Ángeles buenos; ángeles malos

Saber discernir con denuedo las realidades espirituales

Por Erwin W. Lutzer

Hoy en día tenemos programas de televisión dedicados a presentar milagros, ángeles y espiritualidad de todo tipo. Por ejemplo, la fórmula básica del programa televisivo “Tocado por un ángel”, como lo enuncian sus productores, es: “El ángel se encuentra con el ser humano que le ha sido asignado en un momento crucial de su vida. El ángel (por el poder de Dios) realiza un milagro para ayudar a esa persona a llegar a un punto de decisión o revelación. En ese momento la persona, por su propia voluntad libre, realiza ciertas acciones que cambian el rumbo de su vida”.

Así, casi en todos los episodios una persona atribulada es ayudada. Quizá tenga lugar alguna sanidad física o se supere alguna barrera emocional. Algunas veces la persona necesitada enfrenta una crisis en su matrimonio o con sus hijos. En todo caso un ángel es usado por Dios para resolver la crisis, y esto demuestra que existe una dimensión espiritual en el mundo y que el Todopoderoso está siempre listo y dispuesto para enviar a sus ángeles a quienes menos lo merecen o lo esperan. Cada programa tiene un final feliz y cálido porque se ha resuelto una crisis más y la persona atribulada ha cambiado su vida y se ha encaminado en una dirección nueva.

¿Por qué me opongo a este guión tan inofensivo y positivo?

Estas historias están cargadas de una especie de teología cultural que refuerza las opiniones prevalecientes acerca del hombre y de Dios. Por medio de sus retratos agradables de personas necesitadas que son auxiliadas por los mensajeros celestiales, estas nociones lanzan una granada al corazón del Evangelio.

Estas historias acerca de ángeles dan por sentado que todas las personas son buenas por naturaleza y no pecadores que necesitan con desesperación la gracia salvadora de Dios. Esto refuerza el mito prevaleciente de que nuestro problema no es el pecado, sino que tan solo debemos sobreponernos a todo sentimiento de desconexión y reconocer la necesidad que tenemos de contar con la ayuda de Dios. Gracias a la providencia divina, un ángel siempre viene para ayudar en una crisis, y se recibe alivio al saber que por lo menos se ha podido establecer comunicación con la fuente de todo lo bueno.

Puesto que una visión errónea del hombre conduce a una visión errónea de Dios, no debería sorprendernos que la cultura moderna presente a Dios como si cualquier persona pudiera tener acceso a Él en cualquier condición y de cualquier forma. Como Caín, quien pensó que podía acercarse a Dios de cualquier forma creativa que se le antojara, la cultura popular enseña que cualquier ser humano que tenga el mínimo de buena voluntad puede tener comunicación con Dios sin necesidad de un mediador, sin un sacrificio y sin sangre expiatoria.

Tal vez alguien proteste: “Estos programas ni siquiera afirman ser cristianos, solo se limitan a presentar una fe genérica para demostrar que hay personas que creen en Dios y que los ángeles son seres reales, tal como lo afirma la Biblia”. En todo caso, no puede negarse que las suposiciones mencionadas en los dos párrafos anteriores refuerzan un estereotipo cultural destructivo.

¿Cómo debemos interpretar las historias acerca de los ángeles y los testimonio sobre la intervención de ángeles que ayudan a las personas?

No siempre podemos notar la diferencia entre ángeles buenos y malos. Los malos están dispuestos a hacer todas las concesiones posibles para engañar a los inadvertidos. Los ángeles de las tinieblas se convierten en ángeles de luz con gran facilidad para que las personas se confundan en cuento a su identidad real.

 

  1. Los ángeles malignos están dispuestos a pronunciar la doctrina evangélica sólida. Cristo estuvo en una sinagoga en Capernaúm y se encontró con un hombre que tenía un espíritu inmundo, el cual gritó: ¿Por qué te entrometes, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres tú: ¡el Santo de Dios!”(Marcos 1:24).
    Es más, los demonios confesaban que Cristo era el Hijo de Dios: “¿Por qué te entrometes, Jesús, Hijo del Dios Altísimo?”(Marcos 5:7). Estos demonios pudieron firmar una declaración oficial de fe para afirmar que Cristo era “el Santo de Dios” y el “Hijo del Dios Altísimo”.
    Por supuesto, los demonios no admiten esto con gusto ni de buena gana, pero al estar en presencia de Cristo y siempre que intentan engañar a las personas, confesarán la doctrina correcta. SI esperan que las palabras engañen a una de sus víctimas, serán incluso capaces de hacer aparición y decir: “Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor”(Deuteronomio 6:4).
  2. Los ángeles malignos, si les resulta posible, duplicarán los milagros de Cristo. Pablo advirtió que Satanás vendría con toda clase de milagros, señales y prodigios falsos”(2 Tesalonicenses 2:9). Los ángeles malos harán milagros beneficiosos mientras puedan y les convenga a largo plazo, porque su meta en última es alejar a las personas de la pureza del Evangelio.
    Cierto hombre que fue sanado de una enfermedad grave en una llamada “reunión de sanidad” descubrió que también había recibido alguna especie de “tinieblas diabólicas”, porque había quedado con la sensación persistente de tener una presencia maligna muy cerca de él. Tan pronto este hombre reprendía a Satanás, la tormentosa nube emocional y espiritual se desvanecía pero su enfermedad regresaba. No debería sorprendernos que ocurran sanidades en todas las religiones del mundo porque Satanás está dispuesto a dar algo que parece bueno a cambio de la lealtad ciega de sus víctimas.
  3. Los ángeles malignos tienen todos los poderes esenciales de los ángeles buenos. Según lo que sabemos, los ángeles malos pueden llevar a cabo muchos encargos para Satanás que son similares a las realizadas por los ángeles de Dios. Recuerde que su meta no es crear en el planeta tierra el máximo nivel de miseria posible, sino más hacernos sentir a gusto para no preocuparnos por lo que tiene en mente. Su objetivo principal es propagar doctrinas falsas que refuercen nociones culturales acerca de Dios ajenas a las Escrituras. Quiere que las personas crean en un Dios benévolo que suministra ayuda indiscriminada a todos. Es ingenuo decir, como algunos, que los milagros confirmados deben ser la obra de ángeles buenos porque los efectos son buenos y beneficiosos. Debemos decir con denuedo que los milagros “buenos” pueden ser hechos por ángeles “malos”.

 

Autor: Erwin W. Lutzer
Tomado del libro: ¿Quién eres tú para juzgar
Editorial: Portavoz

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