Hágale frente a sus adicciones

Libérese de las ataduras que no lo dejan vivir en libertad

Por el Dr. David Hawkins

Nuestros diferentes caminos a la adicción nos han alejado de Dios y de nosotros mismos. Afrontar nuestros problemas nos lleva de vuelta a casa, y saber eso debe darnos un poco de paz. A pesar del camino accidentado, sabemos que nos dirigimos a puerto seguro.

En su libro titulado Adicción y gracia, Gerald May nos recuerda: “El viaje de regreso a casa, el proceso de habitar en Dios implica la retirada de conductas adictivas que se han vuelto normales para nosotros. En la retirada, las ataduras se debilitan y su energía se libera por un deseo y una atención más sencilla y más pura. En otras palabras, el deseo humano se libera por amor”.

Hacer frente a nuestras adicciones, según May, significa desistir de algo que para nosotros se ha vuelto normal. Por alguna razón, eso me tranquiliza. Yo no me apunte para convertirme en adicto al trabajo. No me dediqué a buscar maneras de convertirme en adicto a la aprobación. Pero con el tiempo, esas conductas se volvieron normales para mí.

¿No resulta extraño cómo, de alguna forma, nuestros excesos en el trabajo, la comida, las relaciones sexuales y las apuestas se vuelven normales? Es por eso que dejar atrás esas conductas se percibe como una gran pérdida. Al principio, nuestro camino a la seguridad puede parecerse más a un camino sin rumbo hacia territorio desconocido.

Esos son los momentos en que un debe confiar en la voz interior que dice: “Ya es hora de desistir de esa conducta que te hace daño y comenzar a buscar el maravilloso lugar que solías llamar ‘hogar’”. Con el tiempo, reconocerá y aceptará las antiguas y conocidas facetas de la vida que dejó atrás.

Hacerle frente

Se necesita muchísimo valor para afrontar nuestras adicciones. Debemos tener una visión clara de convertirnos en personas sanas, junto con un plan preciso sobre cómo vamos a llegar ahí. Tenemos que optar conscientemente por separarnos de nuestras adiciones un paso a la vez, y tenemos que saber quién y qué nos va a alentar a lo largo del camino.

También debemos poseer una fuerte intención de librarnos del yugo de la adicción. Hemos de ser decididos. Debemos tener la plena intención de lograr nuestra meta de acabar con nuestra adicción.

Algunas personas creen que el poder de la intención es un concepto de la Nueva Era. Sin embargo, Jesús enseñó en Lucas 14:28-32 acerca de la intención cuando señaló la importancia de contar el costo de toda tarea.

El salmista fomenta esta perspectiva alentándonos a fundar nuestra empresa en el plan de Dios para nuestra vida. Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles”(Salmo 127:1). Podemos lograr cosas maravillosas cuando cooperamos con la obra de Dios.

Además de nuestra intención de afrontar nuestras adicciones, debemos cultivar otras diferentes actitudes y habilidades:

  • Entender claramente lo que quiere lograrse y luego escribirlo. Hay algo potente en eso de escribir nuestros sueños y metas en un papel.
  • Establezca pasos específicos para lograr su meta. Por ejemplo, si su objetivo es liberarse de las apuestas, ¿estará dispuesto a sumarse a algún grupo de ayuda?
  • Comience dando pasos pequeños para poner la meta en marcha. Iniciar una acción a menudo es la parte más difícil. Una vez que usted haya establecido una nueva rutina, seguir el camino será más fácil.
  • Busque apoyo en los que le rodean, gente que le alentará a avanzar hacia sus metas al tiempo que le piden cuentas de su progreso.
  • Celebre cada paso que dé en el camino. Reconozca que su senda incluirá pasos pequeños, pasos gigantes y pasos de retroceso. Todos forman parte del trayecto.
  • Mantenga un foco claro. Siga adelante. Recuerde que este proceso es un camino, no un destino.

Yo he descubierto que algunas personas no progresan en su recuperación porque no han planificado con eficacia. Creen que sencillamente se van a despertar una mañana y dirán: “Hoy es un bien día para dejar de beber” y que de alguna manera podrán conseguirlo. No toman en cuenta lo difícil que será vencer sus adicciones.

Distanciamiento

Afrontar nuestras adicciones significa hacer frente a nuestras ataduras. Hemos sido esclavos a nuestras adicciones durante bastante tiempo. Dejamos de tener el poder de escogerlas hace mucho tiempo; ellas nos escogen a nosotros.

Afrontar nuestras adicciones significa desprender emocionalmente. Tenemos que dejar atrás el conocido territorio de nuestras ataduras y distanciarnos de ellas. Debemos crear espacio, una oportunidad instantánea de volver a hacer pie para podernos reorientar y dirigirnos hacia la costa. A medida que comenzamos a distanciarnos de nuestras adicciones, recobramos una pequeñísima parte de libertad con cada pasito que damos, y nuestro poder de elegir aumenta.

Primero debemos distanciarnos lo suficiente como para asistir a una reunión que enseña los doce pasos. Luego debemos establecer un vínculo con un amigo que sea sobrio, alguien en quien podamos confiar que tal vez haya recorrido un camino similar al nuestro. Con cada paso, nuestra estabilidad y fortaleza aumentan.

