Aprender a manejar la crítica

Ser sabios a la hora de pararnos frente a los críticos

Por Warren D. Bullock

Un ministro amigo mío estaba invirtiendo profundamente tiempo, energía y visión para una importante renovación y ampliación del edificio de la iglesia. El momento clave para la presentación y la toma de decisiones llegó en la reunión anual. Después de presentar de manera clara y positiva la proposición, él dio tiempo para comentarios y preguntas. Una importante persona influyente tomó el micrófono para cuestionar la propuesta. Después de un áspero “dar y tomar”, el pastor perdió la calma y, adelante de la membresía, cortó a quien cuestionaba y dio por terminada la discusión. ¿Su problema? Estaba listo para enojarse, listo para hablar, y lento para escuchar.

La propuesta fue aceptada finalmente, pero el pastor no vio su cumplimiento. Unos meses después renunció. Aquel respetado influyente se fue de la iglesia. Fue un triste final para un escenario que no tuvo por qué producirse. Las palabras de enojo casi siempre dan mal fruto?

Proverbios ofrece estas dos afirmaciones que contrastan, y aparentemente son contradictorias, una tras otra: No respondas al necio según su necedad, o tú mismo pasarás por necio. Respóndele al necio como se merece, para que no se tenga por sabio”(Proverbios 26:4-5). Por lo tanto, ¿cómo hemos de interpretar esto? Hay un tiempo para hablar, y un tiempo para estar en silencio. Estos son principios bíblicos a aplicar cuando confrontamos a un crítico.

¿Quién es el crítico?

Nuestras respuestas a la crítica están condicionadas por quién las dijo.

Relación cercana o no: Cuanto más cerca es la relación, más dolorosa es la crítica. Por consiguiente, debemos tener cuidado respecto a reaccionar al dolor en vez de responder a los asuntos planteados por la crítica.

Cristiano o no: Cuando la crítica es entre cristianos, ambos entienden y juegan según las mismas reglas… o al menos deberían hacerlo. Las Escrituras proporcionan el manual para el modo en que los cristianos debieran tratarse unos a otros. Pero cuando la crítica es entre un no cristiano y otro cristiano, eso cambio las cosas porque el no cristiano juega según reglas diferentes.

En cualquiera de los dos casos, debemos seguir las Escrituras. No podemos arriesgarnos a hundirnos hasta el nivel del mundo en nuestros intentos por resolver diferencias entre nosotros mismos y personas que no son cristianas. Si ellos lanzan barro, no nos atrevamos a meternos en el barro con ellos, pues hacer eso reduciría cualquier influencia espiritual que pudiéramos tener sobre ellos. Puede que seamos tentados a pensar que un enfoque bíblico nos situará en desventaja, pero en realidad nos da una ventaja innegable. Al vencer el mal con el bien, siempre iremos por delante. Incluso si perdemos la batalla de la crítica, habremos ganados la guerra espiritual.

En autoridad o no: La crítica por parte de quienes están en autoridad sobre nosotros es bastante distinta a la crítica iniciada por quienes están bajo nuestra autoridad.

Si mi superior inmediato en el trabajo critica explícitamente mi rendimiento, será mejor que preste atención o pronto podría estar sin trabajo. Puedo defenderme al señalar aspectos positivos de mi trabajo que mi superior pasó por alto, pero esa defensa tiene que ser presentada con una actitud de sumisión. Montar una ofensiva a gran escala contra mi jefe sin duda resultará en mi contra.

Cuando un líder es criticado por un seguidor, los retos son más pegajosos. Por ejemplo, si un miembro del gabinete critica públicamente al presidente, es mejor que ese miembro redacte una carta de dimisión y la presente. Tales críticas implican deslealtad hacia el presidente, y él requiere un equipo unido.

Al buscar las causas de las críticas, el líder puede preguntarse: “¿Es rebelión? ¿Es deslealtad? ¿Es frustración? ¿Es algo personal? ¿Surge de la inseguridad?”. Si el motivo que está detrás de la crítica puede discernirse, entonces el líder sabrá cómo responder. Es necesario resolver este tipo de escenario entre el líder y el seguidor y, si es posible, hacerlo tras puertas cerradas.

Familia o no: Las relaciones familiares presentan una dinámica totalmente distinta sobre el asunto de la crítica. Los lazos entretejidos por mamás y papás, hermanos, tíos y tías, primos, abuelos y abuelas son fuertes, resistentes y protectores. Quisiera decir que las familias son indestructibles, pero el enojo, las palabras duras, incluso violencia, han desgarrado a muchas familias. Las personas pueden criticar a sus propias familias, ¡pero es mejor que usted no las critique! Incluso las familias disfuncionales pueden ser tremendamente leales cuando son atacadas desde el exterior.

¿A quién?

El apóstol Pablo se situó bajo ataque personal por parte de los supuestos “súper apóstoles” (2 Corintios 11:5; 12:22). Ellos pretendían minar su obra negando su ministerio apostólico. Pablo fue rápido para defenderse de esa acusación injusta. De hecho, gran parte de 2 Corintios se da en defensa a su apostolado. Las marcas distintivas de un apóstol, tales como señales, prodigios y milagros, se dieron constantemente entre ustedes”(2 Corintios 12:12). Al igual que Pablo, tenemos todo el derecho a defendernos, corregir lo dicho y refutar a nuestros críticos.

