El enojo en el matrimonio

Algunas preguntas con las que puede sentirse identificado

Por Smalley&Cunningham

Queremos darle a conocer algunas de las preguntas que nos formulan cada vez que hablamos del enojo y el perdón. Nuestra esperanza y nuestra oración es que suelte el enojo de su vida y acepte el perdón para usted y para aquellos que le han hecho daño. Muchas cosas podemos decir sobre este tema, pero creemos que muchas de las preguntas que usted lea aquí, pueden ser suyas.

Pregunta 1: “Mi enojo se ha convertido en un problema. Soy explosivo en el hogar. Mi esposa dice que traigo todas las frustraciones del trabajo a casa y me desquito con los niños y ella. No quiero hacer esto. ¿Me puede ayudar a entender el enojo?

Respuesta: El enojo es una emoción provocada por una serie de otros sentimientos. Las primeras tres emociones que lo provoca son temor, frustración y dolor. Usted se enoja cuando se siente rechazado, juzgado, controlado, engañado, mal entendido o fracasado. La provocación de enojo es diferente en cada persona; pero tenga en cuenta esto: el enojo no es pecado. Es la razón de su enojo y lo que hace con su enojo lo que da lugar al pecado. Por eso Las Escrituras dicen: Si se enojan, no pequen. No dejen que el sol se ponga estando aún enojados” (Efesios 4:26).

Hay tres estrategias a la hora de tratar con el enojo: puede callarlo, puede exteriorizarlo o puede analizarlo. Muchas veces nos enojamos por causas justificadas, pero lo manejamos de la manera inadecuada. Pídale a un amigo de confianza que lo ayude a rendir cuenta con respecto a sus problemas de enojo y no se desquite con su familia. De este modo, podrá resolver sus problemas de enojo sin inconvenientes.

Pregunta 2: “Acabo de leer El ADN de las relaciones. Cuando usted habla de ‘paredes’ que se erigen entre las personas que están en conflicto, me hace pensar en las paredes entre mi esposo y yo. Cuando traté de hablar de esto con él, me dijo: ‘No creas lo que esa gente dice de las paredes, porque La Biblia no habla de paredes entre las personas’. Mi esposo me dijo que yo no debería colocar paredes. ¿Es bíblico este concepto de la ‘pared’?

Respuesta: Génesis 3:10 proyecta una clara imagen de una pared:  “…tuve miedo… me escondí”. Adán y Eva temían las consecuencias de su proceder y por ello trataron de colocar una pared entre ellos y Dios. ¿Hay una distancia emocional entre usted y su esposo? ¿Evitan algunos temas en su matrimonio? ¿Evitan hablar de problemas de sexo, dinero o trabajo? ¿Evita usted ciertos temas por temor a la confrontación?

¿Por qué las parejas están exhaustas en el matrimonio? Porque gastan mucha energía tratando de esconderse. Nosotros colocamos paredes y tratamos de proyectar la imagen que pensamos que nuestro cónyuge quiere ver, para que cuando nos mire le guste lo que vea. Este es un problema, por supuesto, porque es difícil que su cónyuge se le acerque si usted está parada al otro lado de una pared gruesa o detrás de una máscara de falsedad.

La buena noticia es que puede fomentar una atmósfera de sinceridad que le permita ser usted misma. El apóstol Pablo lo dice de esta manera: “Más bien, hemos renunciado a todo lo vergonzoso que se hace a escondidas; no actuamos con engaño ni torcemos la palabra de Dios. Al contrario, mediante la clara exposición de la verdad, nos recomendamos a toda conciencia humana en la presencia de Dios” (2 Corintios 4:2). Pablo no iba a permitir que se erigieran paredes que ocultaran el Evangelio. Él reconocía que había un potencial de que se erigieran paredes y asumió la responsabilidad personal de derribarlas.

Si usted es como yo, anhela un matrimonio en el que pueda sentirse completamente libre, en el que no haya paredes. Usted quiere sentirse libre de abrirse y revelar quién es en verdad, al saber que su pareja lo seguirá amando, aceptando y valorando pase lo que pase. Pero demasiado a menudo, usted y yo nos bloqueamos totalmente con temor a abrirnos con los demás, porque no estamos muy seguros de lo que dirán o cómo usarán lo que se vea en nosotros.

¿Habla La Biblia de paredes entre las personas? ¡Desde luego! La “pared” más grande que aparece a lo largo de todas Las Escrituras se llama pecado. “Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios. Son estos pecados los que lo llevan a ocultar su rostro para no escuchar” (Isaías 59:2). “Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad” (1 Juan 1:8). Todo ser humano del planeta tiene que lidiar con esta pared llamada pecado. Pero ¿cómo? La respuesta es Cristo. “Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Romanos 6:23). Jesucristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

Pregunta 3: “¿Debo perdonar a alguien que cree que no hizo nada malo?”.

Respuesta: Cuando se trata del mandato de perdonar, La Biblia habla muy claro en cuanto a lo que se espera de los seguidores de Jesús: “Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23-24).

¿Se excluye a alguien de recibir nuestro perdón? Según Mateo 5: 44-48, aun nuestro enemigos son dignos de ser perdonados: “Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? ¿Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de impuestos? Y si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué de más hacen ustedes? ¿Acaso no hacen esto hasta los gentiles? Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto?”.

¡Qué versículos! ¡Qué mensaje! Se alude a la misma naturaleza de nuestro increíble Dios clemente y misericordioso para con todos. Cristo estuvo dispuesto a amar a aquellos que lo aborrecían. Se preocupó por las prostitutas, los ladrones y, sí, incluso por los recaudadores de impuestos. Seguir a Cristo significa que debemos perdonar a aquellos que más nos ofenden. ¿Por qué debemos perdonar a nuestros enemigos? Porque Dios sabe que el enojo sin resolver mata nuestro espíritu, y Él quiere que seamos libres del remordimiento y la culpa.

