El poder de la verdadera oración

No importa cuánto tiempo oremos

Por Joyce Meyer

“La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16).

Llegué a un punto en mi vida de oración donde me sentía frustrada, así que comencé a buscar de Dios en cuanto a eso. Quería la seguridad de que “la oración eficaz del justo puede mucho”. Quería que el poder de Dios estuviera disponible para cambiar la situación o bendecir la vida de aquella persona por quien estaba orando.

Si hemos de aprender cómo orar efectivamente, tenemos que decir: “Señor, enséñame a orar”. Él le mostrará las llaves para poder orar de una manera más efectiva. Las llaves abren y cierran. Las llaves reflejan autoridad. Quien tiene las llaves tiene la autoridad. Cuando oramos de esta manera, le estamos pidiendo al Señor que revele sus principios de oración que harán efectivas nuestras oraciones. Le exhorto a comenzar a buscar la voluntad de Dios cuando ora, porque habrá una unción sobre la oración que está alineada a su voluntad. El Señor me mostró que orar fervientemente quiere decir poner todo su ser, toda su atención, su mente, su voluntad, sus emociones y todo lo que usted es en lo que está orando. Él está más interesado en la calidad de la oración que en la cantidad de esta.

Para que la oración sea eficaz debe ser ferviente. Sin embargo, si malentendemos la palabra ferviente, puede que nos sintamos obligados a “revolver” alguna emoción fuerte antes de orar; de otra manera nuestras oraciones no serán eficaces.

Sé que hubo muchos años en los cuales creía de esta manera, y tal vez de igual manera usted ha estado confundido o decepcionado. Mire a algunas otras versiones de este versículo y pueden que aclaren este asunto: “Oración ferviente…puede mucho”; “ejercer una influencia poderosa”; “tiene un efecto poderoso”.

Creo que esta escritura quiere decir que nuestras oraciones deben provenir de nuestro corazón y no solo de nuestra cabeza.

A veces experimento una gran cantidad de emociones al orar. A veces hasta lloro. Pero hay muchas veces que no me siento emocional. La oración de fe no es posible si no basamos el valor de nuestra oración en las emociones. Me acuerdo haber disfrutado tanto aquellos momentos de oración en los que podía sentir la presencia de Dios, y luego contemplar que estaba mal durante los momentos que no sentía nada. Aprendí después de un tiempo que la fe no se basa en los sentimientos de las emociones pero sí en el conocimiento del corazón.

Confíe que sus oraciones sinceras y serias son eficaces porque su fe está en Él, no en su propia habilidad de vivir de una manera santa u orar elocuentemente.

Santiago nos dice que la oración ferviente del “justo” es poderosa. Esto quiere decir un creyente que no está bajo condenación, uno que tiene su confianza en Dios y en el poder de la oración. No quiere decir que no tenga imperfección alguna en su vida.

Elías fue un hombre de Dios quien no siempre se portaba perfectamente, pero no permitió que sus imperfecciones le robaran la confianza en Dios. Elías tuvo fe, pero también tuvo miedo. Él fue obediente, pero a veces también fue desobediente. Él amaba a Dios y quería cumplir con su voluntad y llamamiento sobre su vida. Pero a veces se rendía a las debilidades humanas e intentaba evitar las consecuencias de aquella voluntad y llamamiento.

En 1 Reyes 18 lo vemos moviéndose en un poder tremendo, invocando bajar fuego del cielo para matar a cuatrocientos profetas de Baal. Inmediatamente después lo vemos huyendo lleno de miedo de Jezabel, volviéndose negativo y deprimido, y hasta deseando la muerte.

Tal como muchos de nosotros, Elías permitió que sus emociones tomaran ventaja de él. Él era un ser humano tal como nosotros, pero aun así hizo oraciones poderosas. Su ejemplo debería darnos suficiente “poder de las escrituras” para vencer la condenación cuando se levanta para decirnos que no podemos orar lo suficientemente poderoso por causa de nuestras debilidades y fallas.

Creo que Dios me ha instruido a orar y hacer peticiones con la menor cantidad de palabras posible. Si puedo mantener mi petición muy sencilla y no confundir el asunto al intentar salir con demasiadas palabras, mi oración en realidad parece ser más clara y poderosa.

Tenemos que gastar nuestra energía liberando nuestra fe, no repitiendo frases vez tras vez que tan solo sirven para volver la oración larga y complicada.

En realidad, me ha sido difícil mantener mis oraciones cortas y precisas. Empecé a darme cuenta de que el problema mío al orar fue que no tenía suficiente fe de que mi oración llegaría si fuera corta, sencilla y al grano. Había caído en la misma trampa de muchos: la mentalidad de “mientras más larga, mejor”. No quiero decir que promuevo orar por un corto período, más bien sugiero que cada oración sea sencilla, directa, al grano y llena de fe.

Como ahora sigo la dirección de Dios para mantenerla sencilla y hacer mi petición con la menor cantidad de palabras posible, experimento una mayor liberación de la fe mía, y sé que Dios me ha oído y que contestará.

Autor: Joyce Meyer
Tomado del libro: El gozo de la oración de fe
Editorial: Casa Creación

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