hombre en los últimos alcances de la redención histórica.

“Pero estas verdades son tan grandes”. ¿Por qué no deberían serlo? ¿Debemos alimentarnos con alimento para bebés todo el tiempo? ¿No es hora de que prestemos más atención al costo pagado por Dios cuando hizo posible que viviéramos una vida santa? Hablamos acerca de la dificultad de vivir una vida tal, pero hay una facilidad sencilla y absoluta dada por Dios Todopoderoso para vivirla debido a que le costó mucho hacerlo posible. Tengamos cuidado con poner el énfasis en lo que la oración nos cuesta a nosotros. Le costó todo a Dios el hacer posible que nosotros oráramos. Jesús no les dijo a estos hombres: “¡Agonicen!”, sino “Estén alerta”. Nuestro Señor trató de descorrer el velo que estaba delante de estos discípulos para que pudieran ver lo que Él atravesaba. Piensa en quién fue Él, el Hijo de Dios. La mente del Señor Jesucristo que razona dijo: “Es tal la angustia que me invade, que me siento morir.Quédense aquí y manténganse despiertos” (Mateo 26:38).

Caminos incorrectos y atractivos

Cada vez que Jesús hablaba acerca de su Reino, los discípulos malinterpretaban lo que decía y entendían que se refería a un reino material que se establecería en esta Tierra. Pero Jesús dijo: “Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis propios guardias pelearían para impedir que los judíos me arrestaran”(Juan 18:36). Y otra vez dijo: “La venida del reino de Dios no se puede someter a cálculos… Dense cuenta de que el reino de Dios está entre ustedes.”(Lucas 17:20).

La única forma de ser salvo del atractivo de los caminos incorrectos es hacer lo que nuestro Amo nos dice: “Estén alerta y oren para que no caigan en tentación”. Si no estamos alerta ni oramos, seremos llevados a la tentación antes de que sepamos dónde estamos. “No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?”,  dijo Jesús (Lucas 18:8). Encontraremos fe en los hombres y en las mujeres de forma individual, pero la forma organizada general de la Iglesia cristiana se ha deslizado casi por completo en los caminos incorrectos hacia el reino.

Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan”(Mateo 4:1-4). La tentación es profundamente humana. Si tan solo pudiéramos encontrar los medios a través de los cuales curar a todos de las enfermedades, de alimentarlos y de establecerlos sobre una buena base social, qué maravilloso que sería. Esta es la forma en la que se nos dice que el Reino de Dios debe establecerse en esta Tierra. “No necesitamos más de esta conversación acerca de la expiación y del derramamiento de sangre, lo que se necesita en la actualidad es invertir nuestro tiempo en otros”. Pero ese es el atractivo del camino equivocado hacia el Reino y no podemos excluirlo, si nos olvidamos de estar alerta y orar. “Estén alertas”, dijo Jesús. “Mío es el único camino hacia el reino”.

Debemos continuar con Él en las tentaciones: “ordena a estas piedras que se conviertan en pan”. En otras palabras, Satanás decía: “Satisfaz tus necesidades y las de los hombres y obtendrás la glorificación de los hombres”. ¿Estaba en lo correctoSatanás? Lee Juan 6:15: “Pero Jesús, dándose cuenta de que querían llevárselo a la fuerza y declararlo rey, se retiró de nuevo a la montaña él solo”. ¿Por qué? ¡Acababa de alimentar a cinco mil de ellos! Sí, pero Jesús “se retiró… solo”. No sería rey a cualquier precio.

Mateo 4:5-7 trata con la confrontación del Señor con su propia tentación. En los temas más sagrados debemos confiar en el Espíritu Santo, en nadie más. Esta tentación presenta un alcance salvaje de posibilidad. “Eres el Hijo de Dios. Haz algo sobrenatural que deje perplejos a los hombres y el mundo estará a tus pies”. ¿Satanás estaba en lo cierto? Absolutamente. ¿No existe esa tentación a lo largo del camino hoy más que nunca? Hay tratos milagrosos que tientan hasta la destrucción, tales como la búsqueda de señales y maravillas. Casi sin excepción, las personas que son atraídas a este camino erróneo son aquellas a las que les han dicho que ayunen y se concentren en algo para ellos, por medio de lo cual el Señor les podría mostrar lo maravilloso que es. Luce como algo correcto para la razón humana cuando el Espíritu Santo lo toca en una primera instancia, pero contradice de forma enfática lo que el Señor enseña, es decir, esa importunidad en intercesión jamás es para nosotros sino para otros.

La venida del reino de Dios no se puede someter a cálculos.”(Lucas 17:20). Esto trabaja ahora. La manifestación del Reino de Dios a nivel externo es otra cosa. Los discípulos aún tenían sus propias ideas con respecto al Reino. No lograban entender lo que el Reino de Jesucristo significaba y estaban tan depresivos que se durmieron debido a su propia aflicción. “Estén alertas”. ¿Cómo podrían? No tenían idea de lo que Él quería.

