El dios de los logros

Porque a veces sin querer podemos caer en su trampa

Por KyleIdleman

En Lucas 10 a Jesús le quedan apenas seis meses sobre la tierra. Él sabe que no tiene mucho tiempo, y también es consciente de lo que se viene. Habla acerca del camino a Jerusalén y de lo que acontecerá allí. Con certeza Jesús es alguien que apunta a metas altas. Ha necesitado solo unos pocos años de ministerio para revolucionar a este mundo. Eso constituye una medalla impresionante como para prenderla a su banda azul. Ha logrado más que cualquier otra persona en la historia.

Pero ese día Jesús no está preocupado por una lista de cosas a realizar ni de objetivos por alcanzar. Él no es esclavo de su programa y simplemente declara que él hace todo lo que el Padre desea que haga. Regularmente se toma un tiempo para alejarse a orar. En las cuestiones de su itinerario cotidiano, los discípulos pueden pensar que Jesús no tiene tiempo para los niños, que hay cosas que hacer y personas a las que ver, pero Jesús les dice: “Dejen que los niños vengan a mí” (Mateo 19:14).

En Lucas 10, aunque Él tiene cantidad de cosas por hacer y solo un poquito de tiempo, nos sorprende que Jesús dedique parte de ese tiempo a detenerse y visitar a algunos pocos buenos amigos como María y marta. Son las dos hermanas de Lázaro, y se ve con claridad que Jesús mantiene una relación especial con esa familia. Las Escrituras nos dicen que Marta le abre su hogar a Jesús, y esta es la escena que tiene lugar: dos hermanas, una de ellas corriendo frenéticamente con todos los preparativos, con el deseo de hacer que el hogar sea digno de Jesús, y la otra, sentándose en silencio a sus pies a escucharlo.

Marta, por su parte, se sentía abrumada porque tenía mucho que hacer. Así que se acercó a él y le dijo: ‘Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola? ¡Dile que me ayude!’. ‘Marta, Marta’, le contestó Jesús, ‘estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero sólo una es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará’”(Lucas 10:40-42).

Suceden muchas cosas en estas pocas frases, pero su consideramos la historia a través de las lentes de la idolatría, encontraremos dos frases significativas: “Marta estaba inquieta y preocupada”, “María había escogido”.

El dios de los logros nos abruma para que no sigamos a Jesús distrayéndonos con todas las cosas que deben ser hechas. ¿Cuántas veces tenemos las buenas intenciones de pasar un tiempo con Jesús y volver nuestro corazón Él, pero encontramos al final del día que ese es el punto de nuestra lista de tareas que nunca llegamos a realizar?

Hay algunas razones por las que el dios de los logros gana frecuentemente la batalla diaria por nuestro corazón. El dios de los logros nos provee un método de medición. A muchos de nosotros nos resulta más fácil dedicarle nuestro tiempo a las cosas tangibles. Nos gusta ver lo que hemos hecho. Podemos ver que la casa ha quedado limpia, o que el césped ha sido cortado, o que terminamos nuestro contrato, o que pudimos equilibrar el presupuesto, o que compramos los comestibles necesarios. Cuando acabo de pasar un tiempo con Jesús, no veo resultados inmediatos; pero cuando pinto un cuarto, el cambio resulta obvio. Cuando dedico tiempo a la oración y a la adoración, no hay evidencia visual inmediata de que haya alcanzado algo, pero cuando logro equilibrar el presupuesto, tengo algo que mostrar.

Marta está inquieta y preocupada por los preparativos. Esa es la tiranía de lo urgente. La lista de cosas que tiene que realizar justamente ahora. Las mejores canicas parecen no entrar nunca en el frasco. Notemos que lo Marta hace no es ni malo ni pecaminoso. En realidad lo que ella hace es bueno porque lo hace para Jesús. Pero Él le dice que lo que María había escogido es mejor. Lo que hacemos puede ser bueno, pero lo bueno se vuelve malo cuando existe algo mejor.

Descubrimos que muchos de los dioses que pelean por obtener nuestro corazón no procuran tentarnos con aquello que obviamente se ve como malo o pecaminoso. La cuestión con la idolatría es que llega a resumirse en una sola palabra: elección.

Un poco de competencia

Marta demuestra otra de las características de aquellos que luchan con el dios de los logros: se comparan con otros y parecen llevar un puntaje de su actuación. Marta señala que ha hecho mucho más que María. Aquellos que apuntan a alcanzar logros convierten prácticamente todo en una competencia. Hay dos síntomas relacionados entre sí que te indican que el dios de los logros ha ganado algún espacio en tu vida:

  1. La frustración constante que tienes con algunas personas cercadas a ti que, desde tu perspectiva, no hacen lo que deben. Marta se siente frustrada con María por no ser una mejor compañera de equipo, pero María ni siquiera parece darse cuenta de que está compitiendo en un juego. Esa frustración nos produce el que otros no cumplan correctamente con su parte, aflora con respecto a la falta de productividad de María. ¿Criticas constantemente a aquellos que te rodean por no hacer lo suficiente, o por no hacer las cosas lo bastante bien? Tal vez intentas que decir algo.
  2. El segundo síntoma es una sensación constante de descontento contigo mismo por no llegar a hacer lo que esperabas que podrías. Thomas DeLong, un profesor de la Escuela de Economía de Harvard, describe quinientas entrevistas llevadas a cabo con “profesionales que tienen una gran necesidad de alcanzar logros”. Más de cuatrocientos de ellos “cuestionaron su propio éxito y sacaron a relucir el nombre de por lo menos algún otro de sus pares que entendían que habían alcanzado más éxito que ellos”. Lo que resulta interesante es que esos profesionales fueron elegidos entre los líderes de las corporaciones estadounidenses, y sin embargo se destrozan ellos mismos al compararse constantemente con otro, al sentir que están logrando lo suficiente y mantenerse siempre en carrera para alcanzarlos.