Es difícil separar la crítica de algo que hacemos de la crítica de quiénes somos. La mayoría de nosotros estamos tan enfrascados en nuestro trabajo y nuestros ministerios que cualquier crítica en esas arenas parece estar dirigida a nosotros personalmente; pero con frecuencia no es así. Necesitamos la sabiduría del Señor para discernir la diferencia.

Ataques a nuestra fe: La Escritura nos alienta: “…sigan luchando vigorosamente por la fe encomendada una vez por todas a los santos”(Judas 3). Esto es muy diferente a tratar la crítica personal. Sin embargo, el asalto a nuestra fe aumenta cada vez más.

Informes desde zonas de guerra en Medio Oriente nos hablan de la matanza general de cristianos porque ellos no niegan su fe. Incluso niños son decapitados por el Estados Islámico porque rehúsan negar a Jesús. El mundo no es digno de estos mártires (vea Hebreos 11:39).

Es ciertos aspectos, es más fácil responder a las críticas personales diarias que a esta tendencia social generalizada que denigra nuestra fe. Cada iglesia y cada individuo debe buscar la guía del Señor respecto a cómo contender por la fe. Nuestras oraciones intercesoras, nuestra firme integridad, nuestro testimonio coherente, nuestra evidente unidad: todo ello debe servir como una voz profética para esta generación.

Persona vs. Problema

En el libro de Hechos, pablo hace tres extensas defensas contra las falsas acusaciones que otros hacían contra él: uno, cuando fue acusado por los judíos en Jerusalén y arrestado; dos, en su juicio ante Félix; y tres, al presentar su caso a Festo, Agripa y Berenice.

En los últimos dos casos, él afirmó a la persona a la cual se dirigía. A Félix le dijo: “Sé que desde hace muchos años usted ha sido juez de esta nación; así que de buena gana presento mi defensa” (24:10). A Festo, Agripa y Berenice dijo: “Rey Agripa, para mí es un privilegio presentarme hoy ante usted para defenderme de las acusaciones de los judíos, sobre todo porque usted está bien informado de todas las tradiciones y controversias de los judíos. Por eso le ruego que me escuche con paciencia”(26:2-3).

Del ejemplo de Pablo podemos aprender que una respuesta envuelta en gracia al comienzo pone el fundamento para una defensa clara. Separa el problema de la persona con la que hablamos. Incluso las palabras correctivas son más aceptables para el oyente cuando van precedidas de palabras de aliento.

Sin embargo, aún así hay que confrontar el problema. Hacerlo con gracia disminuye la tensión que rodea al problema. He descubierto que hacer preguntas para aclarar el problema es útil en algunas situaciones. A continuación tenemos algunas preguntas para comenzar y comentarios que yo he utilizado:

  • Cuando esté inseguro de los motivos del crítico: ¿Por qué dice eso?
  • Cuando la crítica parece llegar a un mal momento: ¿Por qué saca a relucir eso ahora?
  • Cuando las emociones están a flor de piel: Lamento que se sienta de esa manera. ¿Cómo puedo ayudarlo?
  • Cuando el problema parece salir del campo: Ayúdeme a entender de dónde proviene.
  • Cuando el crítico dice que “todos” están descontentos o están de acuerdo con él: ¿Es esta una preocupación solamente de usted, o habla también por algún otro? En caso afirmativo, ¿de quién? Esto no puede resolverse sin saber con quién debería hablar yo además de usted.
  • Cuando es confrontado en público: Este no es un buen momento para hablar de esto. Me encantaría reunirme con usted en otro momento. ¿Cuándo sería conveniente para usted?
  • Cuando usted debe mantenerse al margen: Gracias por captar nuestra atención sobre eso.
  • Cuando el asunto es problema de la persona y no suyo: ¿Será capaz usted de dejar esto atrás?

Al final de una reunión cara a cara, siempre es útil concluir con oración. Debería ser una oración de bendición para el crítico y su familia. Ofrecer alabanza a Dios por esa persona le hace saber que usted no tiene animosidad alguna contra él o ella. No es poco común que un crítico se convierta en un amigo.

El liderazgo fuerte a menudo requiere que montemos una defensa robusta contra la crítica arraigada en la animosidad y la inseguridad. Al defendernos, debemos guardar nuestro corazón contra el enojo y las palabras que duelen. Puede que estemos en posiciones de liderazgo que nos permitirían derribar al crítico, pero también se requiere liderazgo moral. Debemos ser ejemplo de una respuesta piadosa a aquellos que nos siguen. El crítico puede que posea solamente un reseco núcleo de integridad. Nuestra respuesta llena de gracia revelará un nivel de integridad que solo es posible  por nuestra fuerte relación con nuestro Señor y Maestro.

 

Autor: Warren D. Bullock
Tomado del libro: Cuando las palabras duelen
Editorial: Salubris Resuorces

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