El valor de Nuestro Matrimonio

Tratémoslo como a un tesoro

Por Debbie L. Cherry

¿Has atesorado alguna vez un objeto? ¿Un trofeo o un premio? ¿Cómo tratamos a los objetos valioso? ¿Los tiramos en un armario y nos olvidamos de ellos? Claro que no. Por lo general, los exhibimos en un lugar de honor y los cuidamos bien. Pensamos en ellos a menudo y hablamos sobre ellos a otros cuando podemos.

¿Por qué, tan a menudo, nos ocupamos mejor de nuestros bienes materiales que de nuestro cónyuge? Por desgracia, tengo que admitir que hay veces que me ocupo mejor de mi casa que de mi marido. Quizás sea porque se nos enseña a cómo limpiar la casa, el coche o cuidar de nuestras cosas, pero no se nos enseña a cómo atesorar a la gente. Solo cuando verdaderamente aprendamos a atesorar a nuestro cónyuge por encima de todo lo demás (excepto el Señor), nuestro matrimonio comenzará a sanar, crecer y florecer.

Atesorar sencillamente significa percibir ese objeto como algo de gran valor: algo que hemos soñado, por lo que nos hemos esforzado y que, finalmente, recibimos. Un regalo no tiene precio. Un tesoro es algo por lo cual estamos agradecidos y que siempre valoraremos. Algo que cuidamos, protegemos y mimamos. Obviamente, tendríamos que tratar a nuestro cónyuge mejor que a cualquier bien material. ¿Pero sabemos cómo hacerlo?

Pensamiento positivo

Para atesorar a nuestro cónyuge, debemos concentrar nuestros pensamientos en sus rasgos y virtudes positivas. Debemos ignorar, de manera selectiva, las características negativas y las debilidades de nuestro esposo o esposa. En Filipenses 4:8, Dios nos dice que debemos tener presente todo lo puro, lo que sea excelente o digno de elogio. Yo no veo que Él nos diga que pensemos en lo negativo, lo feo o lo irritante. Por lo tanto, parecería que Dios desea que activamente evitemos pensar en las cosas que sean negativas. Si aplicamos este principio, aumentará la felicidad en el matrimonio. Las investigaciones demuestran que “las parejas felices son parejas que acentúan los buenos rasgos y motivos de su compañero como al causa de su conducta positiva; la conducta negativa es percibida como algo raro y no intencionado o coyuntural. Por eso, el cónyuge feliz refuerza los buenos rasgos de su pareja. Por lo contrario, las parejas infelices pasan por alto lo positivo y enfatizan los malos rasgos de la personalidad y actitudes negativas de su pareja como la causa de los problemas matrimoniales”.

Respeto

“Den a todos el debido respeto” (1 Pedro 2:17). “Solo deseaba que me respetaran”. Me imagino que todos alguna vez hemos dicho eso, y hemos escuchado que lo dicen los demás.

El mostrar respeto por nuestro cónyuge significa dar absolutamente lo mejor de nosotros: nuestra mejor actitud, nuestro mejor tiempo, nuestras mejores palabras, nuestro mejor atuendo, nuestros mejores dones; todo lo mejor. Con frecuencia, nuestros esposos terminan por recibir las sobras, y no lo mejor. ¿Tratamos a nuestro cónyuge de la misma manera en que trataríamos a un conocido casual o incluso a un extraño? Si ustedes son como la mayoría de la gente, probablemente no. Es bastante triste que tengamos más consideración por un extraño que por nuestro esposo o esposa.

Tenemos que asegurarnos de darle a nuestro cónyuge lo mejor. Debemos demostrarle respeto en todo lo que digamos y hagamos. Tenemos que cerciorarnos de que la manera en que le hablemos, o que hablemos sobre él o ella, sea honrosa y considerada. No utilicemos palabras hirientes o ásperas; y no le hagamos bromas sobre temas delicados.

Disfrutemos juntos de nosotros

“¡Bendita sea tu fuente! ¡Goza con la esposa [esposo] de tu juventud!” (Proverbios 5:18). Aquí sobresale la importancia de que seamos muy buenos amigos con nuestro cónyuge. Al compartir juntos diversas experiencias, podremos fortalecer el aspecto de la amistad en nuestra relación. Por lo tanto, busquemos prontamente apartar tiempo para estar juntos y protejamos, a la vez, esos momentos. Llenemos nuestro tiempo con charlas, risas y juegos. Descubramos actividades recreativas que ambos disfrutemos.

El placer y la risa crean una base sólida de seguridad emocional, lo que es esencial para el matrimonio. Debemos concentrarnos en hallar placer en todo lo que hagamos.

Cuidarnos mutuamente

A menudo les enseño a los padres de niños pequeños que la herramienta meas poderosa y efectiva que tienen como padres es la atención. Aquellas conductas de sus niños a las que le presten atención serán las conductas que se verán reforzadas y que por lo tanto, sus niños habrán de repetir. Y las conductas que ellos ignoren, en vez de ser reforzadas, poco a poco comenzarán a disminuir. La “tarea” de los niños es absorber la mayor cantidad de atención posible. Los niños odian que los ignoren, porque eso significa que no están haciendo bien su trabajo. Los niños que son ignorados durante largos períodos de tiempo comienzan a buscar la manera, tanto positiva como negativa, de atraer atención.

