Comprometidos a amarnos para siempre

No rompamos con el compromiso que tomamos ante el Señor

Por Karol Ladd

El compromiso es un tipo de adhesivo que mantiene unido el matrimonio. Muchas veces decimos que el amor es ese adhesivo; pero es nuestro compromiso con el otro y nuestra dedicación a nuestros votos matrimoniales lo que en realidad sella el pacto. El amor y el compromiso son similares en algunos aspectos, pero no son lo mismo. Cuando decimos que amamos a alguien, se asume el compromiso, pero cuando decimos que estamos comprometidos con alguien, el amor puede estar o no presente. Puede tenerse compromiso sin amor. Sin embargo, la mayoría del tiempo los dos van de la mano.

Quizá la mayor diferencia entre el amor y el compromiso es que el amor es una actitud del corazón y una decisión de la voluntad; el compromiso es un asunto de carácter. Cuando digo que voy a encontrarme con alguien en cierto lugar en un día particular, es un asunto de carácter guardar mi palabra. Es lo mismo cuando digo que voy a servir en el comité de la escuela de mis hijos o llevar a cabo una responsabilidad en el trabajo.

Un voto es un voto

Cuando hacemos un voto nos comprometemos; damos nuestra palabra de que vamos a hacer lo que decimos. En la mayoría de los votos matrimoniales, por ejemplo, juramos amar, honrar y cuidar “hasta que la muerte nos separe”. Pero las estadísticas muestran que muchas de nosotros no cumplimos con ello. En estos días la gente permanece casada hasta que “mis necesidades no sean satisfechas” o “dejemos de llevarnos bien”.

La forma fácil de salirse del compromiso es declarar “diferencias irreconciliables”. ¡Todas las parejas tienen diferencias! Lo que la gente debería decir es: “Parece ser que ya no podemos dejar de lado nuestras diferencias, así que nos rendimos”. Si fuéramos honestos las cortes tendrían que poner un sello en los juicios de divorcio que dijera: “Falta de compromiso”. Pero, por supuesto, “diferencias irreconciliables” parece mucho más agradable, porque no pone el carácter de nadie en tela de juicio. “Falta de compromiso” implica que no mantenemos nuestra palabra y eso no se ve bien.

¿Cuáles son las razones de la falta de compromiso en los matrimonios de hoy? Ciertamente uno de los factores es el incremento de la deshonestidad y la devaluación general de la integridad en la sociedad actual. Nuestra cultura se ha desviado bastante de honrar la verdad. ¿No es triste pensar en lo rápido que dejamos de valorar la verdad como una aptitud esencial del carácter y comenzamos a considerarla un “extra”?

Jesús estaba bastante consciente de la condición del corazón humano y los desafíos que enfrentamos cuando se requiere que cumplamos nuestros compromisos. En el Sermón del monte dijo: Se ha dicho: ‘El que repudia a su esposa debe darle un certificado de divorcio.’ Pero yo les digo que, excepto en caso de infidelidad conyugal, todo el que se divorcia de su esposa, la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la divorciada comete adulterio también.También han oído que se dijo a sus antepasados: ‘No faltes a tu juramento, sino cumple con tus promesas al Señor.’ Pero yo les digo: No juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer que ni uno solo de tus cabellos se vuelva blanco o negro. Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno”(Mateo 5:31-37).

¿Dirías que Jesús tenía ideas fuertes acerca del poder de un voto? Claramente, rescindir un voto no es un asunto ligero; especialmente un voto matrimonial. Retractarnos de nuestros votos matrimoniales es romper nuestra palabra en el sentido más amplio. No solo le expresamos nuestros votos a nuestro marido, sino que delante de Dios y de los hombres hicimos un compromiso público.

Hay ciertas palabras que nunca deberíamos añadir a nuestro léxico. Gracias a un vecinito problemático, Karen y yo descubrimos una de ellas a una corta edad. Cuando me comprometí con Curt, una mujer sumamente sabia y maravillosa me enseño otra. La única palabra que jamás debe pronunciarse en una relación matrimonial, me dijo, es la palabra don “d”: divorcio. Nunca debemos dejar que salga de nuestros labios.

¿Por qué? Porque decir la palabra divorcio es la llave que abre la válvula de escape en nuestro matrimonio. En el calor del momento, durante una acalorada discusión, es tentador decirla. ¡No lo hagas! Las palabras tienen una fuerza poderosa, y cuando dices la palabra con “d”, introduces un nuevo concepto por la ventana de tu matrimonio. Entre líneas aceptas que hay una manera de zafarse y comienzas a pensar en cómo llevarlo a cabo. Excepto en los casos de infidelidad o de maltrato, los votos matrimoniales deben de guardarse.

Que esta imagen esté guardada en tu mente: ¡no hay válvula de escape! Tu compromiso matrimonial es un voto de permanecer con tu marido en las buenas y en las malas. Entraste en un pacto y necesitas cumplirlo incluso cuando el camino se ponga difícil. Si ya permitiste que la palabra con “d” entrara en tu matrimonio, permíteme animarte: ¡deshazte de ella hoy mismo! Limpia tu relación y purifícala de esa palabra. Acuerda con tu cónyuge nunca volver a pronunciar la palabra con “d”.

¿Santa o feliz?

