Los apóstoles hoy

¿Qué sucede con este ministerio en nuestros días?

Por David Cannistraci

A medida que consideramos la definición de apóstol, aparentemente debemos elevarnos sobre una niebla intelectual y espiritual si es que vamos a llegar a un entendimiento claro como el cristal. Pocos ministerios han tenido la dificultad de ser definidos y aceptados hoy como el apóstol. No muchos entienden ni aprecian este papel en la Iglesia. Como lo apunta VinsonSynan: “La mayoría de la gente en la historia de la Iglesia que se han proclamado nuevos apóstoles han sido marcados como herejes y excomulgadores de ella”. ¿Evita el pueblo de Dios entender el ministerio de apóstol como si esta información fuera en cierta manera un tabú?

Como ejemplo de nuestra tendencia a evadir el tema, considera nuestro enfoque de la palabra “apóstol” en sí misma. Muchos en la iglesia actual se estremecerían al escuchar a alguien referirise a un creyente como apóstol, aunque no tenemos tal problema con otros títulos ministeriales como pastores y evangelistas.

Wayne Grudem, un teólogo, sugiere: “Si cualquiera en los tiempos modernos quiere tomar el título de ‘apóstol’ para sí, inmediatamente levanta la sospecha de que puede estar motivado por un orgullo inapropiado y por deseos de autoexaltación, junto con excesiva ambición y un anhelo de mayor autoridad en la Iglesia, que lo que cualquier otra persona debería tener legítimamente”. ¿Será que para escapar a lo incómodo del término apóstol, lo hemos retirado arbitrariamente y remplazado con el título más común de “misionero” (término que no se encuentra en la Escritura)?

Es difícil entender por qué somos tan incongruentes. Entendemos y aceptamos universalmente los roles de pastores y maestros dentro del Cuerpo de Cristo, y no podemos imaginar cómo podría funcionar la Iglesia sin ellos. El ministerio de evangelista ha llegado a ser llamativo en la Iglesia durante los pasados cien años después de siglos de invisibilidad, y podemos reconocer con facilidad el papel indispensable en el crecimiento de la Iglesia que han jugado los evangelistas. Y en la década pasada, hasta el misterioso ministerio de profeta del Nuevo Testamento ha sido examinado, amplificado y ampliamente aceptado en la Iglesia. ¿Por qué entonces ha sido tan difícil clarificar el asunto del apostolado y verlo ejercido e implementado con éxito escritural?

Este estado de cosas en la Iglesia ha ocurrido por varias razones potenciales. Ciertamente Dios no puede ser responsable de cualquier conclusión relativa a este asunto, porque en 1 Corintios 14:33 establece: porque Dios no es un Dios de desorden sino de paz”.

En términos naturales, la gente puede ¾aparte de la sensación de humildad¾, tender a evitar considerar el asunto porque el oficio se perciba como elevado. O quizá no hemos visto la necesidad de evaluar intensamente este ministerio porque la idea de que los apóstoles son para hoy ha sido rechaza tradicionalmente. Los teólogos cesacionistas han afirmado durante mucho tiempo que el oficio de apóstol murió al concluir el primer siglo, y han persuadido al Cuerpo de Cristo a abandonar este ministerio y su viabilidad por hoy. Igualmente culpable puede ser la escasa demostración de este ministerio a través de la historia de la Iglesia, aun entre aquellos que profesan fe en su existencia.

Influencia maligna

Existe al menos una razón espiritual para la falta de entendimiento en el área de los apóstoles. Satanás, el gran mentiroso, está en el corazón de toda oscuridad e ignorancia, y sus intentos para nublar el asunto han sido deliberados. El apóstol bien podría representar la amenaza humana más grande en la existencia de la obra de Satanás. El enemigo utilizará cualquier medio que pueda para prevenir que el Cuerpo de Cristo reconozca el oficio de apóstol.

Entendimiento profundo

La palabra apóstol arroja gran cantidad de luz sobre el asunto del trabajo y el carácter del personaje. El vocablo griego original traducido como apóstol es apostolos. Y viene de la raíz que significa “uno que es enviado adelante” o “enviado lejos de un lugar a otro para cumplir una misión específica”. La palabra “apóstol” fue utilizada para hombres que eran oficiales navales o marineros mercantes responsables de una flota completa de barcos. También se usaba para referirse a un emisario o embajador; a una flota de barcos o una expedición enviada con un objetivo específico; al almirante que comandaba la flota o a la colonia que era fundada por este.

Si una flota de barcos dejaba Roma para establecer una nueva colonia en algún lugar, todos estos eran llamados apóstoles, la flota, el almirante y la colonia recién fundada. La verdad particular enfatizada por estos usos es la relación de los que fueron enviados con el que les envió. Todas estas, el almirante, la flota y la nueva colonia que se formó, representaban a aquel por quien fueron enviados. En otras palabras, fueron fieles para transmitir o reflejar las intenciones del que les envió. La actitud más importante de un verdadero apóstol, entonces debe ser la fidelidad.

