Cómo tomar buenas decisiones

Este es un hábito que se aprende con la práctica

Por Hada María Morales

¿Es usted joven, adolescente o una señora de mediana edad, como yo? No importa. Según los expertos, todos los que habitamos el planeta Tierra tenemos que tomar unas dos mil quinientas decisiones cada día. Decisiones de todo tipo y de todo orden de importancia. No importa en qué momento de la vida nos encontremos, tenemos el deber con nosotras mismas y con los demás de aprender a tomar decisiones acertadas.

Nadie nace con un botoncito que se activa para darle la respuesta inmediata y “perfecta” a determinada situación. Tomar decisiones asertivas es un arte que se aprende. ¡Qué alivio! Bien dice un viejo adagio: “Si quieres llegar a viejo, oye consejos”.

Si bien es cierto que todos tenemos el poder de decidir qué hacer en determinada situación, no cae nada mal consultar con otros que van adelante en el camino, ya que seremos moralmente responsables por las decisiones que tomemos.

En primer lugar, no debemos actuar movidos solo por lo que vemos y reaccionar por emoción; es mejor que, como primer paso, respiremos profundo y nos detengamos a pensar. Unos minutos de “retraso” serán más beneficiosos que actuar a lo loco. Aprender a detenerse y pensar requiere cierta disciplina. Además, nos evita escoger opciones inadecuadas. Hay casos, mis amigas, en lo que ya ni llorar vale. Muchas de nuestras malas decisiones son producto de momentos en que nos hallamos bajo presión, nerviosos, cansados, apurados, enojados o porque no nos hemos detenido a buscar la información debida.

En la sociedad en que vivimos hay millones de señales para todo pero, a veces, cuando las señales de alerta y reflexión se encienden para que tomemos decisiones acertadas, simplemente las ignoramos. Antes de tomar X o Y decisión que pueda afectarle a usted, a su familia o su trabajo, debemos estar claros en cuanto a las metas. Además, debemos clasificarlas a corto, mediano y largo plazo, para trazarnos así un plan de acción.

No me canso de decir que la información es poder, es la base donde deben apoyarse las decisiones que tomamos. De ninguna manera podemos conformarnos con la información que ya tenemos, debemos buscar información adicional y verificarla. Muchas veces nos conformamos con aquel viejo dicho: “Me lo dijo Adela”, o “No recuerdo cómo fue, pero me parece que a quien lo hizo le fue bien”, y damos por hecho que todo será igual de efectivo con nosotras. Esa no es la manera en que una persona inteligente y madura lleva su vida, pues todo lo que decida tendrá repercusiones no solo en su existencia sino en la de los demás.

Otro aspecto importante es comprobar la honestidad de la persona que nos brinda la información. Y cuidado con los intereses personales de quien nos da los datos. También es importante considerar si los valores entran o no en conflicto con usted. Es imprescindible que cuando tenga varias opciones, las ponga sobre la mesa y las analice con calma. Consulte, hable con alguien a quien respete. Hay verdaderos amigos y mentores que son una pieza valiosa y no podemos restarles su valor.

Pídale a Dios discernimiento y espere en Él. Evite caer en trampas como estas: “Lo necesito”, “Lo que hago no afecta a nadie”, “Solo estoy haciendo lo que me gusta”, o: “¿Y qué? Si todo el mundo lo hace, ¿cuál es el problema?”. Las decisiones correctas y acertadas se basan en principios éticos, no pierda de vista nunca que lo que decida hoy será el preámbulo de la cosecha de mañana.

La mentira nunca es buena consejera y menos cuando se trata de tomar decisiones para alcanzar las metas que queremos. Le recuerdo que nada hay oculto bajo el sol. En el futuro, esa mentira sale a la luz y quedamos avergonzados ante los demás, como alpargatas.

Las personas exitosas piensan desde un punto de vista racional y optimista. Ese es el secreto de su éxito; son intuitivos, no toman decisiones con la cabeza caliente y no menosprecian la sabiduría de los demás.

No tome ninguna decisión sin antes poner sus planes, sueños, metas, su vida misma y la de los suyos, delante del Señor. Busque en la intimidad con Él la respuesta a sus necesidades y Él le enseñará la senda a seguir.

Le pido que lea, medite y atesore en su corazón el siguiente versículo bíblico: Señor, te suplico que escuches nuestra oración, pues somos tus siervos y nos complacemos en honrar tu nombre. Y te pido que a este siervo tuyo le concedas tener éxito y ganarse el favor del rey”(Nehemías 1:11). Hágalo vida en su vida.

Autor: Hada María Morales
Tomado del libro: A mamá le va de maravilla… y al hogar también
Editorial: Nelson

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