A medida que comenzamos a distanciarnos de nuestras adicciones dejamos espacio para practicar algunas de las formas de inspiración que ofrecimos antes. Mediante estas herramientas y a través de la práctica del distanciamiento, nos vamos alejando de la adicción y fortaleciendo del control que dios tiene en nuestra vida.

Síndrome de abstinencia

Afrontar sus adicciones significa pasar por una experiencia dolorosa. Me gustaría que no fuera así. Me gustaría que pudiéramos reconocer simplemente un mal hábito, detenerlo ahí mismo y quitárnoslo de encima con un movimiento de la mano.

Pero las cosas no son así. Estamos atados a nuestras adicciones. Nos parecen normales. Las hemos integrado en nuestra vida. Alejarnos de nuestras adicciones y afrontarlas va a ser un reto enorme. Debemos esperar cierta incomodidad. Gerald May habla del papel de la pérdida en el proceso de afrontar nuestras adicciones: “La pérdida de la atadura es la pérdida de algo muy real; es físico. Vamos a resistir esa pérdida lo más que podamos. Cuando se produce el síndrome de abstinencia, duele. Y, después que termine, vamos a lamentarnos. Solo entonces, cuando hayamos terminado de afligirnos por la atadura perdida, respiraremos el aire fresco de la libertad con agradecimiento”.

Afrontar nuestra adicciones y prepararnos para el camino de la recuperación debe incluir preparación para la pérdida y tristeza. También incluirá resistencia porque no queremos abandonar tan arraigada atadura. De hecho, si pudiéramos encontrar otra forma de hacerlo lo haríamos. Si usted ha tratado de dejar una adicción mientras se niega a soportar el dolor que viene con ello, ya sabe que no da resultado. Pero eso no nos impide seguir intentándolo.

Elizabeth Kübler-Ross, afamada escritora de una obra original y de gran influencia sobre las etapas de la pérdida titulada Sobre la muerte y los moribundos, dijo que todos pasamos por varias etapas cuando nos alejamos de nuestras ataduras.

  • Tenemos negación sobre la necesidad de pasar siquiera por el proceso de la aflicción.
  • Luego experimentamos ira sobre la necesidad de afrontar nuestra adicción.
  • Intentamos negociar una forma para no tener que aceptar la pérdida.
  • Entonces nos afirmamos en la realidad de nuestra necesidad de deshacernos de la adicción y nos sentimos deprimidos como resultado de ello.
  • Por último, y tal vez por puro agotamiento, llegamos a un lugar de serenidad llamado aceptación.

A pesar de que la obra de la doctora Ross me parece útil, creo que muy pocas personas pasan por esas etapas en ese mismo orden. Ese no fue mi caso. Justo cuando creía que estaba llegando a un lugar de aceptación, mi vieja amiga, la negación, regresaba a hacerme una visitar y me susurraba: “La verdad es que no tienes que dejar de trabajar tanto. Lo tienes todo bajo control”.

Entonces caía en una ligera depresión, entristecido y desalentado porque la negación me había desviado. El problema era grave, y permanecí en recuperación durante mucho tiempo. Dos pasos al frente y uno hacia atrás. Y a veces, un paso al frente y dos hacia atrás.

Déjeselo a Dios

Muchos de ustedes reconocerán que “dejarle las cosas a Dios” es una herramienta fundamental para casi todos los programas de recuperación. Afrontar nuestras adicciones incluye echar mano de otro cliché aplicable: “Fue tu razonamiento lo que te trajo hasta aquí”.

En otras palabras, si mis mejores esfuerzos me lanzaron de lleno a una adicción al trabajo y la aprobación, seguro que no voy a poder salir del atolladero yo solo. Si toda mi sabiduría me ayudó para ser adicto al trabajo durante veinte años, a pesar de incontables personas que trataron de ayudarme a ver la luz, yo sería un necio si decidiera que soy lo suficientemente listo, sabio, fuerte y valiente como para salir del problema yo solo. Eso no va a suceder. ¿Entonces qué? Tenemos que decidir no ir solos.

Tenemos que admitir nuestra total dependencia de Dios. Lo necesitamos más que nada en el mundo. Buscamos apoyo en los que nos rodean para que nos ayuden cuando las cosas se ponen difíciles, y también tenemos que apoyarnos en Jesús, nuestro “poder más alto”, para que ilumine el oscuro camino que tenemos por delante.

Descubrimos que no podemos confiar en nuestros razonamientos y nos damos cuenta de que tenemos que comprobar ese razonamiento con Las Escrituras y comunicar lo que pensamos y sentimos con las pocas personas que hemos identificado para que nos apoyen en nuestro camino. Nos deshacemos de uno de los demonios más peligrosos a nuestro alrededor: nuestra presunción.

Nuestros mejores razonamientos, algo que la mayoría de los adictos pasan mucho tiempo cultivando, llegan a niveles extremos de presunción, una palabra sofisticada que significa “Yo puedo arreglarlo solo. Lo tengo controlado y no necesito ayuda de los demás, y ciertamente no necesito apoyarme en Dios para que me saque de este lío”.

Cuando usted escuche esa voz interior, le exhorto a que salga corriendo, no caminando y se aleje de ella. La presunción no es su amiga. La presunción es prima de la negación y las dos pasan demasiado tiempo juntas. Déjelas lo más rápido posible.

 

Autor: Dr. David Hawkins
Tomado del libro: ¡Acabe con las adicciones cotidianas!
Editorial: Portavoz

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