El camino mental del dominio, se encuentra en Mateo 4:8-10. Esta es la tentación de comprometerse. Algunos dicen que la maldad está en el mundo, entonces nos comprometemos con la causa a fin de combatirla, la trabajamos de forma juiciosa. “Todo esto te daré si te postras y me adoras”, dijo Satanás. Esta tentación es la más sutil de todas. Las personas nos dicen: “No seas tan conservador. Ya ha pasado la época en la que creíamos en un diablo personal”. Que Dios nos perdone. Creo que hemos pasado esa etapa. ¿La Iglesia que se postra y se compromete, triunfará? Por supuesto que lo hará. Eso es precisamente lo que el hombre natural quiere, pero es lo atractivo de un camino erróneo hacia el Reino. Ten cuidado de poner cualquier cosa dulce y llamativa en frente de Aquel que sufrió en Getsemaní.

Necesitamos formación

Es tan fácil comenzar a hacer cosas cuando las vemos en visión. Somos llevados al séptimo cielo, por encima de todas las cosas sucias de la Tierra. Es magnífico por un tiempo, pero tenemos que bajar. Después del Monte de la Transfiguración viene el lugar donde tenemos que vivir, concretamente, en el valle poseído por el enemigo. La prueba de realidad es nuestra vida en el valle, no el vuelo por encima de los picos dorados de la mañana temprano.

Pedro tuvo su minuto triunfante, pero tuvo que atravesar el molino después de eso. Atravesó una angustia tremenda antes de que estuviera listo para escuchar a Jesús decir: “Apacienta mis ovejas”. Pedro hubiera hecho cualquier cosa por su Señor, el espíritu estaba dispuesto, pero el cuerpo era débil. Hacemos concesiones por la carne, pero ese no es nuestro trabajo. Tenemos que manifestar en la carne las visiones del espíritu. Agradece a Dios porque vamos al cielo cuando morimos, pero dale gracias a Dios que no vamos antes de morir. Tenemos atisbos del cielo, después vamos de forma instantánea a las circunstancias reales. No vayas mucho tiempo a la luz de la visión que no tiene formación. Demos gracias a Dios por el minuto triunfante, pero caminemos, también, en la Tierra de acuerdo con lo que vimos en la visión.

Allí se transfiguró en presencia de ellos” (Mateo 17:2). Después de ver a Jesús en ese momento en el Monte, lo vemos después de la resurrección en la orilla temprano por la mañana con “unas brasas con un pescado encima, y un pan” (Juan 21:9). Dale gracias a Dios por ver a Jesús transfigurado y por el poder de las visiones que da, pero recuerda que la visión es para que sea real en las circunstancias verdaderas. La gloria debe manifestarse en vasijas terrenales. Se debe exhibir a través de las puntas de los dedos, a través de los ojos, de las manos y de los pies, en cualquier lugar que Jesús la exhibió. Somos como Pedro en el Monte cuando decimos, “Señor, permíteme quedarme aquí”.

El momento trascendental

Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré” (Mateo 26:35). Pedro lo dijo sinceramente. Fue un momento trascendental para él. Hubiera hecho cualquier cosa por Jesucristo y sin embargo, negó con juramentos y maldiciones que lo había conocido. Pedro no era hipócrita, pero no estuvo alerta ni oró. Pedro usó su declaración en la generosidad entusiasta de su propio corazón, pero no entendió que necesitaba estar por completo en otra base, la base de la redención.

¡Da gracias a Dios por momentos heroicos de la vida! Es comparativamente fácil vivir en los momentos heroicos. Todos podemos tener halos en momentos. Si estamos en el lugar correcto, con ventanas de vitrales detrás de nosotros y tenemos la vestimenta adecuada, no es difícil para nada lucir notablemente finos. Pero no hay nada de valor en eso. No solo que no hay nada realmente valioso en eso, sino que surgen peligros excesivos a partir de creer que esto es primordial. Ten cuidado del momento trascendente que es una pose. Un sentido humorístico de crítica es saludable. Algunas personas llegan a un momento trascendente y alguien les dice que lucen notablemente excelsos y siempre, después de eso, tratan de vivir en ese momento trascendente. Tenemos que descender al nivel donde la realidad trabaja y todo el consejo regresa a esto: “Está alerta y ora”. El secreto de la sencillez sagrada de la oración. La oración imparte el poder para caminar y no desmayar y el recuerdo duradero de nuestras vidas es el del Señor, no de nosotros.

Quizá usted quiera hacer conmigo la siguiente oración: “Señor, vengo a ti para hallar gracia para alabarte y adorarte correctamente. Señor, levanta la luz de tu rostro sobre nosotros. Envía poder y gracia majestuosa. Señor, ¡qué bueno que es para mí conocerte! ¡Qué vital que es para mí acercarme a ti! ¡No puedo decaer porque tú eres mi vida! Señor, nuestro Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien Jesús es la misma imagen, te miro y hago mi oración. Bendíceme en esta hora con el sentimiento de tu presencia y el brillo de tu cercanía, porque confío en ti y espero solo en ti”.

Tomado del libro: Y todo lo que pidieres
Autor: Oswald Chambers
Editorial: Peniel

  Image size: 98x150, 28.015Kb
  Image type: png

 

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*