Lo que es interesante con respecto a esto es que la misma teoría se aplica a los adultos. Nunca superamos nuestro deseo de atraer la mayor cantidad de atención posible y, por lo tanto, una de las habilidades más fuertes y efectivas para mantener a un matrimonio entero es prestarle atención a nuestro cónyuge.

La atención y el estímulo de las conductas positivas e intentos de cambio, y el ignorar los rasgos negativos, son una de las maneras más efectivas de atesorar a nuestro esposo o esposa. Necesitamos ofrecer nuestra reacción positiva y decir qué es lo que él o ella están haciendo bien. El poder de la alabanza es inconmensurable.

Velar por sus necesidades

Las diferencias entre los hombres y las mujeres son innumerables y se evidencian en prácticamente todas las áreas de nuestra vida. Lo que generalmente ocurre cuando tratamos de satisfacer las necesidades de nuestro esposo o esposa es que les damos aquello que pensamos que necesitaríamos nosotros en la misma situación. Pero debido a nuestras diferencias, eso es a menudo la cosa equivocada.

Si no nos tomamos el tiempo de descubrir específicamente lo que nuestro cónyuge necesita, lo más probable es que no podamos satisfacer su necesidad. Es importante que compartamos abiertamente cuáles son las cosas que necesitamos en las diferentes situaciones. No esperemos que nuestro cónyuge nos lea nuestra mente.

Una esposa con la que me reuní estaba frustrada porque su esposo no satisfacía sus necesidades. Ella me dijo que deseaba que él le escribiera notas o que le enviara cartas que expresaban sus sentimientos hacia ella. Mientras me lo decía, su esposo pareció muy sorprendido: “Nunca supe que tú deseabas que yo hiciera eso. Nunca me lo dijiste”. A lo cual ella respondió: “Bueno, quizá no te lo haya dicho con palabras, pero ¿por qué pensas que siempre te escribía esas notitas que colocaba en tu automóvil? Siempretenía esperanza de que te dieras cuenta de que tú deberías hacer lo mismo por mí. Pero nunca lo hiciste”.

Esta esposa tenía la creencia que dice: “Si yo hago esto por él, él se dará cuenta de que eso es lo que yo necesito, y él lo hará por mí”. Por supuesto que eso no funciona. Aquí ocurrieron dos cosas muy importantes que, si no les prestamos atención, podrían dañar nuestra relación. Primero, el esposo no entendió la indirecta de su esposo, y por lo tanto no respondió sus necesidades. Ya que ella no lo expresó abiertamente, sus necesidades quedaron sin satisfacer y se sintió herida. Segundo, a pesar de que la esposa le hacía gestos muy bonitos a su esposo enviándole notas, ella tampoco estaba satisfaciendo las necesidades de él. Si realizamos cosas bonitas por nuestro cónyuge, pero estas no satisfacen sus necesidades, es lo mismo que llevar el automóvil a cargar gasolina y sostener el surtidor a diez metros de distancia. Gastamos energía (y dinero), mientras dejamos que la gasolina se desparrame por todo el suelo. Cuando damos y damos de una manera que no satisface las necesidades de nuestro esposo o esposa, ambos nos sentimos vacíos.

Si cada uno se tomara el tiempo de comprenderverdaderamente lo que necesita el otro, nuestros esfuerzos por satisfacer las necesidades de la otra persona serían mucho más exitosos. Y, si mantuviéramos el tanque de nuestro cónyuge lleno, él o ella, a su vez, tendrían la energía para darnos lo que necesitamos, satisfaciendo así algunas de nuestras necesidades específicas.

Avivar la pasión

¿Recuerdan cuando estaban de novios y el romance parecía estar en todas partes? ¿Qué le pasó a todo eso? Para la mayoría de las parejas, poco tiempo después de la boda, el cortejo cae en picada. El foco de atención se aparte de las salidas a los restaurantes, para concentrarse en comer y dormir. Nos sentimos confiados de haber “pescado” a nuestro cónyuge y de haberle demostrado que lo queremos. A partir de allí, disminuye nuestro esfuerzo. ¿Cómo debe entender nuestro cónyuge ese sentimiento de se atesorado del noviazgo al matrimonio, si no continuamos comportándonos de la manera que lo hizo sentirse así? El atesorar a nuestro esposo o esposa incluye lo romántico.

El romance implica que demostremos que, cuando no estamos juntos, pensamos en nuestro esposo o esposa y que, cuando estamos juntos, lo exhibamos. Implica tomarse el tiempo necesario, en medio de la vorágine cotidiana, para hacer que la otra persona se sienta amada, cuidada, importante y especial. Significa tomar lo común y corriente (una cena o una caminata) para convertirlo en algo extraordinario. Mediante gestos románticos, le decimos a nuestro cónyuge que él o ella son únicos para nosotros y que se merecen todo nuestro esfuerzo.

Nunca olvidemos la importancia de cortejar a nuestro esposo o esposa. Quizás les suene algo básico, pero se sorprenderían (o quizá no) al enterarse de cuántas parejas no lo hacen. O si lo hacen, es apenas una vez o dos al año para festejar alguna fecha especial. Si deseamos que nuestra relación se florezca y que nuestro cónyuge se sienta atesorado por nosotros, tenemos que pasar tiempo de buena calidad juntos como pareja.

 

Por Debbie L. Cherry
Tomado del libro: Descubra los tesoros del matrimonio
Editorial: Patmos

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