Los apóstoles tenían la misión de supervisar el movimiento y la tarea de esos barcos a largas distancias para que el objetivo de una autoridad superior pudiera lograrse. Estaban encargados de supervisar los recursos, motivar y lidiar con la mano de obra, tratando con circunstancias y condiciones cambiantes y manejando fuerzas enemigas de tal forma que complaciera a sus superiores.

El término apostolosen sí mismo puede ser traducido como “mensajero”, o “uno que es enviado con órdenes”. Los apóstoles son delegados a una clara misión por una figura de autoridad. Salen como representantes de sus comandantes, enviados a cumplir sus órdenes. Un término relacionado es apostello, el cual significa enviado. Los apóstoles son simplemente “enviados”,  como en Hechos 14:1-4.

Los apóstoles son vistos en la escritura como mensajeros de la iglesia: En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador para con vosotros; y en cuanto a nuestros hermanos, son mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo”(2 Corintios 8:23 RVR60).

Sobre todo debemos tener en mente la imagen que está pintada del apóstol en Efesios 4, donde son vistos como equipadores dados por Cristo al Cuerpo a fin de perfeccionarlo y madurarlo.

¿Requisitos?

Una manera en que logramos entender el trabajo de los apóstoles es comprendiendo lo que se requiere de ellos. Un breve resumen arroja luz sobre lo que es un apóstol.

  1. Se requiere que los apóstoles tengan un llamado definitivo y personal de Dios en sus vidas. Esto es esencial.
  2. Se requiere que los apóstoles tengan una intimidad y un reconocimiento especial con Jesucristo. En 1 Corintios 9:1, Pablo se califica a sí mismo como apóstol al citar su contacto con Cristo: ¿No soy libre? ¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús nuestro Señor? ¿No son ustedes el fruto de mi trabajo en el Señor?”. Claramente, la identificación personal con Cristo era considerada un requerimiento para el apostolado entre los doce (ver Hechos 1:21-25). Aunque los apóstoles de hoy son de una categoría diferente, podemos estar seguros de que un conocimiento íntimo de Cristo es vital para la fructificación en el ministerio apostólico (ver Juan 15:4-5).
  3. Los apóstoles son acianos y deben cumplir las calificaciones bíblicas de estos. Una persona no puede ser apóstol si no cumple con los requerimientos morales y espirituales establecidos por los supervisores en la escritura (ver 1 Timoteo 3:1-7, Tito 1:5-9, 1 Pedro 5:1-4).
  4. Los apóstoles son ministros quíntuplos y deben actuar como tales. La obra de un apóstol verdadero siempre será en las áreas de equipamiento, entrenamiento y liderazgo de otros hacia el ministerio maduro (“ministerio quíntuplo” es un término ampliamente utilizado que se refiere a los cinco ministerios dados por Cristo a la Iglesia para representar oficios espirituales únicos, como se encuentra en Efesios 4:11-17).
  5. Se requiere que los apóstoles tengan el reconocimiento y la confirmación de sus pares. Una cosa que me enerva a medida que considero el futuro del movimiento apostólico es la posibilidad de que este oficio caiga en el abuso por personas no calificadas que asuman la posición a la cual no fueron llamados. Otros apóstoles deben reconocer a una persona como apóstol antes de que el ministerio apostólico pueda ser completamente legitimado (Gálatas 2:9, hechos 13:1-3). En esta era de ministerios autoproclamados, haríamos bien en recordar estos importantes principios de equilibrio y seguridad.
  6. Los apóstoles deben tener frutos específicos a los cuales pueden apuntar para demostrar sus apostolado. En 1 Corintios 9:1-2, donde el llamado de Pablo fue retado, este señaló vidas e iglesias establecidas como pruebas positivas de su llamado. El apostolado no es un estado mental místico; es un ministerio real que puede ser medido en los términos tangibles de iglesias establecidas, hijos espirituales en el ministerio y penetración del Evangelio en áreas determinadas.
  7. Los apóstoles deben mantener su apostolado en completa sumisión a Cristo, caerán del apostolado y perderán su oficio como Judas (ver Hechos 1:25).

Con todos estos parámetros escriturales en mente, hemos definido al apóstol como una persona que es llamada y enviada por Cristo y que tiene la autoridad, el carácter, los dones y las habilidades para alcanzar exitosamente y establecer a la gente en el reino de la verdad y el orden, especialmente fundado y supervisando iglesias locales.

Peter Wagner ofrece esta excelente definición de apóstol: “El don del apóstol es la habilidad especial que Dios da a ciertos miembros del Cuerpo de Cristo para asumir y ejercer liderazgo sobre un número de iglesias con una extraordinaria autoridad en asuntos espirituales que es espontáneamente reconocido y apreciado por las mismas. Los apóstoles son aquellos a quienes Dios ha dado especialmente a los pastores y los líderes eclesiásticos pueden acudir por consejo y ayuda. Son pacificadores, mediadores y solucionadores de problemas. Pueden hacer demandas que aun cuando parezcan autocríticas son gustosamente aceptadas porque la gente reconoce el don y la autoridad que tiene. Enfocan un cuadro general y su visión no está restringida a los problemas de una iglesia local”.

Autor: David Cannistraci
Tomado del libro: Los apóstoles y el movimiento apostólico
Editorial: Casa Creación

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