La devaluación de nuestra palabra definitivamente ha sido un factor destructivo en el matrimonio, pero es probable que solo dé cuenta de una fracción de la verdadera razón por la que tantos matrimonios de hoy terminan en un “divorcio innecesario”. Estoy convencida de que una razón con mayor influencia es la creencia errónea que dice: “Se supone que el matrimonio debe hacerme feliz, y si no soy feliz entonces debo de huir”. A esto yo le llamo mumpsimus matrimonial, quizá la mayor creencia errónea y la más difundida en el mundo de hoy. En su libro Matrimonio sagrado, Gary Thomas desafía esta idea con esta pregunta: “¿Y si Dios diseñó el matrimonio para hacernos santos, más que para hacernos felices?”. ¡Qué idea tan novedosa en el mundo de hoy!

La realidad es que no es fácil vivir con otra persona. Como cristianas somos llamadas a reconocer ese hecho y luego a perseverar en los tiempos difíciles, sea que nos sintamos felices o no. Nunca se nos promete que la vida será fácil. Sino al contrario, se nos advierte en las Escrituras que la vida no va a ser maravillosa todo el tiempo.

Los primeros cristianos sabían de qué se trataba la perseverancia. Pablo le escribió a Timoteo: “Comparte nuestros sufrimientos, como buen soldado de Cristo Jesús”(2 Timoteo 2:3). Los cristianos del primer siglo entendían el costo del compromiso. Muchos dieron su vida por causa de Cristo. ¡Y aquí estamos nosotras quejándonos: “Pero es tan insensible” o, “Es que no me entiende”, o: “Es que gasta demasiado dinero”.

Por favor, no me malinterpretes. Si la esposa está en una relación de maltrato o violencia, definitivamente debe alejarse de la situación y pedir ayuda. Pero por lo menos, el compromiso matrimonial debería darnos la motivación de soportar esas pequeñas manías o cualidades que no nos gustan o que no disfrutamos de nuestro marido. Debería darnos la perseverancia de resistir en los tiempos difíciles que son inevitables en cada matrimonio.

Como sugiere Gary, quizá el objetivo principal de Dios para nosotras no es que seamos felices solamente, sino hacernos más como Jesús. Y quizá la perseverancia en el matrimonio es una de las herramientas que Dios quiere usar para conformarnos a su imagen. Y quizá la verdadera felicidad y el gozo no provienen de perseguir nuestro propio placer o beneficio, sino de obedecer a Dios y de buscar primeramente su Reino.

¿Qué pasaría si miráramos las diferencias de nuestro marido y nuestras dificultades matrimoniales y dijéramos: “¿Qué será lo que Dios quiere que aprenda de esta relación? ¿Cómo quiere que madure en esta situación con el fin de hacerme más como Cristo?”. Qué pasaría si además dijéramos: “¿Cómo puedo ser una bendición para él en estas circunstancias?”. No sería maravilloso que comenzáramos a ver a nuestro marido con compasión y aliento en lugar de con disgusto y frustración? ¿No seríamos todos mucho más felices?

¿Sientes que simplemente no puedes pasar por alto las faltas más obvias de tu marido? Lleva esas faltas delante del padre. Pídele su ayuda a Dios para ver más allá de ellas y para madurar por su causa. Pídele que te muestre maneras amables, que no importunen a tu marido, de ser un complemento y ayudar a tu cónyuge. Sobre todas las cosas, ora para que los defectos de tu marido disminuyan, pero asegúrate de incluir una oración por tus propios defectos también.

Nunca te rindas

Soy una gran admiradora de Winston Churchill. Fue un líder increíble y un estadista inspirador que fortaleció y animó al pueblo inglés durante algunos de sus años más desafiantes. Churchill, quien también era un orador de gran profundidad es conocido por uno de sus mejores discursos, el cual también fue el más corto, pero cargado de un efecto poderoso. Esto es lo que dijo: “Nunca se rindan, nunca se rindan, nunca, nunca, nunca, nunca; en nada, grande o pequeño, importante o pasajero; nunca se rindan excepto a convicciones de honor y buen juicio”.

Algunas veces no es lo largo del mensaje lo que cuenta, sino el contenido. Para su público, el breve discurso de Churchill fue avivador e invaluable, y todavía tiene eco en nosotras en la actualidad. ¿Estás dispuesta a prestar oídos a su invitación? ¿Más allá de las debilidades de tu marido, de sus fracasos, de sus problemas y los tuyos, estás dispuesta a no rendirte nunca? ¿Estás dispuesta a vivir para la eternidad y no para el momento?

En 1 Corintios 13:8 Pablo proclama: “El amor nunca deja de ser”. Y continúa con una lista de cosas que van a desaparecer: la profecía, las lenguas y la ciencia. Pero dice que la fe, la esperanza y el amor van a permanecer; y, “El mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 13:13). ¿Sientes ganas de rendirte en tu matrimonio? ¡No lo hagas! Ten fe en que Dios puede ayudarte en tus dificultades actuales. Sostente de la esperanza de que Él puede resucitar incluso al matrimonio más muerto de todos. Sobre todo, permite que el amor redentor de Dios se derrame en ti y llene el vacío de tu corazón. Tú puedes decidir no rendirte nunca, nunca, nunca, nunca. El amor de Dios derramado en ti y a través de ti nunca dejará de ser.

Por Karol Ladd
Tomado del libro: El poder de una esposa positiva
Editorial: Casa Creación

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