La casa está en orden

El caos no puede ser parte de su vida

Por Sandra Felton

Tania, al igual que sucede con muchas desordenadas, es una persona optimista y uno de los motivos de su optimismo es que tiene un sentido del tiempo poco apropiado. Siempre calcula mal el tiempo que le llevará hacer las cosas. Durante veinte años le ha llevado una hora entera arreglarse para el trabajo por las mañanas. Sin embargo, cree de manera optimista, que puede reducir ese tiempo a cuarenta y cinco minutos (si tan solo se da un poco de prisa) de modo que duerme otros quince minutos más, pero durante veinte años ha estado llegando quince minutos tarde al trabajo. Debido a que siempre va con retraso, nunca le da tiempo para lavar lo que usó en el desayuno, ni de poner orden en su dormitorio, ni de colgar la ropa que ha decidido no ponerse. Tania posee una de las más clásicas características de la persona que pierde tiempo.

  1. No es consciente del paso del tiempo. Muchos desordenados no tienen el menor sentido de cuánto tiempo les lleva hacer las cosas. Cuando están de acuerdo en hacer algo no se dan cuenta de que no son humanamente capaces de realizarlo en una cantidad determinada de tiempo y algunas de ellas ni siquiera llevan reloj. No les preocupa la cantidad de tiempo y sin personas distraídas, no sientes el paso del tiempo como lo siente una persona que no lo es. El calcular constantemente mal el tiempo es un síntoma seguro de la mentalidad de la desordenada.
  2. El sentido de la importancia. Las personas importantes son también personas ocupadas. Llenan su tiempo hasta el tope para asegurarse a sí mismas de su propia importancia. A veces las personas se matan pensando que son muy importantes y el trabajo que hacen también. Un pastor que acaba de tener varios ataques cardíacos, pero que continuaba teniendo un horario espantosamente ocupado, le dijo a una clase de jóvenes estudiantes seminaristas que se iba a quemar para Dios y el orgullo con que les contó la historia hizo que los estudiantes se preguntasen si no se estaría quemando por puro egoísmo y hay veces que nuestros motivos nos pueden sorprender.
  3. No están dispuestas a tomar el control. Algunas personas están adictas a que otras les digan lo que tienen que hacer y rara vez planean nada para sí mismas ni deciden nada por sí mismas, dejándose llevar “por los acontecimientos” esperando a que sus padres, sus cónyuges, sus hijos o Dios les diga lo que tiene que hacer. Esto da lugar al caos debido a que cada uno tiene una idea diferente de lo que debería hacer esta persona desordenada. Todos nosotros tenemos suficiente tensión sin añadir más, permitiendo que otros tomen el control de nuestra vida.

Uno de los temas favoritos de C. S. Lewis es el que expresa que solo las personas vagas trabajan muy duro. La falta de voluntad, a la hora de tomar decisiones acerca de nuestras propias prioridades y valores es una forma de pereza y da como resultado una vida frenética, intentando siempre hacer frente a las muchas exigencias a las que, por casualidad, le hemos abierto la puerta.

En ocasiones los cristianos adoptan un enfoque parecido al de la tabla ouija. Establecen un sistema de señales para Dios, esperando que Él les muestre su dirección, según las normas de ellos. Tal vez sea la voluntad de Dios para que ellos fijen sus propios planes mentales y haga que los cumplan.

Saber hace la diferencia

EL saber por qué guardamos demasiadas cosas, por qué dejamos las cosas en medio y por qué la distribución del tiempo es tan deficiente en nuestra vida es el primero paso para el cambio. Solo cuando nos damos cuenta de los pensamientos que guían nuestras acciones podemos empezar a contrarrestarlos. Para cambiar nuestras acciones es preciso cambiar nuestros pensamientos. Muchos de ellos que guían nuestra vida son buenos pensamientos, es solo que no funcionan en nuestra situación. Otros serían razonables, si no los llevásemos a los extremos que los llevamos y otros no son tan buenos como pensamos que lo eran al abrazarlos.

En el circo podemos ver a un elefante de varias toneladas atado a una reducida estaca y sujeto por una fina cuerda. Con su enorme fuerza podría fácilmente tirar de la estaca o romper la cuerda, pero no sabe que puede hacerlo. Cuando era bebé el elefante estaba fuertemente atado a un objeto que no se movía e intentó quedar repetidamente el libertad, pero no lo consiguió nunca. Finalmente, convencido de que los elefantes atados a una estaca no pueden librarse, dejó de intentarlo y aunque ahora es perfectamente capaz de largarse ya no lo intenta. Vive según la idea que le transmitieron hace mucho tiempo. Ya no se aplica a su situación, pero sigue aferrándose a ella. Si alguien que supiese el lenguaje de los elefantes le pudiese hablar al oído para decirle que ya no necesita vivir según esa idea de cuando era un bebé, ¿cree usted que dejaría a un lado su antigua idea? Yo creo que sí. Si pudiera ver la vida que es posible para él, creo que escogería la libertad.

La mayoría de nuestras ideas quedaron fijas para cuando llegamos a los 12 años, así que, ¿por qué estamos dispuestos a continuar viviendo según las creencias de un niño de 12 años? Ahora que somos personas adultas, y sabemos las ideas que nos motivan a ser desordenados, podemos evaluarlas y decidir lo que queremos hacer con ellas.

 

Autor: Sandra Felton
Tomado del libro: Se acabó el desorden
Editorial: Unilit

  Image size: 100x159, 24.67Kb
  Image type: jpeg

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*