Cuando adoramos al dios de los logros, hacer cosas y hacerlas correctamente se convierte en algo más importante que prácticamente todo y todos. En Salmos 46:10 el Señor nos recuerda: “Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios”. Es difícil adorar al dios de los logros y al mismo tiempo quedarse quietos para adorar a Dios el Señor. Si te resulta difícil tomarte el tiempo para permanecer quieto y reconocer que el Señor es Dios, eso debería constituir una señal de alarma. El resto del versículo continúa diciendo: “¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!”. Cuando desaceleramos el tiempo suficiente como para reconocer que el Seño es Dios, se nos recuerda su soberanía. Él tiene todo el mundo en sus manos. ¿Puedo alentarse a que recuerdes a María y elijas lo que es mejor la próxima vez que te vuelvas crítico con otros, o especialmente intransigente contigo mismo?

Elegir mejor

Muchos de nosotros nos sentimos identificados con Marta porque somos una cultura perturbada. Esta es la generación que presenta el Trastorno por Déficit de Atención. Estamos siempre en movimiento, siempre tratando de lograr que las cosas se hagan. Nuestro teléfonos constantemente suenan para hacernos saber que tenemos un mensaje de texto que debemos responder o que hemos concertado una cita a la que vamos a llegar tarde.

Marta tiene a Jesús allí mismo, en su presencia, y ella está creando una situación sobre la que posiblemente sus nietos le preguntarán algún día: “¿Cómo ocurrió esto? ¡Jesús estuvo en tu casa! Debió hacer sido fantástico. ¿Qué dijo? ¿Cómo fue estar con él?”. Y ella tendrá que responder: “Bueno, a decir verdad, yo estaba intentando encontrar un juego de platos de porcelana que había pertenecido a nuestra familia por mucho tiempo. Tenía que dar con él para la cena que le brindaríamos a Jesús. Así que realmente no escuché lo que dijo. Solo pude pescar algunos pedacitos, algunas partes de la conversación mientras pasaba volando por la sala”.

¿Cuántas veces hemos estado tan desatentos y perturbados que nos perdimos uno de esos momento divinos? ¿Cuántas cosas anhela decirnos Dios, pero sigue escuchando nuestro contestador automático porque nosotros estamos demasiado ocupados como para levantar el teléfono? Eso es idolatría de un tipo peligroso, porque está atravesada por la virtud y los valores tradicionales. Trabaja duro. ¡No seas holgazán, María! ¿Quién va a lograr que se haga todo esto?

Me pregunto cuán importante habrá resultado para Marta todo aquello después de que su amigo fuera crucificado y luego resucitara y ascendiera al cielo. Me pregunto qué no hubiera dado ella solo por sentarse unos momentos a sus pies.

“María escogió lo mejor”.

Es una elección que podemos hacer cada día cuando decidimos que nuestra relación con Dios sea más importante que cualquier otro asunto de la agenda o de la lista de quehaceres. Trabajar duro y alcanzar metas constituyen una parte importante de una vida que glorifica a Dios. Pero esas cosas no son la vida. Ni siquiera son la regla por lo que medir el valor de la vida. Cuando entregamos nuestra alma a esas cosas, ellas se convierten en otro falso dios: todo un cúmulo de medallas al mérito fundidas para formar un becerro de oro. Recordemos que el pueblo había pedido “dioses que marchen al frente de nosotros” (Éxodo 32:1). Eso es lo que queremos que nuestros logros hagan, que nos allanen el camino mientras avanzamos por la vida.

Y cuando el grupo de Aarón esculpió el ídolo, dijeron: “Israel, ¡aquí tienes a tu dios que te sacó de Egipto!” (Éxodo 32:4). Parece algo loco. ¿Cómo pudieron ellos fabricar algo y luego atribuirle el crédito por el camino que y habían recorrido?

Pero esa es la ilusión que producen los logros. Comenzamos a creer en aquello que nosotros hemos hecho, pero aun más: aquellos que nosotros hemos hecho comienza a definir quiénes somos. Nosotros somos nuestro logros.

Si tú eres adicto a alcanzar logros, considera esto como un llamado a despertar. Detente a reflexionar, a pensar acerca de quién eres y quién serás cuando todos los logros terrenales se hayan secado y sean arrastrados por el viento. Considera las palabras de Jesús a Marta, y no elijas simplemente lo que es bueno, sino lo mejor.

Por KyleIdleman
Tomado del libro: Dioses en guerra
Editorial: Vida

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