Nadie está excluido del perdón, ni siquiera la persona que no nos pide perdón.

Pregunta 3: Por alguna razón, no me gusta el conflicto. Nunca me ha gustado y nunca me gustará. Cuando mi esposo y yo tenemos un desacuerdo, tiendo a enojarme demasiado; aunque sea por un asunto pequeño. ¿Cómo puedo controlar mi enojo?

Respuesta: Ante todo, reconozca que usted tiene la misma respuesta que muchas personas. De hecho, al 80% de las mujeres no les gusta sentirse aisladas de los demás. No le gusta sentirse privada de la relación entre ella y su cónyuge; por ello aun una pequeña sensación de incomunicación puede convertir una pequeña discusión en una gran pelea. En mi matrimonio he comprobado esto por experiencia propia. Mi esposa no quiere sentirse aislada o rechazada. Cada vez que siente alguna de estas cosas, sus emociones se encienden. Los pequeños problemas se magnifican y se exageran. Y sin darse cuenta, asigna motivos a mis acciones y mis palabras. Por ejemplo, si me olvido de sacar la basura una vez al mes, ella podría decir que nunca saco la basura.

Mi reacción, por el otro lado, es que cuando me siento manipulado, me retraigo. Cierro mi corazón y me alejo de la situación… lo que hace que a la vez mi esposa se sienta más aislada y rechazada. Entonces, ahora soy yo el que activo sus mecanismos de reacción. Antes de darnos cuenta de lo que sucede, estamos enredados en una pelea conyugal donde yo me quiero evadir, y todo lo que ella quiere es relacionarse conmigo.

Si no tenemos cuidado, podemos perder el control y hacer declaraciones acusadores que nos coloquen a ambos a la defensiva, o peor aún, a la ofensiva. Y si nos controlamos, podría llegar a hacer una explosión de palabras de las que simplemente no podamos retractarnos.

Tanto mi esposa como yo conocemos la instrucción bíblica de no dejar que el sol se ponga sobre nuestro enojo. De modo que cuando una discusión comienza al ponerse el sol… sabemos que tenemos que arreglar las cosas, y rápido. La buena noticia es que los dos somos conscientes de nuestros mecanismos de reacción y nuestra tendencia a perder el control. Todo lo que hace falta para mitigar una discusión y calmar los ánimos (lo que habitualmente es una nimiedad) es una disculpa por haber activado el mecanismo de reacción del otro. Esta disculpa nos ayuda a recordar que estamos en el mismo equipo y que no queremos herirnos uno al otro, ya sea intencional o no.

De modo que para controlar su enojo, necesita saber cuáles son los mecanismos de reacción de ambos. Hable con ellos. Hable de la importancia de conocer sus mecanismos de reacción en un momento en que las cosas estén en calma. Después busque la manera de no activar los mecanismos de reacción de su cónyuge y reconozca cuando se han activado los suyos al surgir un conflicto.

Pregunta 4: “Mi esposo y yo nos casamos hace casi diez meses. La transición de aprender a convivir y emprender juntos la vida ha sido complicada. A veces, cuando discutimos, no sé qué hacer y entonces llamo a mi mamá. Eso hace que mi esposo realmente se moleste. ¿No tengo derecho de llamar a mi mamá cada vez que quiera?”.

Respuesta: Sí, usted tiene el derecho de llamar a su mamá cada vez que quiera, pero a veces necesita renunciar a ese derecho para hacer lo que a su matrimonio le haga bien. Todos necesitamos mentores y personas que puedan darnos palabra de sabiduría, pero cuando estamos en el calor del momento, podría no ser oportuno levantar el teléfono. Permítame preguntarle lo siguiente: cuando usted llama a su mamá, ¿busca sabiduría o a una aliada?

La Biblia manifiesta claramente que un hombre tiene que dejar a su padre y a su madre para unirse a su mujer. Con gran frecuencia, cuando las personas están en conflicto, uno de los cónyuges o ambos levantan el teléfono, llaman a los padres y les cuentan todo lo que sucede en la pelea. Pero esto no trae beneficio para su matrimonio o su futuro juntos. En vez de buscar aliados durante una discusión acalorada, piense en su propia vida.

Busque a Dios de corazón y pregúntele cuál es su perspectiva sobre el asunto. Podría llegar a sorprenderse de lo que Él le revele en oración. Es fácil pensar que el objetivo del matrimonio es que usted sea feliz; pero el verdadero objetivo del matrimonio es que sea santo.

En Mateo 5: 43-48 Jesús dice que la vida es mucho más que tener que lidiar o soportar a alguien. Amar a los odiosos y más desagradables es una señal de madurez en su vida. No importan cuán insoportables ni cuán hirientes sean, aun así usted puede aprender a amarlos mediante la gracia y el poder de Dios. Puede que la otra persona no cambie, pero usted cambiará para siempre. Será libre. Crecerá. Madurará. Será transformado en la persona que Dios quiere que sea. Y todo comienza con amar a la otra persona y hacerla libre de lo que ha hecho.

Aquí es donde aparecer en la superficie los verdaderos seguidores de Jesucristo. Estos son los que quieren caminar la segunda milla y no solo ser buenos con las personas buenas, sino mostrar bondad y amor a las persona más difíciles de amar.

Autor: Dr. Gary Smalley& Ted Cunningham
Tomado del libro: Del enojo a la intimidad
Editorial: Portavoz

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